Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas

13 de febrero de 2012

Mujeres

Imagen: Rama kio oru

De espaldas llamó mi atención su trabajo. Con calmado esmero, aquella mujer proveniente desde algún lugar del altiplano andino, se esforzaba con cariño en atender y cuidar a quien vivía de forma diferente. A su corta edad, hablar y moverse se convirtió en su reto diario desde la silla articulada donde sonreía. No había nada menos de excepcional, en aquel momento del que iba haber sido un café más en la mañana; dos mujeres con vidas adivinadas de dureza, arropándose mutuamente con eso que la humanidad es capaz de aportar por encima de tantos prejuicios…

Horas después, en medio de ese rato animado que se vive en la cola de una frutería, y mientras las conversaciones en tono jocoso iban de un lado al otro del mostrador, la dependienta de apariencia ruda y formas en ocasiones amables, le dio por compartir cuestiones más personales sin pudor ni tapujos. Entre intimidades de naturaleza biológica, confesaba su recelo al despido por tratar de quedarse embarazada. Y decidiendo entre kilos de si esto o lo otro, me quedé admirando su valentía de frente. El arrojo de no sentirse achantada por un sistema que continua coartando por género, y el hastío de unos escrúpulos demasiado egoístas...

Poco antes de acostarme vino a sobrecogerme la penúltima de muchas historias. Su delito fue el de dar vida a otra mujer, en el territorio donde la barbarie ideológica las ha llevado al ostracismo del sin sentido. Y recordé aquellas palabras de quien tanto me enseñó; "la subyugación a menudo de las mujeres por la propia mujer". El marido que la estranguló por dar a luz una tercera niña, llevo a cabo el brutal asesinato con la ayuda de su madre...

7 de junio de 2009

Esa rabia con miedo

Estaba en 7º u 8º de la antigua Educación Básica y harto de que el grupo de chulitos congéneres se metieran conmigo. Supongo que era esa mezcla atípica de funcionar bien en clase, caerle en general bien a los demás y tener éxito con las chicas; no ser el clásico empollón gafotas, vamos. La cosa es que un buen día en la hora del recreo, me canse de sus intimidaciones, risas y amenazas, así que le dije a un compañero que me sujetase el bocadillo, me gire al que había sido mi amigo unos años atrás y le espeté aquello de “¿tú de que vas…?” Cuando rodeado de los suyos empezó la cantinela de burlas y recibí el primer empujón, una sensación difícil de explicar hizo que le volara literalmente por los aires, para después inmovilizarle con algo de lo que había aprendido ese año con el judo. Recuerdo el corrillo de medio colegio jaleando mientras le tenia allí acogotado y la extrañeza de los profes que vinieron al rescate respecto de quien era “el agresor”… Primera y última vez que me he pegado hasta la fecha, y por si alguien se lo está preguntando, a partir de ese momento el grupo de pequeños mafiosos nunca volvió a "tocarme las narices"…

Cuando el otro día por Segovia presencie aquella escena, la cabeza ciertamente me jugo una mala pasada. Tres adolescentes, tan macarras como gilipollas ellos, se les veía con ganas de fastidiar al personal, así que al primer comentario del niño que pasaba por allí con unos años menos, decidieron hacerle pasar el mal rato. Viéndolo me atrapó esa atenazadora mezcla de ira y miedo, intentando de forma confusa buscar al poli que nunca está para asustar a los cretinos. Mi cobardía o sensatez, vete a saber, hizo que el pobre chico tuviera que aguantar las mamarrachadas durante un buen rato, hasta que la excursión a la que pertenecía decidió que se movía de sitio… Y yo me quedé un buen rato tratando de serenar unas ganas locas de partirles la cara a esos tres y digerir al tiempo un miedo que no me gustaba reconocer ni sentir.

10 de septiembre de 2008

Complicarse... o no

Ya van unas cuantas veces que escucho a alguien decir, cuando se habla de cine, que él o ella pasan de ir a ver películas de esas que hagan pensar; que ya bastantes desgracias tiene la vida, dicen, para ir a pasar un mal rato y comerse la cabeza. Por eso, supongo, el cine llamado de entretenimiento, vacío desde mi punto de vista y a menudo simplón –pese a unos efectos especiales de millones de dólares- arrasa en las taquillas, descargas en la red y en menor medida y directa relación alquiler de pelis en un videoclub, a tenor de los que han ido cerrando en el último año y la cara rara de la gente cuando digo que aún alquilo largometrajes. Aunque ese es otro tema y no conviene mezclar.

A lo que voy es que es cierto. Si uno ve con frecuencia determinadas historias en la gran pantalla, elige algunos programas cuando hace zaping, lee cierto tipo de publicaciones o revisa determinados sitios en Internet, por poner algunos ejemplos, complicarte sí te complicas un pelín. Puede pasar que sin proponértelo te acuestes pensando en el funcionamiento de la economía de mercado, te descubras al pasear encontrando ejemplos de globalización, surgiendo dudas en tu cabecita sobre en que condiciones laborales se habrá hecho esa ganga made in que ibas a comprar, o preguntándote por si es muy ecológico tal o cual gesto cotidiano catalogado como de los que proporcionan calidad de vida...

Luego, como decían los Celtas Cortos, todo es ponerse. Le vas mezclando unas dosis de los rudimentarios conocimientos de historia que uno pueda tener, lo aderezas con lo que vas descubriendo de las distintas ideologías políticas, intentas desenmarañar la influencia que las religiones han tenido y tienen en tantas cosas, reflexionas sobre la evolución de muchos acontecimientos y porqué se está donde se está respecto a cada lugar geográfico, cada tema... Te da por analizar los pros y contras del sistema democrático, el capitalismo, el neoliberalismo y todos sus secuaces, al tiempo que lo comparas con otras posibles formas de gobierno, otras utopías tal vez, mientras sufres, te avergüenzas, sientes frustración y eres cada vez más consciente de lo jodida y maquiavélicamente interrelacionado que esta todo.

Y algo me rechina en ese no querer pensar como punto de partida permanente…

4 de marzo de 2008

“ ¡Es que tengo mucho carácter! ”

Habrán oído esta expresión a más de una persona. Yo al menos unas pocas de veces. Normalmente se justifica con dicha frase los exabruptos o desaires hacía los demás, sin plantear alguna inquietud personal tal auto-engaño. Lo es, ya que si bien todos nacemos con una cierta predisposición a funcionar de una manera más o menos impulsiva –los expertos llaman temperamento a esta base biológica preestablecida del comportamiento- no es cierto en absoluto que ante esa tendencia solo cabe dejarse llevar, haciendo y diciendo lo primero que le pida a uno el cuerpo. Es de ese error de donde parte el cómodo y simplista argumento de “es que soy de esa forma de ser y no lo puedo evitar; tienes que aceptarme tal y como soy” Así, con el imperativo por delante. Esto mismo los y las más refinadas lo camufla en frases como “lo que pasa es que mi forma de hablar es muy vehemente”… Y perdón pero no.

Como en tantas otras cosas en relación a las personas, la educación da explicaciones y respuestas a multitud de cuestiones relacionadas con nuestro comportamiento. Si bien no con todas de forma absoluta, incluso en cuestiones de tipo innato la educación puede jugar un papel muy importante cuando hablamos de aprender a convivir. A lo que voy es que si una persona es desagradable, agresiva, muy competitiva o intolerante en sus reacciones, por poner solo algunos ejemplos clásicos relacionados con el “yo es que soy así”, lo que verdaderamente significa tales reacciones son aspectos como dificultad personal en la gestión de las emociones (rabia, nervios, frustración, etc.) poca habilidad para defender ideas y/o derechos sin vulnerar los del otro (lo que los técnicos llaman asertividad) o la puesta en marcha de inadecuados mecanismos de compensación-defensa en relación a las debilidades que cada cual tiene (ante la inseguridad, por ejemplo, se puede optar por vocear, ridiculizar, aislar… o bien por escuchar, preguntar, reformular...)

Casi todo lo que hacemos y decimos tiene mucho de hábito adquirido por medios muy diversos. Es así como se va configurando nuestro carácter a lo largo del tiempo, teniendo este por tanto un fuerte componente aprendido y cultural, que va modulando el temperamento con el que nacemos. El compendio (artículo extenso) da como resultado nuestra personalidad. Es solo que hay dos posturas ante eso: Por un lado el conjunto de personas que se esfuerzan paulatinamente en ir mejorando sus comportamientos; es decir seguir aprendiendo para llegar a lograr sus objetivos sin dañar a otras personas. Y por otro, un segundo grupo estancado en una forma tan habituada de reaccionar, que o bien no se la cuestionan porque piensan que es la forma acertada –ignorando como hace sentir a los demás- o bien no están dispuestos a cambiar por el importante esfuerzo que eso les conllevaría, además de no querer renunciar al grado de poder que eso les da. Pero lo cierto es que si verdaderamente se está concienciado, se puede aprender poco a poco a funcionar de manera diferente en prácticamente cualquier área de la vida y a cualquier edad. Por eso los y las del “es que yo soy así”, no nos pueden intentar seguir haciendo creer –ni a ellos mismos tampoco- que hay que aceptar sin más esa parte de su mala-educación, adornándola de una medida en positivo inexistente: No se tiene “mucho” o “poco” carácter, simplemente se desarrollan o no determinados rasgos en base a como vamos afrontando las situaciones.

La pelota está por lo tanto en su tejado, pero pueden bajarla de ahí… Si quieren, claro.

18 de octubre de 2007

Las casualidades no siempre lo son.

He visto el reciente programa de TVE “Tengo una pregunta para usted”. Ese en el que gente del pueblo, elegida con mecanismos estadísticos, pregunta cosas directamente a los políticos. Estuvieron los lideres de Izquierda Unida, Convergència i Unió y Esquerra Republicana de Catalunya. Ha sido interesante desde mi punto de vista. He escuchado ideas, reflexiones, debate, un discurso más fresco de lo habitual... Entre todas las personas que han participado, lógicamente se intuían diversidad de posturas y planteamientos tanto por sus interrogantes como las replicas. Hasta ahí nada de extrañar, es más, eso es lo deseable en democracia ¿no? Cada uno o una ha cuestionado según lo que pensaba a su interlocutor, comportándose de forma respetuosa.

Ha sido en el turno de Carod-Robira cuando ha pasado lo triste, lo lamentable. Dos personas, una hombre otra mujer, una joven y la otra no, una titubeante y la otra altiva, pero eso si, las dos con marcado ademán conservador y mira tu que cosas de Castilla y León (Valladolid para más INRI) han sido quienes de manera análoga han querido mostrar su desacuerdo con “lo catalán”, diciendo forzádamente el nombre de este representante traducido al castellano. Esto ha molestado al político, que les ha interpelado diciendo que él así no se llama y pidiéndoles abruptamente, también es cierto, que lo pronunciaran como es en realidad su verdadero nombre. Y es que resulta que en castellano, para quien no lo sepa, hay acuerdo de que no se traducen los nombres propios…

La “inteligente”, “culta” y “nada agresiva” contestación de dichas personas, fue decir que no “entienden” catalán, ni tienen ningún interés en “aprenderlo”. Ahí es nada… El vicepresidente de la Generalitat les ha dejado en evidencia con tres astutas preguntas: ¿Por qué dice usted entonces cualquier nombre de actor, político o deportista conocido en otro idioma que tiene traducción al castellano? ¿Y como es que necesita tanto tiempo para aprender a decir Josep Lluís y si sabe decir Schwarzenegger o Schroeder (excanciller alemán)? ¿Cómo quieren que estemos cómodos en España con esa actitud?

Y así, al margen de la ideología de cada cual, nos han enseñado gráficamente porque a cada uno le va como le va siendo quien es. Al fin y al cabo estoy de acuerdo con Arturo Pérez-Reverte en que las sociedades tienen los políticos que se merecen. Eso y que quien no sabe defender sus ideas con argumentos sólidos en democracia, solo sabe “tocar los cojones”… o “volarlos” si tiene ocasión.

16 de septiembre de 2007

Toro de la Vega

Recientemente tuve la mala fortuna de tener que trabajar unas semanas en Tordesillas. Sí, ese pueblo que demuestra cada año su inteligencia y buen hacer con el dichoso Toro de la Vega -perseguir y matar un toro a lanzazos-. También me he pasado varios días, viendo a muchos oriundos del lugar en los informativos de diversas cadenas; y ya esta bien de aguantar o permitir tanta bravuconería cerril.

El principal argumento de los que apoyan tal aberración allí –por lo visto la mayoría del pueblo- es que es una tradición que “viene celebrándose desde el mil quinientos y algo…” Dicha concreción en la fecha ya apunta de lo fornido del argumento, recordándome que en dicho pueblo casi nadie sabía cuando le pregunté, de la existencia de una biblioteca pública en su “extenso” pueblo –ya no digamos que está en la Casa del Tratado- por no hablar, por ejemplo, del increíble índice de abandono escolar prematuro que me encontré entre su población de 20 a 30 años, sin querer salir del pueblo y mucho menos de aprender algo que implicara un mínimo esfuerzo. Y así suma y sigue…

Pero es que además, recurrir a que algo lleva haciéndose mucho tiempo como única razón para blindarlo, es un argumento tan pobre y poco consistente, que si por él fuera la gente de los pueblos seguiría perteneciendo al noble o terrateniente de la zona, trabajando para él de sol a sol por algo de alimento y teniendo que callar si le apetecía trajinarse a su hija cuando le viniese en gana; “Como se ha hecho desde siempre”. También podríamos seguir quemando a la gente en la hoguera, o colgarla de un árbol sin juicios de por medio. Practicas todas ellas que comparten mucha fecha de antigüedad si de eso se trata.

Con todo, no espero que alguien aquí le eche pelotas u ovarios para prohibir por ley tal barbarie, junto a otras del estilo. Lo más probable es que, tristemente, tengamos que esperar a que Europa nos lo prohiba desde Bruselas y así, no tengamos que seguir soportando a uno de esos locales haciéndole la señal de cortarle el cuello a quien se manifiesta en contra, o al otro diciendo que hay que matar a quien lo quite, o al primo de este agrediendo a la periodista que quería grabar como preparaban al pobre toro elegido. Muy valientes son algunos de Tordesillas. Y como se ve muy listos también.