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18 de junio de 2013

Sintiendo

Viajando por un mundo íntimo y apasionado,
miro por el crisol de una original belleza.
En cada detalle, en cada acontecer del otro,
la cotidianidad se torna a veces sensual;
algo más plena.

Camino descubriéndome,
como en un gesto,
esperando en calma la sencillez de los momentos.
El abrazo silencioso de esa sonrisa.

Aire en los días que recorren los sentidos.

De Albero Varela en flickr

Y me dejo acompañar de su naturaleza pasajera.
La enigmática impermanencia;
este transcurrir de todo.
Una libertad sin miedo para llenarse de afectos.
Esa invitación, si acaso, a la emoción intensa.

15 de abril de 2013

Cancionero de cumpleaños

Salió de pronto un comino,
gracioso y pueril chiquitino,
correteando por ahí sibilino,
apuesto a que la mar de feliz.
 
Mientras aquel adulto miraba,
sin comprender qué pasaba,
increpole porque de suyo tardaba,
para insulsos quehaceres barniz.
 
Fui así su silencioso juguete,
en el transcurrir del efímero brete,
que el brío del infante acomete,
llevándole por simple desliz.
 
Imagen pública en pixabay
Y pensé como aquel lampiño,
entre las cadaunadas de un niño,
a un tris del fugaz brinquiño,
atesorando para mí su matiz.

19 de junio de 2012

Desde varias miradas

Conocido o desconocido,
la inconsciencia viaja con muchos de nuestros andares.
Hay, tal vez, caminos sin encuentros, curvas para el derrapaje.
Solo tu serenidad;
la mía, la suya, la de nosotros,
otorga el cálido y fortuito halo.
Un estado anhelado en el trasiego de esperanzas.
Persecución en una vida construida de andamiajes.

Propongo, digo, manifiesto,
desde el remanso efímero del oasis hallado.
Las certezas quizá existen,
en lo ingrávido de aquellos deseos.
Fuerza desmedida ante los cerrados ojos,
que es creer, saber, empujar...
la parte de un destino azaroso,
transitado con arrojo en nuestras manos.

22 de marzo de 2012

Habana blues y los reencuentros en la 2

Me encandilé otra vez con ese algo, divertido y sensual, brotado hasta por el último poro de la piel de muchos de los nacidos en aquella isla.

Pensé nuevamente en el torrente de ingenio, asqueo, belleza y talento por igual de tantos de sus pobladores, proyectados dulcemente en esos personajes que consiguen atraparme.


Bailé y me emocioné con una banda sonora que, por momentos, es capaz también ahora de atravesarme un nudo en la garganta.

Lloré viendo la escena de una huida de lo querido y asfixiante en la misma intensidad, pasado algún tiempo desde que turbara mis sentimientos aquella primera vez.

Y me recreé con una Habana mucho más reconocible, cercana y entendible ahora que entonces, para quien suscribe estos agolpados y escasos renglones.

25 de febrero de 2012

Hacia unos pasos

El tiempo nos lleva.
A veces en silencio
la vida ocurre.

Y un ruido aparece,
y otra música suena.
Corre una brisa que sabe
de presentimientos desconocidos.

17 de diciembre de 2011

Gratitud

A veces ocurre. El tiempo hace re-colocar algunas sensaciones y sentimientos; otras no. Ayer pude recoger un buen puñado de cariño en las vertientes más diversas de sus depositarios; voluntarios, antiguos compañeros y compañeras, familiares ajenos, algunas personas a las que siento como amigos de los que uno apenas ve, y por supuesto aquellos con los derroché energía y ganas de ayudar como terapeuta, para que sus vidas caminaran de otra forma.

ABRAZO-1-BIS

Imagen: CICLOPE3

Abrazos alejados del compromiso, sonrisas sinceras, apretones de manos, caras de sorpresa agradable, y un gran número de gestos que devolvían lo sembrado durante aquellos años tan intensos, ya grabados para siempre en mi. Aparecieron recuerdos torpemente colocados en la memoria, las ganas de compartir más de forma confusa, y la certeza tranquilizadora de que las cosas, muy posiblemente, se hicieron relativamente bien.

De entre todos él. Con aspecto del Aute más seductor, apareció con su pareja en uno de tantos giros entre el gentío. Fueron muchas las horas de esfuerzo, desconcierto, de análisis y de tratar de descifrar juntos los misterios que nos hace ser quienes somos en nuestros errores. “Me acuerdo mucho de ti y de lo que hablamos” me dijo, mientras sentía su achuchón emocionado, en el retroceso fugaz a las vicisitudes y desesperaciones compartidas. El verle bien y sentirme parte de eso, es algo difícil de explicar; es ese agradecimiento mutuo.

23 de octubre de 2011

Las sombras del empleo y el desempleo.

Mientras caminaba sin rumbo por el placer de pasear, sonaban ocho campanadas en el Ayuntamiento de una esplendida y noctámbula Plaza Mayor. Había llegado el fin de semana, y entre curioso y meditabundo observaba la vida de los otros. Hay tantas otras historias con las que uno se cruza por el camino, que a menudo pienso qué sería de encontrarse con ellas en otras circunstancias; aquellas que permiten la comunicación, más allá del cruce fugaz y enigmático de algunas miradas...

Imagen: Inguralde

Entre vidas anónimas, instantes antes me di cuenta de que iba a cruzarme con mi futuro interlocutor. Hubo, lo reconozco, ese impulso seminstintivo y raro de no tener ganas de saludar. Tal vez fui lento de reflejos, o quizá simplemente es que en realidad tampoco me disgustaba la idea.

- “Hola ¿cómo estás?” me dijo algo titubeante.

- “Pues más o menos” respondí yo.

Es curiosa la buena dosis de extrañeza e incomodidad, que suele generar el responder de forma diferente al esperado “bien”... Pero esta vez no fue interpelado y yo lo agradecí.

Durante algún tiempo, años atrás, ambos estuvimos enfangados en el arte de mentir pseudo-profesionalmente; todo muy serio, eso si... Él prosiguió estos años coordinando uno de tantos mundos del podía haber sido y no es. Yo me alejé de aquél “teatro”, en la creencia sincera de que otros “escenarios” y otros “papeles” aguardarían sin duda con mayor interés... Como responsable, su obligación era pedirnos cierta cuota de falsedad implícita, y sin embargo a mi siempre me pareció tan enfangado como los demás; dentro del engaño colectivo de otra estructura podrida. Tal vez por todo eso, y también por otras muchas cosas más, me dejó confuso y triste su actual situación de parado. Con su aspecto de hombre sencillo, bueno y prudente, esperaba incrédulo la decisión de los mentirosos de vocación y casi profesionales del asunto. Deseoso de la licitación que continuase el absurdo, permitiéndole seguir con su vida y la de su familia.

“Tengo el miedo metido en el cuerpo” se despidió.

15 de agosto de 2011

Parafraseando al maestro.

Compañeros del mundo,
tomando en cuenta los últimos sucesos
en la poesía, quisiera preguntar;
me urge.
¿Qué tipo de actitud debo procurar para ser,
alguien que ama la vida sin pensar en sentimental?
lejos de la derrota,
y eminente panfleto.
¿Cómo hago si el alma
no sabe,
no siente,
desenamorarse de ti?

Canción original de Silvio Rodríguez



8 de febrero de 2011

Aquello que va ocurriendo

A veces pasa que los tiempos parecen no encontrarse. Cuando un tren llega el otro parte, y ocurre como en aquellas películas en las que los protagonistas no consiguen reencontrarse. Es entonces cuando uno se queda con la eterna duda de que hubiera ocurrido...

Lo que llamamos azar es una conjunción de cosas que pasan y de las cuales no conocemos su origen; aunque lo tiene claro. Solo que es imposible saber como va a interaccionar todo, en un universo lleno de matices, circunstancias y cientos de miles de vidas cruzadas. Unas pocas tan solo son necesarias para que nos demos cuenta de la falsa sensación que es el pensar que uno controla su destino.

Imágen: cl a ra maría inés

4 de agosto de 2010

Aprender a desaprender

Estudiando en la universidad, recuerdo haberme encontrado con este concepto por primera vez entre tantos otros. Fue de aquellos que releí varias veces en el texto y pensé durante algún rato. Quien sabe qué oportunidad perdí en aquel instante. Como con otras cosas, pese al interés creo que no comprendí en ese momento la transcendencia que tal idea puede llegar a tener, incluso después de trabajar posteriormente con sus posibilidades.

En estos días, una de las personas que me ayuda a sanear mi ser, me ha contado ese descubrimiento que es ahora mí propia “mochila”; esa que todos llevamos a nuestras espaldas y en la que de forma a veces consciente, muchas otras veces no, vamos introduciendo a lo largo de los años toda serie de aprendizajes, hábitos y reacciones diversas. Ya se sabe; la familia, el entorno, nuestras propias experiencias vitales... Es difícil llegar a saber cuando algo pasa a estar dentro de ella, pero de tanto llevarla a nuestras espaldas, terminamos en muchos casos por dejar de prestarla atención. Va ahí, para bien y para mal, siempre con nosotros.

Un día, tras algún suceso normalmente doloroso, nos damos cuenta que es necesario parar y revisar todos sus bolsillos. Es como si nos extrañáramos de repente con su peso y su molesta presencia. Dejas por un tiempo de utilizar sus “objetos” sin apenas pensar, como tantas otras veces hiciste, y te paras a observar con detenimiento lo que ella contiene. Te preguntas entonces cómo habrán llegado hasta allí algunas de esas “cosas”, al tiempo que cuestionas si te hace bien recorrer camino con ellas a cuestas. Afortunadamente escarbando también aparecen elementos valiosos, ocultos y olvidados en el fondo de nuestro equipaje; son aquellos que fuiste dejando de usar y ya no encontrabas fácilmente.

Yo he localizado en estos días algunas cosas en mi mochila de las que quiero desprenderme. Prescindir de ellas por el daño y el peso inútil al que me someten. De algunos de esos trastos ya me habían intentado hablar en otras ocasiones desde el cariño, solo que al abrir la cremallera de mi mochila pronto encontraba aquel antifaz oscuro e inmovilizante o los tapones colocados en mis oídos...

Aprender a desamprender; desechar todo lo que no valga más que para amargarte y hacer infeliz a quien te acompaña. Volver a enfocar la vida de otra manera; de la otra manera posible con lo que esa mochila también contiene y todo lo que puede llegar a tener. Ese es el reto por conseguir.

18 de diciembre de 2008

Algunos orígenes

Es gratificante darse cuenta un buen día, que algunas de las cosas que te gustan, te producen bienestar o te atraen irremediablemente, tienen un modelo; una fuente de inspiración que aunque estaba ahí, a ti se te había pasado por alto o lo habías olvidado.

Al que suscribe le ocurre, de entre otras muchas cosas, con una serie televisiva: Doctor en Alaska. La descubrí hace ya algunos años en la “República Independiente de mi Cuarto” cuando vivía en la casa de mis padres; un cubículo de 2x2 metros cuadrados que sorprendía por su contenido a todo el que allí entraba. Entre lo mucho que increíblemente ese cuarto contenía, una balda esquinera sostenía un viejo televisor en blanco y negro. En ese rincón y de madrugada, es desde donde aparecían aquellas curiosas historias con sus peculiares personajes, en las que yo quedaba irremediablemente atrapado.

Recientemente he podido comprar las primeras temporadas de la serie. Viéndolas de nuevo, me he dado cuenta de muchas cosas; los paisajes, las conversaciones, el carácter de sus personajes… Hay un sin fin de guiños a las cosas que me interesan y producen atracción de forma inmediata. Y no, no soy tan incauto de pensar que la principal fuente de influencia hayan sido esos capítulos, siendo al mismo tiempo consciente de que algo ocurría en aquellos momentos. Pasada la media noche, mientras que un adolescente confundido veía y escuchaba atentamente esa ficción, se iba configurando en su cabecita una forma de analizar y vivir el mundo real, lleno de matices tan complejos como interesantes.

6 de diciembre de 2008

Sensación extraña

Hace unos días creí ver a alguien esperando la muerte. No estaba en un hospital, ni aquejada por ninguna grave enfermedad. La anciana, vestida de riguroso luto y con pañuelo sobre su cabeza, permanecía discreta e inmóvil sobre el chaflán de sofisticados escaparates, al tiempo que sus curtidas manos se apoyaban en un bastón. Esa tarde gris hacía un gélido viento polar, y mientras todos apresurábamos el paso en búsqueda de resguardo próximo, ella seguía impertérrita y ausente desde aquella solitaria esquina. Su rostro triste y ajado, parecía no encontrar aliciente ni sentido a su alrededor, en un mundo alejado del que fuera el suyo. Y así, con la mirada perdida y un pensamiento incierto, me dio la impresión de que esperaba resignada su momento en silencio.

9 de marzo de 2008

Trampas de la mente

Joaquín Sabina escribió en una de sus tantas geniales canciones “al lugar donde fuiste feliz nunca debes tratar de volver”. Supongo que a lo que él se refiere entonando esa estrofa, es a la torpeza de intentar revivir algo que uno guarda con muy buen sabor de boca, creyendo que simplemente es cuestión de estar de nuevo en el mismo sitio…

Hay más jugarretas del estilo y sin darnos cuenta no es tan raro que nos empeñemos en estampanarnos contra ellas. La vivida reciente, es haber sido tan incauto de imaginarme como serían muchas horas de mi día a día, con algo que todavía no había ocurrido y que ni siquiera tenía el grado de certeza. Y así más de una y de dos veces, en ocasiones con los ojos cerrados y otras abiertos, he visto nítidamente muchos momentos recreados paso a paso en mi cabeza. Estoy casi seguro de que hubieran sido agradables de haberlos vivido, solo que fruto de esa no-realidad, es probable que les añadiese además algunas otras bondades.

Un mal día no hice caso al timbre del interfono, porque mi atención se centraba en escuchar con ansiedad el de un teléfono demasiado silencioso. Estúpido de mi, hasta que no baje al buzón no me percaté de que no habría tal llamada, pese a que el cartero trato de avisarme con los medios a su alcance. Había caído en el viejo cuento de “La lechera”, solo que esta vez sustituyendo la avaricia de su protagonista, por el deseo de simplemente querer estar a gusto trabajando de forma sencilla… Y las cosas no ocurrirán como las estaba imaginando, porque simplemente no ocurrirán. Al menos no de momento donde tanto me hubiera gustado…

4 de marzo de 2008

“ ¡Es que tengo mucho carácter! ”

Habrán oído esta expresión a más de una persona. Yo al menos unas pocas de veces. Normalmente se justifica con dicha frase los exabruptos o desaires hacía los demás, sin plantear alguna inquietud personal tal auto-engaño. Lo es, ya que si bien todos nacemos con una cierta predisposición a funcionar de una manera más o menos impulsiva –los expertos llaman temperamento a esta base biológica preestablecida del comportamiento- no es cierto en absoluto que ante esa tendencia solo cabe dejarse llevar, haciendo y diciendo lo primero que le pida a uno el cuerpo. Es de ese error de donde parte el cómodo y simplista argumento de “es que soy de esa forma de ser y no lo puedo evitar; tienes que aceptarme tal y como soy” Así, con el imperativo por delante. Esto mismo los y las más refinadas lo camufla en frases como “lo que pasa es que mi forma de hablar es muy vehemente”… Y perdón pero no.

Como en tantas otras cosas en relación a las personas, la educación da explicaciones y respuestas a multitud de cuestiones relacionadas con nuestro comportamiento. Si bien no con todas de forma absoluta, incluso en cuestiones de tipo innato la educación puede jugar un papel muy importante cuando hablamos de aprender a convivir. A lo que voy es que si una persona es desagradable, agresiva, muy competitiva o intolerante en sus reacciones, por poner solo algunos ejemplos clásicos relacionados con el “yo es que soy así”, lo que verdaderamente significa tales reacciones son aspectos como dificultad personal en la gestión de las emociones (rabia, nervios, frustración, etc.) poca habilidad para defender ideas y/o derechos sin vulnerar los del otro (lo que los técnicos llaman asertividad) o la puesta en marcha de inadecuados mecanismos de compensación-defensa en relación a las debilidades que cada cual tiene (ante la inseguridad, por ejemplo, se puede optar por vocear, ridiculizar, aislar… o bien por escuchar, preguntar, reformular...)

Casi todo lo que hacemos y decimos tiene mucho de hábito adquirido por medios muy diversos. Es así como se va configurando nuestro carácter a lo largo del tiempo, teniendo este por tanto un fuerte componente aprendido y cultural, que va modulando el temperamento con el que nacemos. El compendio (artículo extenso) da como resultado nuestra personalidad. Es solo que hay dos posturas ante eso: Por un lado el conjunto de personas que se esfuerzan paulatinamente en ir mejorando sus comportamientos; es decir seguir aprendiendo para llegar a lograr sus objetivos sin dañar a otras personas. Y por otro, un segundo grupo estancado en una forma tan habituada de reaccionar, que o bien no se la cuestionan porque piensan que es la forma acertada –ignorando como hace sentir a los demás- o bien no están dispuestos a cambiar por el importante esfuerzo que eso les conllevaría, además de no querer renunciar al grado de poder que eso les da. Pero lo cierto es que si verdaderamente se está concienciado, se puede aprender poco a poco a funcionar de manera diferente en prácticamente cualquier área de la vida y a cualquier edad. Por eso los y las del “es que yo soy así”, no nos pueden intentar seguir haciendo creer –ni a ellos mismos tampoco- que hay que aceptar sin más esa parte de su mala-educación, adornándola de una medida en positivo inexistente: No se tiene “mucho” o “poco” carácter, simplemente se desarrollan o no determinados rasgos en base a como vamos afrontando las situaciones.

La pelota está por lo tanto en su tejado, pero pueden bajarla de ahí… Si quieren, claro.

25 de octubre de 2007

Que bueno sería tener poderes.

Hoy os he visto de nuevo. Tendríais veintipocos e ibais en un flamante Golf comprado seguramente por vuestro papa o vuestra mama. Fanfarroneando de no se sabe bien que. Parasteis en el semáforo junto a mí y mirabais con enorme descaro. Los tres con sendas gafas Ray-Ban de esas que os dan aspecto de desagradables moscas. Todos con la sonrisa engreída de serie que os hace pensar que estáis por encima de los demás…

Entonces se acerco él. Con sus ropas sucias y roídas, rasgos de algún país del este y semblante de cansancio; de infinita y profunda tristeza. Portaba un cartel en el que pedía limosna en silencio. A distancia, sin querer incomodar demasiado. Con un paso esquivo por no detenerse demasiado ante otro no, otra indiferencia más en la mañana de un día que se adivinaba largo.

Y vosotros quisisteis darle lo peor y que tanto os sobra, como tantas otras cosas inútiles os pertenecen. No le mirasteis, pero vuestra sonrisa se convirtió a su paso en malévola; voluntariamente dañina. Incluso torno a carcajada socarrona cuando uno de los tres movió los labios, diciendo a saber que “ocurrente” desaire o “ingenioso” desprecio. Mientras aquel hombre seguía su caminar incierto…

Fuimos durante un tramo largo de la calle juntos. No se si de manera casual o siguiéndoos de manera inconsciente. El caso es que unos cientos de metros después, comenzó a sonar un ruido extraño. Vuestras luces de emergencia se encendieron, mientras os cruzabais torpemente de carril para parar a un lado. Por lo visto teníais una avería que sonaba francamente mal y en mi claxon iba un mensaje encriptado de “cuanto me alegro y ojalá que sea algo gordo, malas personas”.

23 de octubre de 2007

¿Cuando nos convertimos en adultos?

¿Tal vez cuando un niño o una niña se dirige por primera vez como “oiga señor o señora...”? ¿O es el tener un trabajo más o menos estable lo que otorga esa condición? ¿Acaso es la independencia económica? ¿La emancipación a una vivienda que no sea la de tu papá y/o mamá? ¿Quizás es algo más trivial y se alcanza en el momento que uno es capaz y se atreve hacer cosas como viajar solo? ¿Será cuando se consigue mantener una relación de pareja duradera que llegue incluso a la convivencia? ¿Tomar decisiones importantes es la clave? ¿Pensar por uno mismo? ¿Manejar tu propia vida sin la influencia directa o indirecta de los demás?

Esperar. ¿Puede ser que sea tener un hijo como dicen? ¿Al afrontar grandes problemas o retos? ¿Cuándo no huyes de tus propias equivocaciones, reconociéndolas y afrontándolas? ¿Llegará el cambio cuando te arriesgas en la vida? ¿Podría ser que la voz de aviso sea que empieza a costar hacer nuevos amigos o amigas? ¿O que los que tienes empiezan a cambiar, resultando a veces difíciles de reconocer?

¿Y si el síntoma es tan simple como que te molestan las aglomeraciones, la música fuerte y el humo de los bares? ¿Que la resaca dure todo el día de después y no unas pocas horas? ¿Tener que plantearse que puede hacer uno con su tiempo libre? ¿Es al dejar de jugar o de reír frecuentemente? ¿Pasará cuando uno empieza a tener mucho estrés y apenas ese tiempo libre?...

No se. No parece que esté clara la cosa. ¿Se tiene que dar todo eso al tiempo? ¿Y entonces quien es adulto?...

5 de octubre de 2007

Parejas silenciosas

No es que sea del todo habitual verlas, pero tampoco es tan extraño al mismo tiempo. Me refiero a esas parejas que uno se encuentra en espacios públicos sin dirigirse la palabra durante larguísimos ratos. Cuando los veo en un restaurante, es donde más me impresiona dicha conducta. Resulta inquietante ver a dos personas en un espacio donde la comunicación es parte importante del momento, comportándose como si él o la otra no estuviese; como sin saber que decir. Hace poco observé a una de estas parejas en el Peine de los Vientos de Eduardo Chillida; cada uno con su cámara de fotos, ausente uno del otro aparentemente… El caso es que están en múltiples lugares.

Un buen amigo, ex-compañero de trabajo y perro viejo de la vida, sostiene sin vacilar que en una relación sentimental todo lo que hay que decir se hace en los primeros años. A partir de ahí las conversaciones son redundantes y lo mejor es apelar al silencio. Yo, que a menudo debatía y debato cosas con él, no comprendo del todo como se puede funcionar bien con tu pareja limitando tanto la comunicación. Porque otra cosa diferente es que estilo le da cada uno al asunto: humorístico, filosófico, laboral, familiar, quehaceres cotidianos, cotilleos varios, análisis intelectuales, culturales... e incluso alguna que otra discusión, claro. Para eso ya están los gustos o inercias de cada cual, aunque un poquito de variedad es lo recomendable. Eso pienso.

Me vienen a la cabeza algunas estrofas que cantaban El Ultimo de la Fila en el tema Cuando el mar te tenga: “Si lo que vas a decir, no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir (…)”. Creo que ellos lo situaban en otros contextos; aquellos en donde sobran verdaderamente las palabras. Que los hay. ¿Lo es comiendo uno en frente del otro durante cerca de una hora, en donde todo se limita apenas a que pedimos, pásame el pan y nos vamos?...

21 de septiembre de 2007

Reunión de vecinos.

Es un clásico entre los clásicos; prácticamente todo el mundo echa pestes cuando habla de las reuniones de vecinos. Yo cuando voy a ellas -que hasta ahora es casi siempre- no doy crédito a creer lo que oigo y veo. Es por eso que estoy intentando entender que hay detrás de lo que suele ocurrir. Ya saben; voces, falta de escucha, todo el mundo hablando al tiempo, malos modos, criticas al aire, egoísmo de cada uno con su problema, la frase de “yo no pongo un duro más” y toda la secuencia típica. Además, efectivamente, esas reuniones suelen ser eso, de vecinos en masculino. Las vecinas no suelen estar y mucho menos participar activamente. O no las dejan o no quieren participar en ese circo…

Pensando sobre el asunto he llegado a simples conclusiones. Por ejemplo que las reuniones de comunidad son el espacio donde la educación del personal se pone más a prueba. La escena estándar del ascensor o rellano con el “hola, hola, a que piso va, pues a tal, que malo hace, si, hasta luego, adiós” no es muy difícil, aunque ya algunos/as dan muestra de inquietantes carencias de habilidades sociales básicas –mirada, tono de voz, distancia, aseo, etc, etc…- Pero claro, llega la reunión de turno y ahí la cosa se complica: habría que dejar que terminen de hablar los demás, escuchar lo que se dice en silencio, plantear cosas coherentes, tener una visión solidaria y global, utilizar argumentos en lugar de insultos o ironías… en fin, cosas muy difíciles en general.

Y luego esta la otra parte. La de ponerse de acuerdo y decidir. Es decir que además de ser un espacio para poner a prueba la educación de la comunidad, lo es igualmente para evaluar nuestra actitud democrática. Y ahí aparece lo de “a mi lo que diga ese señor me da igual”, el ignorar al de la gotera, mezclar problemas, negarse a pagar, no confiar en el presidente, amenazar con impugnar lo votado por mayoría y todo eso. Eso además del ya mencionado tufillo machista que suele presidir el ambiente.

Va a ser que, sencillamente, en educación y democracia necesitamos mejorar.

18 de agosto de 2007

Envejecer

Desde hace tiempo me gusta fijarme en las personas mayores, ancianas o como mejor guste llamarlas. Ellos y ellas desvelan fácilmente secretos de lo que somos a través de lo que fuimos. Tres escenas se me han grabado recientemente:

La primera se sitúa este verano en una playa de San Sebastián. Mientras muchos descansábamos allí entre baños, paseos a la orilla del mar o tumbados al sol, una familia de esas multitudinarias con sombrilla, nevera y toda la parafernalia, tenía entre sus miembros a una abuela. La mujer era algo obesa, la costaba moverse y el calor la agobiaba a tenor de cómo buscaba la sombra de la sombrilla con su inseparable hamaca. No obstante, mientras el resto de la prole disfrutaba con quehaceres varios, ella estaba permanentemente al cuidado de la más pequeña; una simpática bebe de unos cuantos meses. Lejos de refunfuñar o quejarse de algo, la adorable abuelita se esforzó durante horas en que la sombra protegiese a la peque, hacerla cariñitos, distraerla con juegos, darle de comer. Todo con buen humor y maravillosa destreza…

En otra ocasión, estaba yo viendo y probando con curiosidad, las nuevas máquinas de gimnasia móviles que el Ayuntamiento ha montado junto a la playa urbana del río. Artilugios de ultima generación y que si el civismo colectivo lo permite, harán disfrutar de manera gratuita y al aire libre a muchas personas que se pasean por allí. Pues bien, mientras andaba yo haciendo remo, se acercó al lugar un abuelete con cara amigable. Cual fue mi sorpresa, cuando el intrépido anciano se subió a una de estas nuevas máquinas y de manera torpe al inicio, para demostrar maña después, se puso a hacer ejercicio mientras me miraba con una amplia y cómplice sonrisa…

La última escena ocurrió en un bazar oriental. Andaba yo fisgoneando no recuerdo bien qué, cuando me paré a escuchar la conversación que mantenía una mujer anciana con la dependienta del establecimiento. A decir verdad la oriental no la prestaba mucha atención, porque manipulaba algo concentrada y con la mirada hacia abajo. Era un marco con una foto, en la que pude ver la imagen a todo color y con brillo de unos recién casados. La mujer, con una forma de hablar atropellada y diciendo que los fotógrafos ahora hacían milagros, saco del bolso a su interlocutora la foto original más pequeña, con ese troquelado antiguo en su borde y en un tono sepia amarillento. Era ella el día de su boda 40 o 50 años más joven. Era ella quien buscaba a alguien con quien compartir su vida que tenía de nuevo el color de su recuerdo…