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20 de noviembre de 2012

¿Cómo está usted?

Autor: Sekshun9
Inspirados en tu gesto de cómico,
tal vez la magia inunde la mía.
Tardes de pan y chocolate,
estela en diminuto proseguida.
Y gritar una, dos y tres veces,
mantra de felicidad insistida.
Veo ropajes de color rojo,
bromas, muecas, y aroma de risa.
Nuestra infancia te pertenece en parte.
Su candidez impregna hoy la mía.
Hasta siempre a usted; bondad recreada.
Lugar amable de las personas sencillas.

26 de julio de 2012

Lucas

Los viajes guardan siempre sorpresas variadas, y Eslovenia tenía preparadas unas cuantas de colores diversos. Lucas, en las últimas horas del vuelo de regreso, fue una de las que me provocan en ocasiones este martilleo arrítmico de las teclas con los dedos.

Imagen: MiRt@
Hay algo de conocido en la parafernalia previa a tomar un avión, cuando los números pasan al olvido de cuantos se fueron tomando. Y sin embargo esta vez en Zurich, la aproximación atascada hacia el asiento asignado, sorprendió de inicio al descubrir a ese diminuto ser rubio mirando abstraído por el ventanuco. Durante los primeros minutos, las conjeturas iban desde que sus familiares andarían en las filas cercanas, al asombro de que nadie se diera la vuelta para mirarle o decirle algo. Él mientras tanto, permanecía absorto en su observación con un silencio introvertido. “Lucas viaja solo” nos dijo una de las sonrientes azafatas poco antes de despegar, por si en un momento pudiera necesitar algo a sus cinco años. Y la expectación creció al mismo tiempo que la ternura ya despertada hacía rato.

En la maniobra de despegue, se le oía canturrear como quien se tranquiliza a sí mismo, por lo que poco a poco, y con la precaución de no agobiarle, fuimos preguntándole alguna cosilla que le hiciera sentirse acompañado, regalándonos progresivamente la confianza que los niños suelen otorgar con rapidez, a quienes entran en su mundo con naturalidad y respeto. Con su especial forma de hablar, comenzó a contarnos sus cosas; la sonrisa de satisfacción al decir que llevaba la maleta de su mama, que quien le esperaba en el aeropuerto eran sus abuelos para irse al mar levantino, que no era la primera vez que volaba aunque si solo porque ya podía hacerlo... Lucas hablaba con el personal de vuelo en alemán y con nosotros en español, pero lo más sorprendente era verle gestionar sus tiempos y sus cosas de manera discreta y concienzuda. Ahora repaso el papel de seguridad en el avión, ahora elijo el bocadillo que me gusta, ahora leo un poco este cuento, ahora necesito ir al servicio… Y claro, como cualquiera que le gusta compartir su viaje, nos avisaba con entusiasmo para ver los paisajes, hablaba del sentimiento de "poquito miedo" que le daban los meneos y sensaciones del aterrizaje, o nos informaba de las precauciones a tomar en caso de tener que usar el chaleco salvavidas.

Imagen: Fausto II
Creo que ya nos tenía conquistados a muchos de su alrededor, mucho antes de que de manera autosuficiente se prepararse para salir del avión. Era chocante verle buscar el cinto de seguridad primero, y la mochila con sus cosas después, para tras un coscorrón para alcanzar la chaquetilla del suelo, darse cuenta del simpático lío: "¡anda! pero si tengo la mochila puesta y se queda debajo de la cazadora, así no es...” Finalmente resuelto el entuerto, se colgó los prismáticos como el explorador que ya apunta ser, para esperar pacientemente todo el proceso de aterrizaje. Y así nos quedamos un ratito con él para que no se sintiera solo, hasta que todo el pasaje abandono ese vuelo que no fue como otros, y la responsable estuviera lista para acompañar a quien ya siempre permanecerá en nuestro recuerdo.

En la cinta del equipaje, mientras esperaba en primera fila el tesoro que era para él la maleta de su madre, y les contaba a sus yayos que con nosotros había hablado mucho, se despidió con esa sonrisilla que te enciende sentimientos tan hermosos.

22 de noviembre de 2009

“Eso son mariconadas…”

Cada vez que de forma no tan ocasional escucho tal afirmación, pienso que menos mal que hay homosexuales (proverbio no chino). La explicación es bien simple; se suele dar ese ‘sesudo’ calificativo, a todo aquello que parece no pertenecer a lo que viene siendo un hombre hecho y derecho, para ese nutrido grupo de mujeres y hombres de hoy en día. Ya saben; sensibilidad, demostrar afectos, gusto por los detalles, cuidar la estética de lo que nos rodea y cosas tan ‘antinaturales’ como esas. Al margen quedan las violentas razones históricas y los recalcitrantes planteamientos más actuales que sustentan esos prejuicios. Así que más pronto que tarde, si se muestra algo de preocupación por eso que se sale del paradigma masculino por aquí -y también por muchos allá- te cae esa otra versión del mismo asunto: “déjate de mariconadas”.

Nunca, eso si, he escuchado relacionar dicho concepto tan erudito con el maltrato a las mujeres, la brusquedad en las formas o la cutrez y mala educación que abunda con facilidad en el comportamiento humano con cromosoma XY.

Para aquellos y aquellas que en cuanto leen la palabra homosexual se les disparan todas las alertas, poniendo instantáneamente el piloto automático de que la homosexualidad es una desviación humana y toda esa cantinela del bla, bla, bla, decirles que se han perdido con su obcecación desde la primera línea sin comprender nada. Claro que también me pueden decir que no digo más que mariconadas…

7 de junio de 2009

Esa rabia con miedo

Estaba en 7º u 8º de la antigua Educación Básica y harto de que el grupo de chulitos congéneres se metieran conmigo. Supongo que era esa mezcla atípica de funcionar bien en clase, caerle en general bien a los demás y tener éxito con las chicas; no ser el clásico empollón gafotas, vamos. La cosa es que un buen día en la hora del recreo, me canse de sus intimidaciones, risas y amenazas, así que le dije a un compañero que me sujetase el bocadillo, me gire al que había sido mi amigo unos años atrás y le espeté aquello de “¿tú de que vas…?” Cuando rodeado de los suyos empezó la cantinela de burlas y recibí el primer empujón, una sensación difícil de explicar hizo que le volara literalmente por los aires, para después inmovilizarle con algo de lo que había aprendido ese año con el judo. Recuerdo el corrillo de medio colegio jaleando mientras le tenia allí acogotado y la extrañeza de los profes que vinieron al rescate respecto de quien era “el agresor”… Primera y última vez que me he pegado hasta la fecha, y por si alguien se lo está preguntando, a partir de ese momento el grupo de pequeños mafiosos nunca volvió a "tocarme las narices"…

Cuando el otro día por Segovia presencie aquella escena, la cabeza ciertamente me jugo una mala pasada. Tres adolescentes, tan macarras como gilipollas ellos, se les veía con ganas de fastidiar al personal, así que al primer comentario del niño que pasaba por allí con unos años menos, decidieron hacerle pasar el mal rato. Viéndolo me atrapó esa atenazadora mezcla de ira y miedo, intentando de forma confusa buscar al poli que nunca está para asustar a los cretinos. Mi cobardía o sensatez, vete a saber, hizo que el pobre chico tuviera que aguantar las mamarrachadas durante un buen rato, hasta que la excursión a la que pertenecía decidió que se movía de sitio… Y yo me quedé un buen rato tratando de serenar unas ganas locas de partirles la cara a esos tres y digerir al tiempo un miedo que no me gustaba reconocer ni sentir.

22 de diciembre de 2008

Guerra de sexos

Cuando hace unos días caminaba sobre la nieve caída por la ciudad en la que vivo, además de muchas instantáneas evocadoramente diferentes a la cotidianidad, apareció también otra. Atravesaba un parque por el simple gusto de percibir los copos con todos los sentidos, cuando el barullo y el griterío de gente menuda hicieron que me girase. La escena a priori no tendría nada de excepcional; un grupo de niños y niñas jugaban desaforados a tirarse bolas de nieve. Sin embargo, algo de ese momento no resultaba gracioso o divertido. Los dos grupos de “combate” se habían compuesto de la siguiente forma: 10 niños contra 3 niñas. Tendrían alrededor de 9 años y resultaba desagradable ver como el numeroso grupo de muchachos rodeaba, voceaba y hacía retroceder a trompicones a las chicas.

Me giré un par de veces más esperando tal vez un imposible, tal vez no; uno o varios de los chavales pasándose al otro bando por compensar, por solidaridad, por lo que fuese, que se yo… Pero por supuesto no ocurrió y mientras seguía caminando bajo ese manto blanco, fui dándole vueltas a la razón verdadera de que ocurran así las cosas.

18 de diciembre de 2008

Algunos orígenes

Es gratificante darse cuenta un buen día, que algunas de las cosas que te gustan, te producen bienestar o te atraen irremediablemente, tienen un modelo; una fuente de inspiración que aunque estaba ahí, a ti se te había pasado por alto o lo habías olvidado.

Al que suscribe le ocurre, de entre otras muchas cosas, con una serie televisiva: Doctor en Alaska. La descubrí hace ya algunos años en la “República Independiente de mi Cuarto” cuando vivía en la casa de mis padres; un cubículo de 2x2 metros cuadrados que sorprendía por su contenido a todo el que allí entraba. Entre lo mucho que increíblemente ese cuarto contenía, una balda esquinera sostenía un viejo televisor en blanco y negro. En ese rincón y de madrugada, es desde donde aparecían aquellas curiosas historias con sus peculiares personajes, en las que yo quedaba irremediablemente atrapado.

Recientemente he podido comprar las primeras temporadas de la serie. Viéndolas de nuevo, me he dado cuenta de muchas cosas; los paisajes, las conversaciones, el carácter de sus personajes… Hay un sin fin de guiños a las cosas que me interesan y producen atracción de forma inmediata. Y no, no soy tan incauto de pensar que la principal fuente de influencia hayan sido esos capítulos, siendo al mismo tiempo consciente de que algo ocurría en aquellos momentos. Pasada la media noche, mientras que un adolescente confundido veía y escuchaba atentamente esa ficción, se iba configurando en su cabecita una forma de analizar y vivir el mundo real, lleno de matices tan complejos como interesantes.

10 de septiembre de 2008

Complicarse... o no

Ya van unas cuantas veces que escucho a alguien decir, cuando se habla de cine, que él o ella pasan de ir a ver películas de esas que hagan pensar; que ya bastantes desgracias tiene la vida, dicen, para ir a pasar un mal rato y comerse la cabeza. Por eso, supongo, el cine llamado de entretenimiento, vacío desde mi punto de vista y a menudo simplón –pese a unos efectos especiales de millones de dólares- arrasa en las taquillas, descargas en la red y en menor medida y directa relación alquiler de pelis en un videoclub, a tenor de los que han ido cerrando en el último año y la cara rara de la gente cuando digo que aún alquilo largometrajes. Aunque ese es otro tema y no conviene mezclar.

A lo que voy es que es cierto. Si uno ve con frecuencia determinadas historias en la gran pantalla, elige algunos programas cuando hace zaping, lee cierto tipo de publicaciones o revisa determinados sitios en Internet, por poner algunos ejemplos, complicarte sí te complicas un pelín. Puede pasar que sin proponértelo te acuestes pensando en el funcionamiento de la economía de mercado, te descubras al pasear encontrando ejemplos de globalización, surgiendo dudas en tu cabecita sobre en que condiciones laborales se habrá hecho esa ganga made in que ibas a comprar, o preguntándote por si es muy ecológico tal o cual gesto cotidiano catalogado como de los que proporcionan calidad de vida...

Luego, como decían los Celtas Cortos, todo es ponerse. Le vas mezclando unas dosis de los rudimentarios conocimientos de historia que uno pueda tener, lo aderezas con lo que vas descubriendo de las distintas ideologías políticas, intentas desenmarañar la influencia que las religiones han tenido y tienen en tantas cosas, reflexionas sobre la evolución de muchos acontecimientos y porqué se está donde se está respecto a cada lugar geográfico, cada tema... Te da por analizar los pros y contras del sistema democrático, el capitalismo, el neoliberalismo y todos sus secuaces, al tiempo que lo comparas con otras posibles formas de gobierno, otras utopías tal vez, mientras sufres, te avergüenzas, sientes frustración y eres cada vez más consciente de lo jodida y maquiavélicamente interrelacionado que esta todo.

Y algo me rechina en ese no querer pensar como punto de partida permanente…

4 de marzo de 2008

“ ¡Es que tengo mucho carácter! ”

Habrán oído esta expresión a más de una persona. Yo al menos unas pocas de veces. Normalmente se justifica con dicha frase los exabruptos o desaires hacía los demás, sin plantear alguna inquietud personal tal auto-engaño. Lo es, ya que si bien todos nacemos con una cierta predisposición a funcionar de una manera más o menos impulsiva –los expertos llaman temperamento a esta base biológica preestablecida del comportamiento- no es cierto en absoluto que ante esa tendencia solo cabe dejarse llevar, haciendo y diciendo lo primero que le pida a uno el cuerpo. Es de ese error de donde parte el cómodo y simplista argumento de “es que soy de esa forma de ser y no lo puedo evitar; tienes que aceptarme tal y como soy” Así, con el imperativo por delante. Esto mismo los y las más refinadas lo camufla en frases como “lo que pasa es que mi forma de hablar es muy vehemente”… Y perdón pero no.

Como en tantas otras cosas en relación a las personas, la educación da explicaciones y respuestas a multitud de cuestiones relacionadas con nuestro comportamiento. Si bien no con todas de forma absoluta, incluso en cuestiones de tipo innato la educación puede jugar un papel muy importante cuando hablamos de aprender a convivir. A lo que voy es que si una persona es desagradable, agresiva, muy competitiva o intolerante en sus reacciones, por poner solo algunos ejemplos clásicos relacionados con el “yo es que soy así”, lo que verdaderamente significa tales reacciones son aspectos como dificultad personal en la gestión de las emociones (rabia, nervios, frustración, etc.) poca habilidad para defender ideas y/o derechos sin vulnerar los del otro (lo que los técnicos llaman asertividad) o la puesta en marcha de inadecuados mecanismos de compensación-defensa en relación a las debilidades que cada cual tiene (ante la inseguridad, por ejemplo, se puede optar por vocear, ridiculizar, aislar… o bien por escuchar, preguntar, reformular...)

Casi todo lo que hacemos y decimos tiene mucho de hábito adquirido por medios muy diversos. Es así como se va configurando nuestro carácter a lo largo del tiempo, teniendo este por tanto un fuerte componente aprendido y cultural, que va modulando el temperamento con el que nacemos. El compendio (artículo extenso) da como resultado nuestra personalidad. Es solo que hay dos posturas ante eso: Por un lado el conjunto de personas que se esfuerzan paulatinamente en ir mejorando sus comportamientos; es decir seguir aprendiendo para llegar a lograr sus objetivos sin dañar a otras personas. Y por otro, un segundo grupo estancado en una forma tan habituada de reaccionar, que o bien no se la cuestionan porque piensan que es la forma acertada –ignorando como hace sentir a los demás- o bien no están dispuestos a cambiar por el importante esfuerzo que eso les conllevaría, además de no querer renunciar al grado de poder que eso les da. Pero lo cierto es que si verdaderamente se está concienciado, se puede aprender poco a poco a funcionar de manera diferente en prácticamente cualquier área de la vida y a cualquier edad. Por eso los y las del “es que yo soy así”, no nos pueden intentar seguir haciendo creer –ni a ellos mismos tampoco- que hay que aceptar sin más esa parte de su mala-educación, adornándola de una medida en positivo inexistente: No se tiene “mucho” o “poco” carácter, simplemente se desarrollan o no determinados rasgos en base a como vamos afrontando las situaciones.

La pelota está por lo tanto en su tejado, pero pueden bajarla de ahí… Si quieren, claro.

8 de febrero de 2008

Cosas de aquí

El pasado lunes, en el transcurso de la gala de los premios Max de las artes escénicas, escuché algo interesante e inquietante al mismo tiempo. Si no entendí mal, parte del texto era de Machado y venía a decir que “en España no se dialoga porque no se pregunta”, añadiendo, con mucha gracia, que “casi todo el mundo quiere estar de vuelta cuando ni siquiera ha ido…” No pasaron más que unas pocas horas, para encontrarme de frente con ejemplos del asunto. El lugar no ha sido de los habituales, ya que se desarrolló sudando en una sauna a 70 grados, pero como ese cubículo de madera es pequeño y compartido por varias personas extrañas cada vez, no es difícil que surjan conversaciones… o algo que se acerque a eso.

Todo comenzó cuando desde las cristaleras frontales, se observaba secar el agua que se acumulaba alrededor de la piscina, a una trabajadora con la camiseta de “socorrista”. Una de las acaloradas acompañantes –por el calor, es de suponer- comentó que era la misma chica que daba pilates no se que día. A eso otra mujer que estaba en frente, apuntilló que le parecía muy bien que los empleados hicieran de todo, sin que le faltara tiempo al hombre con generosa barriga situado en el banco superior, para afirmar con severidad que efectivamente, y que quien no trabajaba en este país es porque no quiere; que a él tampoco le apetecía ir por las mañanas a su trabajo… Así ocurrió como se lo estoy contando. Sin anestesia ni´na. Eso además de cuestionar entreveladamente el papel de la chica como monitora de pilates, por la “rotunda razón” de que hablaba suave –no compatible con la actividad, se ve- y porque “encima” llevaba poco tiempo en el centro –esto es, los galones cuentan lo suyo- Claro que a decir verdad se les veía “coherentes” a los y las susodichas, porque practicaban ese tono de voz que tanto se nos cuestiona fuera de nuestras fronteras, en un espacio de 2x2 compartido con otras personas ajenas. Es decir que molestaba el volumen de sus “comentarios”, compendio de críticas, cotilleos, prejuicios y demás cosas feas.

¿Y dónde están las preguntas? Interrogantes como: ¿Es bueno que la socorrista al limpiar, pierda la visión de la piscina durante un tiempo? ¿Si está contratada como técnica deportiva, limpiar es parte de sus funciones? ¿Lo hace porque se presta, porque la toca o porque la obligan? ¿Es bueno para el empleo en general y las personas en particular que uno o una haga el trabajo de dos, tres o de muchos más?... Habría tantas cosas interesantes a preguntar para analizar esta y otras cuestiones. Pero no, preguntas ya les puedo asegurar que no hubo ni una sola en ese rato. Nos quedamos en la obviedad de que en España hay ahora trabajo, cuando están viniendo cientos de miles de inmigrantes por tal razón evidente, dejando a un lado nuevamente preguntas importantes como: ¿Se está velando por unas condiciones de trabajo dignas y de acuerdo a la legalidad en muchos casos; tipo de contrato, categoría del trabajador, cualificación requerida, tareas asignadas, seguridad laboral, duración y conciliación de las jornadas, etc. etc.?

Va a ser que como decía Machado, preguntar no se pregunta mucho, así que no se si lo que hacemos es realmente dialogar…

4 de febrero de 2008

¿Qué es ser una persona inteligente?

Durante varios años he pasado muchas horas, leyendo un gran número de libros que trataban de dar explicación a ese concepto: La inteligencia. Además de ser una de las cualidades que más se destaca en nuestra especie frente a otros animales, es una de esas cosas a la que todo el mundo nos referimos, sin que lo hagamos con una misma idea. Lo que para unos es ser muy inteligente, para otras no y viceversa –sin ser mi intención aquí, poner el acento en los prejuicios de diferencias de género, que también caben por lo visto en esta discusión: Es aquello tan extraño de ellas son mejores en tal y ellos en cual-.

Dentro del mundo académico no es muy distinta la situación, ya que hay muchas maneras de definir la inteligencia, según desde que corriente o disciplina se analice; con toda la controversia que eso suscita. Los hay quienes aluden a la importancia de los genes (genetistas) quienes sitúan la influencia del ambiente como pieza clave (ambientalistas) los partidarios de centrarse en analizar los procesos mentales (cognitivistas) así como los que establecen puentes entre lo biológico y lo cultural (por ejemplo los neurolingüistas)… Distintas familias de investigadores en definitiva, relacionadas en el complejo debate de intentar descifrar que hay detrás de ser inteligente. De ahí se derivan, entre otras muchas, palabras como cociente intelectual, sesgo cultural, tipos de memoria, comportamiento imitado-aprendido o papel de los neurotransmisores.

Entre lo que yo he podido leer -accesible a cualquiera que le interese el tema- me centro en una idea no excesivamente erudita, pero que aglutina bastante bien muchas de las variables analizadas desde las diferentes disciplinas, ofreciendo además una respuesta sencilla y práctica a tal cuestión: Inteligencia es la capacidad de una persona para adaptarse a diferentes contextos. Piensenlo y verán. Hay que tener en cuenta que adaptarse no es simplemente acomodarse, mientras que lo de contextos hay que considerarlo de una forma mucho más amplia que “los dos o tres” conocidos por cada cual. Bien mirado entonces, contempla tanto lo genético-biológico, como lo ambiental-cultural; el potencial con el que nacemos, así como su desarrollo a través de lo aprendido. Todo ello en función de los estímulos a los que hemos estado expuestos, sean estos últimos buscados por nosotros, impuestos desde fuera y/o encontrados fortuitamente. Por tanto, muchas cosas importantes están ahí condensadas ¿no creen?

Tal vez por eso hay personas aparentemente muy inteligentes, que en cuanto se las saca de “su mundo” hacen aguas por todas partes, habiéndose entonces confundido inteligencia con súper-especialización, buena reproducción de esquemas preestablecidos o una habilidad superior para algo concreto. Todo ello pudiendo ir desde la destreza de mentir a la de investigar. Por ejemplo.

14 de diciembre de 2007

Cuando mucho se habla.

Ahora que escucho tanto en los medios hablar del cambio climático y la necesidad de ahorrar energía, junto con la supuesta concienciación de la sociedad en general, yo me pregunto por qué hay cosas muy sencillas que no se hacen. Tres ejemplos:

¿Alguien en su sano juicio dejaría la puerta de su frigorífico abierta durante horas y horas? Estaremos de acuerdo en que no, porque la tendencia es justo lo contrario; cerrarla lo antes posible. Bueno, pues en la inmensa mayoría de los supermercados, hipermercados y grandes superficies donde compramos en este país, prácticamente todas las cámaras frigoríficas están directamente sin puertas, con lo que mantener su baja temperatura es un gasto energético brutal, además de absurdo. Pero claro, sería una molestia para sus clientes andar abriendo y cerrando cosas, además de no verse igual de bien el producto…

Otra del estilo son algunas no pocas franquicias –de ropa fundamentalmente aunque no solo- que tienen sus enormes accesos a la calle abiertos de par el par. En invierno, así haga un frío de mil demonios, en cuanto atraviesas el dintel de la imaginaria puerta, puedes pasar al instante de 5 a 23 ºc. En verano, por supuesto, la versión es de 34 a 21 grados. Esto no por arte de magia, sino por el egoísmo de algunos “lumbreras” que les importa muy poco el salvaje y estúpido gasto energético que conlleva, con tal de ponerles la entrada así de “fácil” a sus dichosos y felices clientes...

La última, por no aburrir, está en la casa de muchos de nosotros. Ya hace bastantes años que se empezaron a comercializar las bombillas de bajo consumo. Caras al principio, pero ahora con un coste muy adecuado si tenemos en cuenta su larguísimo rendimiento. Entonces ¿por qué apenas se ven en los hogares de la mayoría? Es cierto que no son del todo útiles en algunos casos y que hay que desecharlas con precaución por el mercurio que contienen, pero es que en muchas casas no se utilizan en ninguna lámpara...

Tiembla hielo de los polos, tiembla. Con esta “concienciación” te quedan, me temo, dos o tres telediarios.

29 de noviembre de 2007

¿Qué es antes el huevo o la publicidad?

Es algo que me pregunto a menudo. Quiero decir que rodeados como estamos permanentemente de un número ingente de estímulos publicitarios, uno pierde la noción de si son estos quienes dictan de manera más o menos ingeniosa nuestros hábitos de consumo -entre otros hábitos afectados- o si por el contrario seremos las propias personas, con nuestra inercia y devenir, las que marcamos sin saberlo las tendencias en múltiples aspectos; poniéndoselo francamente en bandeja a todo ese colectivo de los llamados “creadores”.

La reflexión tiene desde mi punto de vista su intriga, ya que en el fondo se trata de dilucidar si somos tan brutalmente manipulables externamente o bien nosotros mismos tenemos el poder de moldear gran parte de lo que acontece a nuestro alrededor. Nos llevan o nos llevamos en definitiva. Basta recordar que la publicidad estudia desde hace años de manera concienzuda y técnica, como hacer para captar nuestra atención, identificarnos y vernos en la necesidad de consumir tal o cual cosa. Las empresas e instituciones, cuidadoras de su dinero por la cuenta que les trae, se gastan fortunas en todo eso con fines muy concretos. Y entonces ¿lo que nos ofrecen es lo que queremos en función de cómo somos? o ¿según como nos muestran las cosas, se tiene la capacidad de condicionar nuestra voluntad y nuestro juicio? ¿No inquieta esto último?

Para los y las que ya tengáis una respuesta en la cabeza, probad a contestar estas otras preguntas. A mi me cuesta. ¿Por qué los coches tienen ahora en su gran mayoría esas carrocerías tan agresivas? ¿Qué motivo hay para que obtengan tanta audiencia los programas de televisión que se sabe son mentira y que además criticamos vehementemente? ¿Cuál es la razón por la que los anuncios de productos de limpieza han seguido prácticamente el mismo esquema durante décadas? ¿No es preocupante que se esté recurriendo actualmente al concepto de luchas pandilleras para anunciar móviles o bebidas gaseosas? ¿Cuál son las relaciones causa-efecto en todo esto?

Lo que si parece estar claro, es que el "antídoto" o "vacuna" a los posibles efectos adversos relacionados con este asunto, está de manera general en la alfabetización audiovisual o digital.

30 de octubre de 2007

Las bicicletas son para muchas cosas.

Hace ahora poco más de un mes que el Ayuntamiento de la ciudad en la que resido, ha instalado un servicio de préstamo gratuito de bicicletas de paseo. La cosa parece que esta en general bien organizada; hay varios puntos con ellas disponibles en la ciudad, en un horario relativamente amplio, con la posibilidad de disponer 4 horas de una de ellas y pudiendo coger o entregarla en aquellos lugares concretados donde mejor le venga a cada cual.

Por lo que informan y se ve por la calle, ha sido un éxito de uso en sus primeras semanas de funcionamiento. 6540 personas de diferentes edades y diferentes otras cosas también, han estado rodando por la ciudad para su disfrute y el de quien les vemos, tanto desde la acera como desde otra bici. La imagen de una ciudad con bicicletas pienso que es agradable por muchas cuestiones. Eso aprendí cuando viví y viajé durante un tiempo por el centro y norte de Europa; más silencio, menos contaminación, una actividad física económica y sana, además de esos semblantes serenos y contentos de quienes se desplazan así de aquí para allá. Le dan a las ciudades ese bello aspecto entre bohemio y tranquilo.

Pero esta cuestión también tiene sus sombras. Las tiene y me duele el haber vaticinado muchas de ellas por lo previsible del asunto. Por ejemplo que dejar las bicis en la calle era un error porque las iban a destrozar - 734 reparaciones en un mes, muchas de ellas no causadas por el normal uso- O que habría que ver si no las robaban -8 desaparecidas en 30 días-. También me imaginaba que iban a suscitar la queja de “los otros” -numerosos usuarios van por las aceras y molestan a los peatones-. Al tiempo muchos ciclistas circulan, para cabreo de los conductores, sin respetar de manera elemental las señales viales, aunque estos, los conductores, se cabrean aquí fácilmente simplemente porque haya bicis en “sus” calles. Pero ese es otro tema…

Quizás sea cuestión de tiempo, el que se normalice y aprenda bien a usar por parte de tod@s este nuevo pero viejo medio de transporte aquí. De momento se demandan más bicis, retrovisores en ellas, más puntos de préstamo… y todo eso indica que hay ganas. Quedémonos con eso o fundamentalmente con eso, sin obviar lo que hay detrás de todo lo demás.

25 de octubre de 2007

Que bueno sería tener poderes.

Hoy os he visto de nuevo. Tendríais veintipocos e ibais en un flamante Golf comprado seguramente por vuestro papa o vuestra mama. Fanfarroneando de no se sabe bien que. Parasteis en el semáforo junto a mí y mirabais con enorme descaro. Los tres con sendas gafas Ray-Ban de esas que os dan aspecto de desagradables moscas. Todos con la sonrisa engreída de serie que os hace pensar que estáis por encima de los demás…

Entonces se acerco él. Con sus ropas sucias y roídas, rasgos de algún país del este y semblante de cansancio; de infinita y profunda tristeza. Portaba un cartel en el que pedía limosna en silencio. A distancia, sin querer incomodar demasiado. Con un paso esquivo por no detenerse demasiado ante otro no, otra indiferencia más en la mañana de un día que se adivinaba largo.

Y vosotros quisisteis darle lo peor y que tanto os sobra, como tantas otras cosas inútiles os pertenecen. No le mirasteis, pero vuestra sonrisa se convirtió a su paso en malévola; voluntariamente dañina. Incluso torno a carcajada socarrona cuando uno de los tres movió los labios, diciendo a saber que “ocurrente” desaire o “ingenioso” desprecio. Mientras aquel hombre seguía su caminar incierto…

Fuimos durante un tramo largo de la calle juntos. No se si de manera casual o siguiéndoos de manera inconsciente. El caso es que unos cientos de metros después, comenzó a sonar un ruido extraño. Vuestras luces de emergencia se encendieron, mientras os cruzabais torpemente de carril para parar a un lado. Por lo visto teníais una avería que sonaba francamente mal y en mi claxon iba un mensaje encriptado de “cuanto me alegro y ojalá que sea algo gordo, malas personas”.

21 de septiembre de 2007

Reunión de vecinos.

Es un clásico entre los clásicos; prácticamente todo el mundo echa pestes cuando habla de las reuniones de vecinos. Yo cuando voy a ellas -que hasta ahora es casi siempre- no doy crédito a creer lo que oigo y veo. Es por eso que estoy intentando entender que hay detrás de lo que suele ocurrir. Ya saben; voces, falta de escucha, todo el mundo hablando al tiempo, malos modos, criticas al aire, egoísmo de cada uno con su problema, la frase de “yo no pongo un duro más” y toda la secuencia típica. Además, efectivamente, esas reuniones suelen ser eso, de vecinos en masculino. Las vecinas no suelen estar y mucho menos participar activamente. O no las dejan o no quieren participar en ese circo…

Pensando sobre el asunto he llegado a simples conclusiones. Por ejemplo que las reuniones de comunidad son el espacio donde la educación del personal se pone más a prueba. La escena estándar del ascensor o rellano con el “hola, hola, a que piso va, pues a tal, que malo hace, si, hasta luego, adiós” no es muy difícil, aunque ya algunos/as dan muestra de inquietantes carencias de habilidades sociales básicas –mirada, tono de voz, distancia, aseo, etc, etc…- Pero claro, llega la reunión de turno y ahí la cosa se complica: habría que dejar que terminen de hablar los demás, escuchar lo que se dice en silencio, plantear cosas coherentes, tener una visión solidaria y global, utilizar argumentos en lugar de insultos o ironías… en fin, cosas muy difíciles en general.

Y luego esta la otra parte. La de ponerse de acuerdo y decidir. Es decir que además de ser un espacio para poner a prueba la educación de la comunidad, lo es igualmente para evaluar nuestra actitud democrática. Y ahí aparece lo de “a mi lo que diga ese señor me da igual”, el ignorar al de la gotera, mezclar problemas, negarse a pagar, no confiar en el presidente, amenazar con impugnar lo votado por mayoría y todo eso. Eso además del ya mencionado tufillo machista que suele presidir el ambiente.

Va a ser que, sencillamente, en educación y democracia necesitamos mejorar.

4 de agosto de 2007

Por la profesora de gimnasia de Gisela Pulido.

Resulta que la niña (Gisela Pulido) tiene 13 años y es cuádruple campeona del mundo de una de esas nuevas disciplinas deportivas –Kite Surf- La acabo de ver en el telediario, dándoselas de cierta importancia y diciendo con sus gafotas Nike ante la cámara “que ya se ha hecho respetar en el circuito mundial”. Claro, para que no quede ninguna duda de lo normalizado de su vida, en el informativo les ha faltado tiempo para decir que combina la competición con sus estudios. Además sin bajar de notable, excepto curiosamente según sus palabras (y aquí viene lo mejor) en educación física que “la pusieron” solo un bien.

La niña en cuestión (con el apoyo del realizador o realizadora) se ha encargado de mandar por televisión un mensaje irónico a su profesora de tal área, dedicándola un saludo repletito de inquina y reivindicando su estatus deportivo. Pero no conformes con tal recital de apoyo al profesorado y el sistema escolar, las dos presentadoras del informativo de fin de semana de TVE 1, una de ellas supuestamente experta en deporte, al terminar el vídeo de la niñita han coincidido con sonrisas que vaya con la profesora de educación física; “que tendría que ir poniéndose las pilas…” La profesora, por supuesto.

Y yo me hago preguntas de esas mías: ¿Acaso ser muy bueno sumando significa que dominas las matemáticas? ¿O tal vez conjugar bien algunos verbos es clara muestra de que el lenguaje para ti no tiene secretos? Bueno, pues algo así es de lo que nos informan nuestras grandes periodistas en este caso, además de obviar los criterios que llevarían a la profe en cuestión a decidir esa nota: Capacidad de esfuerzo, progresión a lo largo del año, rendimiento en diferentes ejercicios, actitud en clase, etc. ¿O es que todo esto no tiene importancia por ser campeona del mundo?

4 de julio de 2007

Mantenimiento de las personas.

Me he estado fijando que el mantenimiento, es un negocio claramente rentable en la mayoría de sectores. Teniendo en cuenta que vivimos, los que vivimos, en un mundo tecnologizado y ampliamente mecanizado, una multitud de cosas que usamos habitualmente, están expuestas a averías más o menos frecuentes, cuya complejidad hace que no sean fáciles de reparar por uno mismo. De este modelo surge todo un sector o negocio, que ya no solo se dedica a arreglar, sino que planifica revisiones periódicas en muchos casos, con tal de prevenir posibles problemas futuros.

Y yo me pregunto ¿quién hace el mantenimiento de las personas? Es curioso que dicha palabra, solo venga relacionada con la gente en relación a una de las principales preocupaciones contemporáneas: el cuerpo; es decir, hay lo que conocemos como gimnasia de mantenimiento. Alguien me podría decir que los médicos realizan esa función, pero los doctores de nuevo hacen especial hincapié en la parte más física de nuestro cuerpo, aunque desde el prisma amplio de la salud. Y yo me vuelvo a preguntar ¿no somos las personas extremadamente complejas más allá de nuestro cuerpo? ¿Qué pasa con los sentimientos, los pensamientos, nuestros comportamientos y las relaciones que hay entre todo ello? Para eso están los/las psiquiatras y psicólogos/as me dirían otros u otras. ¿Pero se recurre a estos profesionales siempre y para prevenir o solucionar problemas que no sean extremadamente graves?...

A mi con todo esto, me surge cada vez con más fuerza la necesidad de que esté más normalizado el concepto de educación a lo largo de la vida. Un "mecanismo" sencillo para entendernos mejor a nosotros mismos y a los demás, permitiendonos progresar al ir aprendiendo cosas nuevas sobre todo tipo de áreas y temas diversos. Creo que ese es el mejor servicio de mantenimiento que podemos tener las personas.

Dos formas equivocadas de educar


12 de junio de 2007

El poder de la imitación.

La pista deportiva que hay justo debajo de mi casa, es un medidor casi infalible del deporte de actualidad que echan por la televisión. O, mejor dicho, de los triunfos españoles que echan por la televisión. Cuando hay Champions League, los peques juegan desaforados al fútbol. En los pasados Mundiales de Baloncesto, utilizaron las habitualmente abandonadas canastas. Los fines de semana que hay Gran Premio de Formula 1 ó de motos, se inventan carreras con las bicis y monopatines. Ahora que ha sido el Roland Garros, la cancha se ha convertido en improvisada pista de tenis. Es curiosísimo este comportamiento, al tiempo que conocido por todos...

Por eso (dando un triple salto mortal con el paralelismo) me resulta tan interesante y bueno el vídeo que han hecho en Australia, para prevenir y concienciar del origen de ciertas conductas. Aquí os lo dejo por si no lo conocéis.

7 de junio de 2007

Algunos niños leen.

Se acerca el verano y aunque este es un país con fama de no destacar por número de lectores (así lo reflejan las últimas estadísticas que lo corroboran), el otro día me encontré esta grata sorpresa en el jardín de la parcela de casa. Si, es un adolescente que lee ávidamente, mostrando el mismo o más entretenimiento que cuando sus congéneres están dando balonazos a una pared (cuando no es un cristal), tirando bolsitas de chucherías al suelo o insultándose a voz en grito (¿que no los oirán y verán sus papas y mamas como lo hago yo, me pregunto?).

En definitiva, como podréis comprender, esta escena me parece más enriquecedora para todos…