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5 de octubre de 2008

Sacando barriga

“España arrasa en Europa”. Este era el fastuoso titular con el que abrían el otro día las noticias nacionales en un canal de televisión. El motivo es que los equipos españoles que participan en la liga europea de campeones, habían ganado todos sus respectivos partidos, siendo el único país que había logrado tal “prodigio y heroicidad” con sus representantes.

No se vayan a equivocar, a mi me gusta el fútbol. Más jugarlo que verlo ciertamente, aunque un buen partido es un entretenimiento que no hay porque despreciar en absoluto. Ahora bien, dejando a un lado que jugaban clubes convertidos en empresas S.A. y no selecciones nacionales, llama la atención que los noticiarios tengan la frivolidad de hacer ese alarde de no se muy bien que, cuando España sistemáticamente ocupa los peores puestos -o el primero según sea el enfoque- en las estadísticas europeas comparativas sobre las cosas verdaderamente importantes. Asuntos del estilo a que España es de los países de la unión con más casos de obesidad infantil, muertes por violencia machista, corrupción en su funcionamiento o de los que menos invierte en investigación, tecnología, educación y así un largo etc hasta abochornar.

Que quieren que les diga. Da entre risa y sonrojo todo lo que implica ese absurdo manifiesto de “España arrasa en Europa”.

4 de agosto de 2007

Por la profesora de gimnasia de Gisela Pulido.

Resulta que la niña (Gisela Pulido) tiene 13 años y es cuádruple campeona del mundo de una de esas nuevas disciplinas deportivas –Kite Surf- La acabo de ver en el telediario, dándoselas de cierta importancia y diciendo con sus gafotas Nike ante la cámara “que ya se ha hecho respetar en el circuito mundial”. Claro, para que no quede ninguna duda de lo normalizado de su vida, en el informativo les ha faltado tiempo para decir que combina la competición con sus estudios. Además sin bajar de notable, excepto curiosamente según sus palabras (y aquí viene lo mejor) en educación física que “la pusieron” solo un bien.

La niña en cuestión (con el apoyo del realizador o realizadora) se ha encargado de mandar por televisión un mensaje irónico a su profesora de tal área, dedicándola un saludo repletito de inquina y reivindicando su estatus deportivo. Pero no conformes con tal recital de apoyo al profesorado y el sistema escolar, las dos presentadoras del informativo de fin de semana de TVE 1, una de ellas supuestamente experta en deporte, al terminar el vídeo de la niñita han coincidido con sonrisas que vaya con la profesora de educación física; “que tendría que ir poniéndose las pilas…” La profesora, por supuesto.

Y yo me hago preguntas de esas mías: ¿Acaso ser muy bueno sumando significa que dominas las matemáticas? ¿O tal vez conjugar bien algunos verbos es clara muestra de que el lenguaje para ti no tiene secretos? Bueno, pues algo así es de lo que nos informan nuestras grandes periodistas en este caso, además de obviar los criterios que llevarían a la profe en cuestión a decidir esa nota: Capacidad de esfuerzo, progresión a lo largo del año, rendimiento en diferentes ejercicios, actitud en clase, etc. ¿O es que todo esto no tiene importancia por ser campeona del mundo?

26 de junio de 2007

La nostalgia de los recuerdos

Andaba haciendo algo así como marcha por un pinar cercano, cuando recordé que estaba cerca de uno de esos lugares con valor sentimental que todos tenemos. Nada especialmente relevante; simplemente un amago de campo de fútbol improvisado en medio del pinar –con sus pinos literalmente entrecruzados- donde empecé a relacionarme con alguna gente, al poco de aterrizar por la ciudad en la que ahora resido y cuando yo era un adolescente bastante despistado.

Aquella gente, la que se juntaba “religiosamente” cada domingo a las nueve de la mañana en pantalón corto, lloviera, nevara o cayese una helada de mil demonios, era gente de otra época. Humilde, aguerrida; buscadores de un destino que no les sonreía fácilmente. Y allí en medio de aquel pinar, decidieron muchos años atrás que podían poner un par de travesaño entre cuatro pinos y hacer de ese lugar, su referencia para un grupo de infatigables currantes, algún sesentón con ilusión y unos pocos chavales hijos o primos de unos u otros. Todo en un ambiente sanote, sencillo. Con unas botas de fútbol desvencijadas, camisetas desgastadas y las ganas de pasar una mañana en compañía haciendo deporte al aire libre.

Quise volver a ver aquel lugar que no visitaba desde hace bastantes años, pero por allí habían hecho algún tipo de remodelación o “plan de mejora”: Un merendero con pinta de usarse para poco más que botellón y como consecuencia salpicado de basura. Había cambiado algo, pero tampoco tanto porque los pinos seguían ahí; verdadera identidad del lugar. Y allí me veis intentando orientarme y descubrir en la extensa maleza crecida, cual era aquel nostálgico campo de juego ya sin ese aspecto. Aparecieron entre todos, dos pinos que parecían recordarme por su situación y forma, una de aquellas improvisadas porterías. Cuando tras un tiempo de minuciosa observación, descubrí un gran clavo oxidado y camuflado a la altura del larguero ya inexistente, una sonrisa interior y melancólica me hizo pensar que nadie se podría nunca imaginar, todo lo que encerraba esa discreta punta corroída.