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4 de abril de 2013

Un día laborando

Antes de solicitar el correo a aquella chica italiana para poder incorporarlo a su perfil -no vayan a pensar-, un hombre marroquí me preguntaba atropelladamente sobre unos molestos papeles a rellenar, para pocos minutos después, entre el tumulto de un voluntario paseo por la Castellana, aquel grupo de indios reclamara mi atención en su antigua lengua colonial, inquietos por confirmar la dirección a la que equivocadamente andaban. Luego, la fina pero incómoda lluvia se disipó bajo el laberinto siempre sórdido de pasillos subterraneos, cuando mi mirada complacida se cruzó con la intención y escondido talento de un joven senegales, apurado en su gesto, que compartía con nobleza e ingenuidad sus solitarios cantos. Y llegué así al rincón acristalado donde me esperaba el grato dialogo de una amistad que perdura, mientras saboreé una caña servida por las manos de una resuelta mujer eslava... No fue difícil, convendrán, entender al yonqui nativo que me abordó al salir, cuando desde una de las esquinas próximas, y con el ralentí de quien va calmadamente 'puesto', me dijo antes de aventurarse a pedirme nada aquello de "oye, mira, ¿tú hablas español?"...
Imagen: Drubens
El tren de regreso trajo a mi el cansancio de estos cortos pero de alguna forma largos viajes, el regusto de otras vivencias; sus sensaciones, al tiempo que  la melodía “De amor y casualidad” en boca de Jorge Drexler, haciendo que conscientemente cerrase los ojos; queriendo ignorar las infinitas pequeñas pantallas que, por momentos, parecían abducir a todo aquel que me rodeaba desde su mundo virtual.

26 de diciembre de 2012

Inspiración al límbico

El sol entraba brillante y embustero por unas ventanas con complejo de no ser en realidad transparentes, mientras una mirada perezosa descubrió el tedio frecuente de cuatro días a la semana; apenas unos minutos, y el sosiego volvería al plan azaroso de aquella rutina por lo general acechante. Era en aquel breve rato, donde de forma especialmente intensa se tornaba tan suculenta la desconexión. La escena cotidiana, empujaba esta vez a aplacar de inmediato la insolente y abundante luz, sin apenas procurar esfuerzo en un movimiento que pudiera disuadir ese placer del mediodía.

Con la memoria de quien compone a su antojo el espacio, el brazo encontró en su ascensión aquella escueta manta gris de pespunte naranja. Su todavía uso inconcreto, fue a reposar precipitada pero cómodamente sobre un rostro avocado a la desnuda inconsciencia. Y casi de inmediato, estremeciendo súbitamente, su aroma comenzó a desbordar un torrente de cálidas evocaciones; una locura jugosamente acariciada de sentidos, en la que desear permanecer envuelto...

20 de noviembre de 2012

¿Cómo está usted?

Autor: Sekshun9
Inspirados en tu gesto de cómico,
tal vez la magia inunde la mía.
Tardes de pan y chocolate,
estela en diminuto proseguida.
Y gritar una, dos y tres veces,
mantra de felicidad insistida.
Veo ropajes de color rojo,
bromas, muecas, y aroma de risa.
Nuestra infancia te pertenece en parte.
Su candidez impregna hoy la mía.
Hasta siempre a usted; bondad recreada.
Lugar amable de las personas sencillas.

26 de julio de 2012

Lucas

Los viajes guardan siempre sorpresas variadas, y Eslovenia tenía preparadas unas cuantas de colores diversos. Lucas, en las últimas horas del vuelo de regreso, fue una de las que me provocan en ocasiones este martilleo arrítmico de las teclas con los dedos.

Imagen: MiRt@
Hay algo de conocido en la parafernalia previa a tomar un avión, cuando los números pasan al olvido de cuantos se fueron tomando. Y sin embargo esta vez en Zurich, la aproximación atascada hacia el asiento asignado, sorprendió de inicio al descubrir a ese diminuto ser rubio mirando abstraído por el ventanuco. Durante los primeros minutos, las conjeturas iban desde que sus familiares andarían en las filas cercanas, al asombro de que nadie se diera la vuelta para mirarle o decirle algo. Él mientras tanto, permanecía absorto en su observación con un silencio introvertido. “Lucas viaja solo” nos dijo una de las sonrientes azafatas poco antes de despegar, por si en un momento pudiera necesitar algo a sus cinco años. Y la expectación creció al mismo tiempo que la ternura ya despertada hacía rato.

En la maniobra de despegue, se le oía canturrear como quien se tranquiliza a sí mismo, por lo que poco a poco, y con la precaución de no agobiarle, fuimos preguntándole alguna cosilla que le hiciera sentirse acompañado, regalándonos progresivamente la confianza que los niños suelen otorgar con rapidez, a quienes entran en su mundo con naturalidad y respeto. Con su especial forma de hablar, comenzó a contarnos sus cosas; la sonrisa de satisfacción al decir que llevaba la maleta de su mama, que quien le esperaba en el aeropuerto eran sus abuelos para irse al mar levantino, que no era la primera vez que volaba aunque si solo porque ya podía hacerlo... Lucas hablaba con el personal de vuelo en alemán y con nosotros en español, pero lo más sorprendente era verle gestionar sus tiempos y sus cosas de manera discreta y concienzuda. Ahora repaso el papel de seguridad en el avión, ahora elijo el bocadillo que me gusta, ahora leo un poco este cuento, ahora necesito ir al servicio… Y claro, como cualquiera que le gusta compartir su viaje, nos avisaba con entusiasmo para ver los paisajes, hablaba del sentimiento de "poquito miedo" que le daban los meneos y sensaciones del aterrizaje, o nos informaba de las precauciones a tomar en caso de tener que usar el chaleco salvavidas.

Imagen: Fausto II
Creo que ya nos tenía conquistados a muchos de su alrededor, mucho antes de que de manera autosuficiente se prepararse para salir del avión. Era chocante verle buscar el cinto de seguridad primero, y la mochila con sus cosas después, para tras un coscorrón para alcanzar la chaquetilla del suelo, darse cuenta del simpático lío: "¡anda! pero si tengo la mochila puesta y se queda debajo de la cazadora, así no es...” Finalmente resuelto el entuerto, se colgó los prismáticos como el explorador que ya apunta ser, para esperar pacientemente todo el proceso de aterrizaje. Y así nos quedamos un ratito con él para que no se sintiera solo, hasta que todo el pasaje abandono ese vuelo que no fue como otros, y la responsable estuviera lista para acompañar a quien ya siempre permanecerá en nuestro recuerdo.

En la cinta del equipaje, mientras esperaba en primera fila el tesoro que era para él la maleta de su madre, y les contaba a sus yayos que con nosotros había hablado mucho, se despidió con esa sonrisilla que te enciende sentimientos tan hermosos.

22 de marzo de 2012

Habana blues y los reencuentros en la 2

Me encandilé otra vez con ese algo, divertido y sensual, brotado hasta por el último poro de la piel de muchos de los nacidos en aquella isla.

Pensé nuevamente en el torrente de ingenio, asqueo, belleza y talento por igual de tantos de sus pobladores, proyectados dulcemente en esos personajes que consiguen atraparme.


Bailé y me emocioné con una banda sonora que, por momentos, es capaz también ahora de atravesarme un nudo en la garganta.

Lloré viendo la escena de una huida de lo querido y asfixiante en la misma intensidad, pasado algún tiempo desde que turbara mis sentimientos aquella primera vez.

Y me recreé con una Habana mucho más reconocible, cercana y entendible ahora que entonces, para quien suscribe estos agolpados y escasos renglones.

17 de diciembre de 2011

Gratitud

A veces ocurre. El tiempo hace re-colocar algunas sensaciones y sentimientos; otras no. Ayer pude recoger un buen puñado de cariño en las vertientes más diversas de sus depositarios; voluntarios, antiguos compañeros y compañeras, familiares ajenos, algunas personas a las que siento como amigos de los que uno apenas ve, y por supuesto aquellos con los derroché energía y ganas de ayudar como terapeuta, para que sus vidas caminaran de otra forma.

ABRAZO-1-BIS

Imagen: CICLOPE3

Abrazos alejados del compromiso, sonrisas sinceras, apretones de manos, caras de sorpresa agradable, y un gran número de gestos que devolvían lo sembrado durante aquellos años tan intensos, ya grabados para siempre en mi. Aparecieron recuerdos torpemente colocados en la memoria, las ganas de compartir más de forma confusa, y la certeza tranquilizadora de que las cosas, muy posiblemente, se hicieron relativamente bien.

De entre todos él. Con aspecto del Aute más seductor, apareció con su pareja en uno de tantos giros entre el gentío. Fueron muchas las horas de esfuerzo, desconcierto, de análisis y de tratar de descifrar juntos los misterios que nos hace ser quienes somos en nuestros errores. “Me acuerdo mucho de ti y de lo que hablamos” me dijo, mientras sentía su achuchón emocionado, en el retroceso fugaz a las vicisitudes y desesperaciones compartidas. El verle bien y sentirme parte de eso, es algo difícil de explicar; es ese agradecimiento mutuo.

15 de agosto de 2011

Parafraseando al maestro.

Compañeros del mundo,
tomando en cuenta los últimos sucesos
en la poesía, quisiera preguntar;
me urge.
¿Qué tipo de actitud debo procurar para ser,
alguien que ama la vida sin pensar en sentimental?
lejos de la derrota,
y eminente panfleto.
¿Cómo hago si el alma
no sabe,
no siente,
desenamorarse de ti?

Canción original de Silvio Rodríguez



25 de julio de 2011

La Habana y aquellas primeras sensaciones.

Cuando aterrizas atardeciendo en el aeropuerto José Martí, uno presupone, por lo que ha leído antes, que llegará de noche a la Habana. Por lo general, mujeres vestidas de militar, son quienes tramitan el fatigoso proceso fronterizo; esto es, foto digital y sellado de visado en un rudimentario cubículo para abrirte una inquietante puertezuela mecanizada, médicos que firman papelillos con alguna insospechada conformidad, y finalmente el proceso aduanero que, de facto, es muy diferente si eres o no cubano. Increíblemente, nadie se percató de las dos grandes bolsas llenas de medicamentos que decidí transportar allí como ayuda, las cuales tuve que sacar in extremis de la maleta retractilada, para no meterme en problemas con sus normas, según se nos informó ya en el vuelo para mis nervios. Entre espera y espera de largas colas, me preguntaba por esa curiosa estética uniformada de aquellas féminas (que no parecían estar ahí por casualidad) luciendo de igual forma galones, minifalda verde militar y medias de extravagantes dibujos en sus piernas.

De entrada en la ciudad, una inquietante y extensa penumbra acompaña las calles de la gran capital. Entre edificios coloniales desvencijados y otros torreones de arquitectura sovietica, el espacio aparece por lo general bastante vacío, y una lúgubre sensación lo invade casi todo. Tras la llegada al hotel del que luego conocí su pasado mafioso, y el resoplido en la habitación que contenía las muchas horas de viaje acumuladas, la curiosidad me hizo bajar al filo de la media noche, para tomar un primer contacto en medio de la Habana Vieja.

Reconozco que mis primeros pasos fueron titubeantes y con algo de recelo en el cuerpo. Esa oscuridad descrita y el desconocido contexto que me rodeaba, hizo que los prejuicios asaltasen en mi cabeza. Así que llegó el momento de decir, bueno, esto va a ser así, por lo que simplemente dejate llevar y no te “acojones” de inicio. Entre varios “¿taxi señor? No gracias” me adentré en el Paseo de Prado, para ser agasajado con las primeras de las mil sonrisas que las hermosas, y demasiado jóvenes jineteras, me dedicarían a lo largo de los días en mi transitar por aquellas calles en solitario. Junto a ellas, el abordaje frecuente de dicharacheros y treintañeros mulatos, con su lamigoso comienzo de “Hello my friend; where do you come from?” -es gracioso que nunca me ubican bien en los diferentes países- Como sin darme cuenta, entre miradas entrecortadas y “soy español, solo quiero dar un paseo” mis primeros pasos me llevaron directamente al famoso Malecón. Salidas de no se sabe donde, un sin fin de personas se asientan en su largo muro; familias, grupos, adolescentes, enamorados... Es un ambiente tranquilo, humano, aunque para mi desconcertante. De igual manera y como un murmullo del oleaje, seguían chistándome desde el costado entre cómplices guiños y sigilosos “hola guapo” con acento caribeño. En ese escenario, todo tipo de estímulos viajaban por mi curiosidad observadora.

Así, las primeras horas finalizaron con un largo paseo a lo largo del viejo rompeolas, en compañía de un cubano ya maduro y con, entre otras cosas, ganas de conversación, que se disgustó por no querer irme a tomar unos rones con él, al cabo de casi una hora de charla caminada. El cansancio y mi desconfianza a su permanente “me entiendes”, hizo que declinase a adentrarme con su sonrisa entre las callejuelas anexas. Me acosté asumiendo que todo el que se acercase iba, de una u otra manera, a pedirme algo, que se iban a acercar continuamente ese y no otro tipo de autóctonos, y qué, así es, casi todo el mundo acabaría o empezaría por ofrecerme sexo con mujeres a cambio de dinero.

24 de julio de 2011

La Habana, Cuba.

A medida que viajas, los sitios que visitas dejan de ser lugares abstractos y a veces artificialmente adornados que figuran en tu cabeza. Pese a que unos días nunca te permite conocer más que una pequeña parte, la actitud y unos ojos bien abiertos, junto a unas piernas que quieran andar camino, dejan mucho rastro de lo que son y lo que ocurre en ellos.

La Habana fundamentalmente me ha dejado sensaciones confusas y en su mayoría feas. Tal vez tendría que intentar contar algo de lo allí percibido. Lo intentaremos.

8 de julio de 2011

El bucle de la música

Hay una clase de música que me gusta desde hace muchos años. La fui descubriendo en el tristemente desaparecido programa de radio Diálogos 3 (del cual sus oyentes mantienen cierto espíritu) y gracias a Internet es posible encontrar algunas de las maravillas de los desconocidos autores que allí uno descubría.


Cuando ahora escucho algunas de estas melodías, tan pronto las sigo disfrutando intensamente, como me invade un profundo estado de melancolía. La felicidad y el bienestar -seguramente nunca bien transmitido- que acompañó a esa “banda sonora” me desconcierta, generando ahora tanto bienestar como tristeza.

11 de julio de 2010

Mundial de fútbol 2010

Decían en alguna de las muchas cuñas publicitarias aparecidas durante las últimas semanas, algo así como que en relación al gran evento deportivo “eligiésemos bien con quien íbamos a verlo, porque no lo olvidaríamos nunca”...

Todo va por el camino que cualquier aficionado español y holandés soñaba, incluso para ese otro buen número de personas que eso del fútbol nunca les atrajo, pero que andan divirtiéndose estos días a un paso de la gran victoria. Es aquello que sabía Mandela de que el deporte puede unir de forma extraordinaria a las diversidades de un país.

Yo sin embargo no he podido estar junto a quien hubiese deseado; mi amiga, mi compañera, mi gran amor.

13 de junio de 2010

MI VIDA SIN TI

Mi vida sin ti es un mundo con menos sonrisas y más tristeza,
sin la calidez de tu presencia y el abrazo de tu hermoso cuerpo,
la nostalgia de unos besos espachurrados y dulces.


Mi vida sin ti es una paleta con menos colores,
un dibujo que ha perdido infinidad de matices,
un esbozo de tonos pastel apagado.


Mi vida sin ti es un móvil siempre encendido,
y un desconocido silencio de siempre callado,
un dolor profundo, torpe y ahogado.


Mi vida sin ti es un vuelco al corazón con cada coche verde,
en cada pareja dentro de una furgoneta,
un sueño desvanecido entre maldecidos errores.


Mi vida sin ti es una mano que no encuentra tu cabecito,
un sofá sin pies con vida propia,
una siesta en la que no hay nadie al otro lado del brazo.


Mi vida sin ti son más horas de silencio al día,
paseos en los que no disfruto con sombras de la mano,
una música que al sonar provocan lágrimas.


Mi vida sin ti no contemplará tu belleza en bici,
no escuchará tus canciones desde la puerta del baño,
no se sorprenderá con el baile improvisado en un espejo.


Mi vida sin ti es una comida sin copas ni vino,
cajas de infusión sin yogur de pera,
un frigorífico en el que no encuentro puerros cortados.


Mi vida sin ti no sabe a arroz con leche por las noches,
no huele a laca y café por las mañanas,
no siente la humedad tierna de tus manos.


Mi vida sin ti no comenta las noticias del día,
no analiza las actitudes propias y ajenas,
no mirará por miedo a unos supervivientes impostores.


Mi vida sin ti no tiene películas de videoclub con palomitas,
una Mahou a medias sin vaso,
el próximo viaje proyectado a la vista.


Mi vida sin ti está rodeada de objetos y sus historias,
una puerta de la que ya no cuelgan abalorios ni telas,
obras de artista salidas de tus manos.


Mi vida sin ti es un lado frío y vacío de la cama,
una soledad que te ve en todas partes,
una pasión encerrada pero que nunca se fue.


Mi vida sin ti será lo que yo intente que sea,
no puedo volver atrás porque la vida me empuja, es cierto,
pero quiero pensar en ti como ahora pienso.

7 de junio de 2009

Esa rabia con miedo

Estaba en 7º u 8º de la antigua Educación Básica y harto de que el grupo de chulitos congéneres se metieran conmigo. Supongo que era esa mezcla atípica de funcionar bien en clase, caerle en general bien a los demás y tener éxito con las chicas; no ser el clásico empollón gafotas, vamos. La cosa es que un buen día en la hora del recreo, me canse de sus intimidaciones, risas y amenazas, así que le dije a un compañero que me sujetase el bocadillo, me gire al que había sido mi amigo unos años atrás y le espeté aquello de “¿tú de que vas…?” Cuando rodeado de los suyos empezó la cantinela de burlas y recibí el primer empujón, una sensación difícil de explicar hizo que le volara literalmente por los aires, para después inmovilizarle con algo de lo que había aprendido ese año con el judo. Recuerdo el corrillo de medio colegio jaleando mientras le tenia allí acogotado y la extrañeza de los profes que vinieron al rescate respecto de quien era “el agresor”… Primera y última vez que me he pegado hasta la fecha, y por si alguien se lo está preguntando, a partir de ese momento el grupo de pequeños mafiosos nunca volvió a "tocarme las narices"…

Cuando el otro día por Segovia presencie aquella escena, la cabeza ciertamente me jugo una mala pasada. Tres adolescentes, tan macarras como gilipollas ellos, se les veía con ganas de fastidiar al personal, así que al primer comentario del niño que pasaba por allí con unos años menos, decidieron hacerle pasar el mal rato. Viéndolo me atrapó esa atenazadora mezcla de ira y miedo, intentando de forma confusa buscar al poli que nunca está para asustar a los cretinos. Mi cobardía o sensatez, vete a saber, hizo que el pobre chico tuviera que aguantar las mamarrachadas durante un buen rato, hasta que la excursión a la que pertenecía decidió que se movía de sitio… Y yo me quedé un buen rato tratando de serenar unas ganas locas de partirles la cara a esos tres y digerir al tiempo un miedo que no me gustaba reconocer ni sentir.

18 de diciembre de 2008

Algunos orígenes

Es gratificante darse cuenta un buen día, que algunas de las cosas que te gustan, te producen bienestar o te atraen irremediablemente, tienen un modelo; una fuente de inspiración que aunque estaba ahí, a ti se te había pasado por alto o lo habías olvidado.

Al que suscribe le ocurre, de entre otras muchas cosas, con una serie televisiva: Doctor en Alaska. La descubrí hace ya algunos años en la “República Independiente de mi Cuarto” cuando vivía en la casa de mis padres; un cubículo de 2x2 metros cuadrados que sorprendía por su contenido a todo el que allí entraba. Entre lo mucho que increíblemente ese cuarto contenía, una balda esquinera sostenía un viejo televisor en blanco y negro. En ese rincón y de madrugada, es desde donde aparecían aquellas curiosas historias con sus peculiares personajes, en las que yo quedaba irremediablemente atrapado.

Recientemente he podido comprar las primeras temporadas de la serie. Viéndolas de nuevo, me he dado cuenta de muchas cosas; los paisajes, las conversaciones, el carácter de sus personajes… Hay un sin fin de guiños a las cosas que me interesan y producen atracción de forma inmediata. Y no, no soy tan incauto de pensar que la principal fuente de influencia hayan sido esos capítulos, siendo al mismo tiempo consciente de que algo ocurría en aquellos momentos. Pasada la media noche, mientras que un adolescente confundido veía y escuchaba atentamente esa ficción, se iba configurando en su cabecita una forma de analizar y vivir el mundo real, lleno de matices tan complejos como interesantes.

6 de diciembre de 2008

Sensación extraña

Hace unos días creí ver a alguien esperando la muerte. No estaba en un hospital, ni aquejada por ninguna grave enfermedad. La anciana, vestida de riguroso luto y con pañuelo sobre su cabeza, permanecía discreta e inmóvil sobre el chaflán de sofisticados escaparates, al tiempo que sus curtidas manos se apoyaban en un bastón. Esa tarde gris hacía un gélido viento polar, y mientras todos apresurábamos el paso en búsqueda de resguardo próximo, ella seguía impertérrita y ausente desde aquella solitaria esquina. Su rostro triste y ajado, parecía no encontrar aliciente ni sentido a su alrededor, en un mundo alejado del que fuera el suyo. Y así, con la mirada perdida y un pensamiento incierto, me dio la impresión de que esperaba resignada su momento en silencio.

4 de mayo de 2008

Las personas que se quedan

Hay gente que por uno u otro motivo decimos que va “perdiéndose” por el camino… También la hay que decide establecerse en un determinado lugar durante una larga temporada… y sin embargo no, no están ninguna de esas situaciones y sus protagonistas ahora en mi cabeza, aunque pudiera pensarse lo contrario. Lo que en realidad mascullo mientras tecleo, lo que en ocasiones llega a obsesionarme, son esos otros seres que habitan dentro de cada uno de nosotros. Un numero inconcreto de personas que por alguna razón, a veces enigmática y otras bien conocida, se quedan alojadas en nuestro recuerdo a lo largo del tiempo; a veces ya para siempre.

Yo tengo un buen número de estas personas en mi mente. Quizá porque el trabajo y mis vivencias llevan años brindándome la oportunidad de conocer a personas muy diversas, o tal vez por esa curiosidad mía de observar tantas y tantas cosas… La cuestión es que a algunas de esas personas las conozco en profundidad, otras están de algún modo en proceso de que estrechemos lazos, mientras que apenas sé nada de un buen numero de ellas. Y es curioso porque las que más me suelen impresionar, aquellas que me dejan con un “pellizco extraño en el adentro”, suelen cruzarse en mi camino fugazmente. Muchas de las veces por lo que unos llamamos casualidad y otros destino. Una mirada, una sonrisa, el intercambio de unas pocas palabras o un comportamiento apenas perceptible. Algo pasa y se queda ahí grabado el niño, la anciana o el adulto, a la espera de que un momento fortuito me permita rememorarla, sin llegar a comprender bien lo que en ese momento sucede.

Va desde aquí mi recuerdo, por todo lo que esa gente me va aportando a menudo sin saberlo… y que es mucho.

12 de marzo de 2008

Menuda historieta

Que mal trago, de verdad, aunque la cosa terminará con sonrisa. Como dice Reverte en algunos de sus artículos háganse cargo. Volvíamos de una plácida velada rural, con música folk en directo y agradable conversación un tanto introspectiva, cuando a altas horas de la gélida noche aparece en mitad del asfalto algo que se parecía a un corderillo. Y digo se parecía, porque mientras daba el volantazo para no atropellarlo no entendía bien que había visto. Unos metros después frenazo en la oscura cuneta, luces de emergencia, frontal en la cabeza y pasos nerviosos en dirección a lo que se movía. Increíblemente eso era; un desvalido borreguín sentado en la línea discontinua y ajeno a todos los peligros que le rodeaban. Parecía que estaba parido pocas horas antes por su aspecto sucio y la lana medio pegada al cuerpo, al tiempo que supuse que estaba sentado ahí porque el alquitrán le transmitía algo de calor en medio de la helada.

Como en cuanto me acerqué se puso a balar de manera desgarradora, era imposible no hacer nada, aunque lo complicado fue decidir qué. En principio iba con la simple idea de llevarlo al prado lindante con la carretera, pero al instante me di cuenta de que con la que caía, volvería por si mismo a la trampa de calor que era la calzada. Como no sabía que hacer, lo cogí con cuidado para meterlo en los asientos traseros del coche, y mientras caminaba con él tembloroso entre los brazos, pensé que lo mismo estaba herido, atropellado… Mi aturullamiento iba creciendo. Sin ninguna idea muy clara, volvimos para el pueblo desierto a esas horas de la madrugada, mientras el pobre bicho a trompicones balaba una y otra vez a nuestra espalda; daba una penilla tan pequeñín y asustado...

Ya en mitad de la aldea, vimos una zona con columpios cercada para los “peques”. Pensamos que ahí no estaría tan en peligro hasta que a la mañana siguiente lo viese alguien pero claro, fue ponerlo allí con el frío que pelaba, viéndole andar torpemente emitiendo ese sonido desesperado y atrayendo a los fornidos gatos merodeadores, que el cuajo lejos de aplacarse fue en claro aumento… Al darse cuenta de la situación, la buena gente con quien habíamos pasado la tarde decidió llevárselo a su taller. Allí estuvo protegido de las inclemencias del tiempo, tomó leche con un biberón artesanal y el tierno animal pasó la noche tan ricamente. En la mañana contactaron con los pastores de la zona, resultando que efectivamente una oveja del rebaño había parido ese día dos lechales mientras pastaba, siendo uno de ellos el extraviado protagonista de esta historia.

Menos mal que podré seguir contando ovejitas sin provocarme insomnio.