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18 de junio de 2013

Sintiendo

Viajando por un mundo íntimo y apasionado,
miro por el crisol de una original belleza.
En cada detalle, en cada acontecer del otro,
la cotidianidad se torna a veces sensual;
algo más plena.

Camino descubriéndome,
como en un gesto,
esperando en calma la sencillez de los momentos.
El abrazo silencioso de esa sonrisa.

Aire en los días que recorren los sentidos.

De Albero Varela en flickr

Y me dejo acompañar de su naturaleza pasajera.
La enigmática impermanencia;
este transcurrir de todo.
Una libertad sin miedo para llenarse de afectos.
Esa invitación, si acaso, a la emoción intensa.

26 de julio de 2012

Lucas

Los viajes guardan siempre sorpresas variadas, y Eslovenia tenía preparadas unas cuantas de colores diversos. Lucas, en las últimas horas del vuelo de regreso, fue una de las que me provocan en ocasiones este martilleo arrítmico de las teclas con los dedos.

Imagen: MiRt@
Hay algo de conocido en la parafernalia previa a tomar un avión, cuando los números pasan al olvido de cuantos se fueron tomando. Y sin embargo esta vez en Zurich, la aproximación atascada hacia el asiento asignado, sorprendió de inicio al descubrir a ese diminuto ser rubio mirando abstraído por el ventanuco. Durante los primeros minutos, las conjeturas iban desde que sus familiares andarían en las filas cercanas, al asombro de que nadie se diera la vuelta para mirarle o decirle algo. Él mientras tanto, permanecía absorto en su observación con un silencio introvertido. “Lucas viaja solo” nos dijo una de las sonrientes azafatas poco antes de despegar, por si en un momento pudiera necesitar algo a sus cinco años. Y la expectación creció al mismo tiempo que la ternura ya despertada hacía rato.

En la maniobra de despegue, se le oía canturrear como quien se tranquiliza a sí mismo, por lo que poco a poco, y con la precaución de no agobiarle, fuimos preguntándole alguna cosilla que le hiciera sentirse acompañado, regalándonos progresivamente la confianza que los niños suelen otorgar con rapidez, a quienes entran en su mundo con naturalidad y respeto. Con su especial forma de hablar, comenzó a contarnos sus cosas; la sonrisa de satisfacción al decir que llevaba la maleta de su mama, que quien le esperaba en el aeropuerto eran sus abuelos para irse al mar levantino, que no era la primera vez que volaba aunque si solo porque ya podía hacerlo... Lucas hablaba con el personal de vuelo en alemán y con nosotros en español, pero lo más sorprendente era verle gestionar sus tiempos y sus cosas de manera discreta y concienzuda. Ahora repaso el papel de seguridad en el avión, ahora elijo el bocadillo que me gusta, ahora leo un poco este cuento, ahora necesito ir al servicio… Y claro, como cualquiera que le gusta compartir su viaje, nos avisaba con entusiasmo para ver los paisajes, hablaba del sentimiento de "poquito miedo" que le daban los meneos y sensaciones del aterrizaje, o nos informaba de las precauciones a tomar en caso de tener que usar el chaleco salvavidas.

Imagen: Fausto II
Creo que ya nos tenía conquistados a muchos de su alrededor, mucho antes de que de manera autosuficiente se prepararse para salir del avión. Era chocante verle buscar el cinto de seguridad primero, y la mochila con sus cosas después, para tras un coscorrón para alcanzar la chaquetilla del suelo, darse cuenta del simpático lío: "¡anda! pero si tengo la mochila puesta y se queda debajo de la cazadora, así no es...” Finalmente resuelto el entuerto, se colgó los prismáticos como el explorador que ya apunta ser, para esperar pacientemente todo el proceso de aterrizaje. Y así nos quedamos un ratito con él para que no se sintiera solo, hasta que todo el pasaje abandono ese vuelo que no fue como otros, y la responsable estuviera lista para acompañar a quien ya siempre permanecerá en nuestro recuerdo.

En la cinta del equipaje, mientras esperaba en primera fila el tesoro que era para él la maleta de su madre, y les contaba a sus yayos que con nosotros había hablado mucho, se despidió con esa sonrisilla que te enciende sentimientos tan hermosos.

21 de junio de 2012

Estupenda sonrisa

  Imagen: Jmacias

Hoy garabateo sonrisas.
Lindas, relucientes, simpáticas, divertidas.
Lo hago porque me sale.
Así no más; simple vitalidad encendida.
Recuperando viejos motes,
acompañando momentos al día.
Es la juerga de lo cotidiano,
gestos en dosis complacida.
Si me miras yo te invito.
Cuando lo hago me maravillas.
Ven, no te lo pienses,
únete a esta guisa.
Bocado a la manzana jugosa,
  dale que no está prohibida.


7 de diciembre de 2011

Encontrándose

Subieron al coche con apenas unas horas de conversación entre ellos, y las vibraciones que a veces un sexto sentido, o la suma de los otros cinco, dan para embarcarse en un viaje a dos cuasi-desconocidos. Por delante, el proyecto ilusionado de una primera experiencia conjunta; tenía pinta de fin de semana interesante, así que solo hizo falta el empujón del atrevimiento por parte de ambos. Su destino elegido el del “espacio común” de la montaña. Aquel encontrado entre algunas cervezas nocturnas, a modo de inicial referencia en la que quisieron confiar.

Aquella incertidumbre previa, se diluyo de forma natural apenas pocos segundos después. Mientras salían de la ciudad, una charla distendida y reconocible ya para ambos, fue configurando un ambiente que se mostraba muy agradable. Entre risas y anécdotas de sus vidas, surgieron también los primeros silencios; nada tan placentero entonces como encontrarlos sin sensación de incomodidad. Y así, relajadamente, las horas rodaron con tranquilidad por la autovía, saboreando el gusto de poder compartir ese tiempo y ese espacio hasta llegar a su destino.

Fuente: Ayuntamiento de Ramales de la Vitoria

Tras varios paseos a ninguna parte, conocieron quienes serían sus “peculiares” anfitriones. Algunas preguntas, mapas diversos y ese desconcierto percibido que, por alguna razón, resultaba extrañamente simpático. A veces sus miradas quisieron encontrarse, buscando la complicidad de quienes todo les resultaba tan ajeno como disparatado. Sería la mañana siguiente la encargada de disipar algunas de sus dudas de tipo más práctico: Pudieron entonces, cual era su deseo, colgarse de aquella pared de sensaciones novedosas; caminaron después, durante algunas horas, por el bosque de los duendes invisibles; e incluso tuvieron oportunidad de extraviarse, en un corto pero intenso momento, por aquel camino que jugaba al despiste con quien osaba adentrase sin ser lugareño.

Tal vez, casi al tiempo que se perdían, aquella incipiente amistad apenas se daba cuenta de que ellos comenzaban a encontrarse…

25 de julio de 2011

La Habana y aquellas primeras sensaciones.

Cuando aterrizas atardeciendo en el aeropuerto José Martí, uno presupone, por lo que ha leído antes, que llegará de noche a la Habana. Por lo general, mujeres vestidas de militar, son quienes tramitan el fatigoso proceso fronterizo; esto es, foto digital y sellado de visado en un rudimentario cubículo para abrirte una inquietante puertezuela mecanizada, médicos que firman papelillos con alguna insospechada conformidad, y finalmente el proceso aduanero que, de facto, es muy diferente si eres o no cubano. Increíblemente, nadie se percató de las dos grandes bolsas llenas de medicamentos que decidí transportar allí como ayuda, las cuales tuve que sacar in extremis de la maleta retractilada, para no meterme en problemas con sus normas, según se nos informó ya en el vuelo para mis nervios. Entre espera y espera de largas colas, me preguntaba por esa curiosa estética uniformada de aquellas féminas (que no parecían estar ahí por casualidad) luciendo de igual forma galones, minifalda verde militar y medias de extravagantes dibujos en sus piernas.

De entrada en la ciudad, una inquietante y extensa penumbra acompaña las calles de la gran capital. Entre edificios coloniales desvencijados y otros torreones de arquitectura sovietica, el espacio aparece por lo general bastante vacío, y una lúgubre sensación lo invade casi todo. Tras la llegada al hotel del que luego conocí su pasado mafioso, y el resoplido en la habitación que contenía las muchas horas de viaje acumuladas, la curiosidad me hizo bajar al filo de la media noche, para tomar un primer contacto en medio de la Habana Vieja.

Reconozco que mis primeros pasos fueron titubeantes y con algo de recelo en el cuerpo. Esa oscuridad descrita y el desconocido contexto que me rodeaba, hizo que los prejuicios asaltasen en mi cabeza. Así que llegó el momento de decir, bueno, esto va a ser así, por lo que simplemente dejate llevar y no te “acojones” de inicio. Entre varios “¿taxi señor? No gracias” me adentré en el Paseo de Prado, para ser agasajado con las primeras de las mil sonrisas que las hermosas, y demasiado jóvenes jineteras, me dedicarían a lo largo de los días en mi transitar por aquellas calles en solitario. Junto a ellas, el abordaje frecuente de dicharacheros y treintañeros mulatos, con su lamigoso comienzo de “Hello my friend; where do you come from?” -es gracioso que nunca me ubican bien en los diferentes países- Como sin darme cuenta, entre miradas entrecortadas y “soy español, solo quiero dar un paseo” mis primeros pasos me llevaron directamente al famoso Malecón. Salidas de no se sabe donde, un sin fin de personas se asientan en su largo muro; familias, grupos, adolescentes, enamorados... Es un ambiente tranquilo, humano, aunque para mi desconcertante. De igual manera y como un murmullo del oleaje, seguían chistándome desde el costado entre cómplices guiños y sigilosos “hola guapo” con acento caribeño. En ese escenario, todo tipo de estímulos viajaban por mi curiosidad observadora.

Así, las primeras horas finalizaron con un largo paseo a lo largo del viejo rompeolas, en compañía de un cubano ya maduro y con, entre otras cosas, ganas de conversación, que se disgustó por no querer irme a tomar unos rones con él, al cabo de casi una hora de charla caminada. El cansancio y mi desconfianza a su permanente “me entiendes”, hizo que declinase a adentrarme con su sonrisa entre las callejuelas anexas. Me acosté asumiendo que todo el que se acercase iba, de una u otra manera, a pedirme algo, que se iban a acercar continuamente ese y no otro tipo de autóctonos, y qué, así es, casi todo el mundo acabaría o empezaría por ofrecerme sexo con mujeres a cambio de dinero.

24 de julio de 2011

La Habana, Cuba.

A medida que viajas, los sitios que visitas dejan de ser lugares abstractos y a veces artificialmente adornados que figuran en tu cabeza. Pese a que unos días nunca te permite conocer más que una pequeña parte, la actitud y unos ojos bien abiertos, junto a unas piernas que quieran andar camino, dejan mucho rastro de lo que son y lo que ocurre en ellos.

La Habana fundamentalmente me ha dejado sensaciones confusas y en su mayoría feas. Tal vez tendría que intentar contar algo de lo allí percibido. Lo intentaremos.

4 de mayo de 2008

Las personas que se quedan

Hay gente que por uno u otro motivo decimos que va “perdiéndose” por el camino… También la hay que decide establecerse en un determinado lugar durante una larga temporada… y sin embargo no, no están ninguna de esas situaciones y sus protagonistas ahora en mi cabeza, aunque pudiera pensarse lo contrario. Lo que en realidad mascullo mientras tecleo, lo que en ocasiones llega a obsesionarme, son esos otros seres que habitan dentro de cada uno de nosotros. Un numero inconcreto de personas que por alguna razón, a veces enigmática y otras bien conocida, se quedan alojadas en nuestro recuerdo a lo largo del tiempo; a veces ya para siempre.

Yo tengo un buen número de estas personas en mi mente. Quizá porque el trabajo y mis vivencias llevan años brindándome la oportunidad de conocer a personas muy diversas, o tal vez por esa curiosidad mía de observar tantas y tantas cosas… La cuestión es que a algunas de esas personas las conozco en profundidad, otras están de algún modo en proceso de que estrechemos lazos, mientras que apenas sé nada de un buen numero de ellas. Y es curioso porque las que más me suelen impresionar, aquellas que me dejan con un “pellizco extraño en el adentro”, suelen cruzarse en mi camino fugazmente. Muchas de las veces por lo que unos llamamos casualidad y otros destino. Una mirada, una sonrisa, el intercambio de unas pocas palabras o un comportamiento apenas perceptible. Algo pasa y se queda ahí grabado el niño, la anciana o el adulto, a la espera de que un momento fortuito me permita rememorarla, sin llegar a comprender bien lo que en ese momento sucede.

Va desde aquí mi recuerdo, por todo lo que esa gente me va aportando a menudo sin saberlo… y que es mucho.

26 de diciembre de 2007

El viaje de nunca acabar.

No pensé que sacar unos billetes de tren pudiera ser tan complicado, por no decir tormentoso, pero me equivoqué una vez más al confiar en que las cosas se organizan por lo general bien. Juzguen ustedes mismos y no pierdan detalle aunque sea larga la cosa. Todo empieza con el anuncio a bombo y platillo por parte de RENFE, de que “han mejorado” su portal de Internet para facilitar más servicios, incluida la compra de billetes con grandes descuentos. Estupendo, pensé. Ya había tenido alguna mala experiencia en la estación, con alguno de sus pseudo-funcionarios que no cumple ni una sola de las habilidades que requiere su puesto, así que creí que no volvería a tener que soportarlo.

Al meterme en la página a primera vista me resulto sencilla. Fui animado a picar de inicio en el apartado de nuevos descuentos y este ni se inmutó. Mal empezábamos. Sin perder la confianza traté de enlazar con el apartado de venta de billetes y ahí lo que apareció, desconcertantemente, fue información sobre tipos de descuentos, pero sin posibilidad de elegir nada porque nada era enlace. El remate de la jugada estaba en un extremo, avisando de que es necesario tener instalada una última versión de algo en el ordenador para ver correctamente la página. Y yo pensé “si mi ordenador que es bastante nuevo no lo ve, ¿quien lo puede ver entonces?”. ¿Y por qué tengo que descargarme nada si luego es fácil que de problemas? Finalmente, y ya mosqueado, intento ver por lo menos si hay horarios que me interesen; a partir del 8 de diciembre no figuraban trenes con mi destino –una capital de provincia-

Me armo de paciencia y me voy a “información” de la propia estación. Allí una señora a través de un cristal blindado, me suelta dos o tres ironías contra su empresa cuando le cuento que la página no va bien. Dice, muy molesta, estar igual de desinformada que yo y me da un 902 -teléfono barato como bien saben- a ver si ahí me pueden decir algo. Yo ya empiezo a alucinar. Llamo, que remedio, al dichoso número y ahí me cuentan todo panchos que por un lado tengo que desactivar los mecanismos de seguridad del ordenador, y por otro que las bases de datos no están actualizadas y tardarán unas semanas –esto en Navidades, con lo fácil que es quedarte sin billete como no seas previsor- Con todo conseguí comprar solo un ticket de los cuatro necesarios, no sin antes pasar toda otra odisea con un nuevo sistema de seguridad que emplea el maldito servicio. La cosa consiste en verificar tu identidad entre la empresa y el banco, poniéndose en contacto contigo a través del móvil. No digo que no este bien, pero tienes que darte de alta, conseguir el enésimo PIN de tu vida y todo así de repente y por sorpresa. Tampoco la del banco se enteraba un carajo ciertamente. ¡¡ Brrrrr !!

Ante la imposibilidad de conseguir todos mis billetes autónomamente, me acerqué una vez más a la estación para comprarlos como "to´la vida" y sin descuento. Por supuesto allí estaba el vendedor citado, tratando mal a todo el que se sentaba enfrente suyo. Tras 30 minutos de larga espera llegó mi turno, con el intento de colarse por parte de un tipo pese haber numeritos. La “suerte” definitivamente no estaba de mi lado. Esta vez me atendió un novato, pero muy, muy novato. Se equivocó sin exagerar 10 ó 12 veces con sonrisa nerviosa, y si no es por la ayudante que había a su espalda, no consigo el segundo de los cuatro billetes ansiados. Ahora resultaba que la venta de determinados pasajes es solo y exclusivamente 15 días antes, aunque para decírtelo incomprensiblemente te tienen que pasar la tarjeta de crédito. Me toca volver unos días más tarde cuando cumplía ese “extraño” y reducido plazo. El expendedor en esta nueva ocasión, un señor orondo y extrovertido, me dice para mi perplejidad que no le sale en el ordenador y que lo de los 15 días es “la teoría”, en la practica 14 o 13…

¿Saben cual es uno de los eslóganes de RENFE ahora?: Vamos al futuro ¿Subes? Y yo pienso que no se si están de broma.