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4 de abril de 2013

Un día laborando

Antes de solicitar el correo a aquella chica italiana para poder incorporarlo a su perfil -no vayan a pensar-, un hombre marroquí me preguntaba atropelladamente sobre unos molestos papeles a rellenar, para pocos minutos después, entre el tumulto de un voluntario paseo por la Castellana, aquel grupo de indios reclamara mi atención en su antigua lengua colonial, inquietos por confirmar la dirección a la que equivocadamente andaban. Luego, la fina pero incómoda lluvia se disipó bajo el laberinto siempre sórdido de pasillos subterraneos, cuando mi mirada complacida se cruzó con la intención y escondido talento de un joven senegales, apurado en su gesto, que compartía con nobleza e ingenuidad sus solitarios cantos. Y llegué así al rincón acristalado donde me esperaba el grato dialogo de una amistad que perdura, mientras saboreé una caña servida por las manos de una resuelta mujer eslava... No fue difícil, convendrán, entender al yonqui nativo que me abordó al salir, cuando desde una de las esquinas próximas, y con el ralentí de quien va calmadamente 'puesto', me dijo antes de aventurarse a pedirme nada aquello de "oye, mira, ¿tú hablas español?"...
Imagen: Drubens
El tren de regreso trajo a mi el cansancio de estos cortos pero de alguna forma largos viajes, el regusto de otras vivencias; sus sensaciones, al tiempo que  la melodía “De amor y casualidad” en boca de Jorge Drexler, haciendo que conscientemente cerrase los ojos; queriendo ignorar las infinitas pequeñas pantallas que, por momentos, parecían abducir a todo aquel que me rodeaba desde su mundo virtual.

17 de diciembre de 2011

Gratitud

A veces ocurre. El tiempo hace re-colocar algunas sensaciones y sentimientos; otras no. Ayer pude recoger un buen puñado de cariño en las vertientes más diversas de sus depositarios; voluntarios, antiguos compañeros y compañeras, familiares ajenos, algunas personas a las que siento como amigos de los que uno apenas ve, y por supuesto aquellos con los derroché energía y ganas de ayudar como terapeuta, para que sus vidas caminaran de otra forma.

ABRAZO-1-BIS

Imagen: CICLOPE3

Abrazos alejados del compromiso, sonrisas sinceras, apretones de manos, caras de sorpresa agradable, y un gran número de gestos que devolvían lo sembrado durante aquellos años tan intensos, ya grabados para siempre en mi. Aparecieron recuerdos torpemente colocados en la memoria, las ganas de compartir más de forma confusa, y la certeza tranquilizadora de que las cosas, muy posiblemente, se hicieron relativamente bien.

De entre todos él. Con aspecto del Aute más seductor, apareció con su pareja en uno de tantos giros entre el gentío. Fueron muchas las horas de esfuerzo, desconcierto, de análisis y de tratar de descifrar juntos los misterios que nos hace ser quienes somos en nuestros errores. “Me acuerdo mucho de ti y de lo que hablamos” me dijo, mientras sentía su achuchón emocionado, en el retroceso fugaz a las vicisitudes y desesperaciones compartidas. El verle bien y sentirme parte de eso, es algo difícil de explicar; es ese agradecimiento mutuo.

23 de octubre de 2011

Las sombras del empleo y el desempleo.

Mientras caminaba sin rumbo por el placer de pasear, sonaban ocho campanadas en el Ayuntamiento de una esplendida y noctámbula Plaza Mayor. Había llegado el fin de semana, y entre curioso y meditabundo observaba la vida de los otros. Hay tantas otras historias con las que uno se cruza por el camino, que a menudo pienso qué sería de encontrarse con ellas en otras circunstancias; aquellas que permiten la comunicación, más allá del cruce fugaz y enigmático de algunas miradas...

Imagen: Inguralde

Entre vidas anónimas, instantes antes me di cuenta de que iba a cruzarme con mi futuro interlocutor. Hubo, lo reconozco, ese impulso seminstintivo y raro de no tener ganas de saludar. Tal vez fui lento de reflejos, o quizá simplemente es que en realidad tampoco me disgustaba la idea.

- “Hola ¿cómo estás?” me dijo algo titubeante.

- “Pues más o menos” respondí yo.

Es curiosa la buena dosis de extrañeza e incomodidad, que suele generar el responder de forma diferente al esperado “bien”... Pero esta vez no fue interpelado y yo lo agradecí.

Durante algún tiempo, años atrás, ambos estuvimos enfangados en el arte de mentir pseudo-profesionalmente; todo muy serio, eso si... Él prosiguió estos años coordinando uno de tantos mundos del podía haber sido y no es. Yo me alejé de aquél “teatro”, en la creencia sincera de que otros “escenarios” y otros “papeles” aguardarían sin duda con mayor interés... Como responsable, su obligación era pedirnos cierta cuota de falsedad implícita, y sin embargo a mi siempre me pareció tan enfangado como los demás; dentro del engaño colectivo de otra estructura podrida. Tal vez por todo eso, y también por otras muchas cosas más, me dejó confuso y triste su actual situación de parado. Con su aspecto de hombre sencillo, bueno y prudente, esperaba incrédulo la decisión de los mentirosos de vocación y casi profesionales del asunto. Deseoso de la licitación que continuase el absurdo, permitiéndole seguir con su vida y la de su familia.

“Tengo el miedo metido en el cuerpo” se despidió.

24 de junio de 2011

Subvenciones

Estos días estoy en medio de un entuerto en forma de conferencia, para hablar sobre un tipo de subvenciones desconocido a ambos lados del estrado... Y tengo tentaciones de comenzar con esto que me he encontrado hoy:


Aunque en el fondo sé que no me atreveré...


4 de mayo de 2008

Las personas que se quedan

Hay gente que por uno u otro motivo decimos que va “perdiéndose” por el camino… También la hay que decide establecerse en un determinado lugar durante una larga temporada… y sin embargo no, no están ninguna de esas situaciones y sus protagonistas ahora en mi cabeza, aunque pudiera pensarse lo contrario. Lo que en realidad mascullo mientras tecleo, lo que en ocasiones llega a obsesionarme, son esos otros seres que habitan dentro de cada uno de nosotros. Un numero inconcreto de personas que por alguna razón, a veces enigmática y otras bien conocida, se quedan alojadas en nuestro recuerdo a lo largo del tiempo; a veces ya para siempre.

Yo tengo un buen número de estas personas en mi mente. Quizá porque el trabajo y mis vivencias llevan años brindándome la oportunidad de conocer a personas muy diversas, o tal vez por esa curiosidad mía de observar tantas y tantas cosas… La cuestión es que a algunas de esas personas las conozco en profundidad, otras están de algún modo en proceso de que estrechemos lazos, mientras que apenas sé nada de un buen numero de ellas. Y es curioso porque las que más me suelen impresionar, aquellas que me dejan con un “pellizco extraño en el adentro”, suelen cruzarse en mi camino fugazmente. Muchas de las veces por lo que unos llamamos casualidad y otros destino. Una mirada, una sonrisa, el intercambio de unas pocas palabras o un comportamiento apenas perceptible. Algo pasa y se queda ahí grabado el niño, la anciana o el adulto, a la espera de que un momento fortuito me permita rememorarla, sin llegar a comprender bien lo que en ese momento sucede.

Va desde aquí mi recuerdo, por todo lo que esa gente me va aportando a menudo sin saberlo… y que es mucho.

9 de marzo de 2008

Trampas de la mente

Joaquín Sabina escribió en una de sus tantas geniales canciones “al lugar donde fuiste feliz nunca debes tratar de volver”. Supongo que a lo que él se refiere entonando esa estrofa, es a la torpeza de intentar revivir algo que uno guarda con muy buen sabor de boca, creyendo que simplemente es cuestión de estar de nuevo en el mismo sitio…

Hay más jugarretas del estilo y sin darnos cuenta no es tan raro que nos empeñemos en estampanarnos contra ellas. La vivida reciente, es haber sido tan incauto de imaginarme como serían muchas horas de mi día a día, con algo que todavía no había ocurrido y que ni siquiera tenía el grado de certeza. Y así más de una y de dos veces, en ocasiones con los ojos cerrados y otras abiertos, he visto nítidamente muchos momentos recreados paso a paso en mi cabeza. Estoy casi seguro de que hubieran sido agradables de haberlos vivido, solo que fruto de esa no-realidad, es probable que les añadiese además algunas otras bondades.

Un mal día no hice caso al timbre del interfono, porque mi atención se centraba en escuchar con ansiedad el de un teléfono demasiado silencioso. Estúpido de mi, hasta que no baje al buzón no me percaté de que no habría tal llamada, pese a que el cartero trato de avisarme con los medios a su alcance. Había caído en el viejo cuento de “La lechera”, solo que esta vez sustituyendo la avaricia de su protagonista, por el deseo de simplemente querer estar a gusto trabajando de forma sencilla… Y las cosas no ocurrirán como las estaba imaginando, porque simplemente no ocurrirán. Al menos no de momento donde tanto me hubiera gustado…

14 de febrero de 2008

Va por ti

Victoriano trabaja en una gran superficie de esas muy conocidas. Aunque su aspecto es rudo y tosco, es mi dependiente preferido. Cualquiera diría a tenor de su apariencia, que es jornalero de la metalurgia en los altos hornos o que alicata baños a destajo para una constructora -por poner dos ejemplos a bote pronto-. Pero no. Su forma de ganarse el sueldo para pagar las facturas y algún que otro placer mundano, no es otro que dispensar lo que se tercie en la sección de charcutería de la citada gran empresa.

Simpático, lo que se dice simpático no es, aunque no es algo que yo eche en falta en este caso. Él por contra, Victoriano, es tremendamente servicial, poniendo todo su esmero en lo que hace. Muy serio, eso si. Cuando ve que la primera capa del jamón tiene un poco de mal color por la oxidación, te la quita por su propia iniciativa. Si le pides que te corte las lonchas finitas, tiene la pericia de dejarlas transparentes pero sin que se rompan. Y cuando se asegura de que ya no quieres nada más, envuelve y etiqueta finalmente cada cosa con cuidado. Todo con esa pinta suya tan característica, ya que es un tipo bajito, de unos cuarenta tacos largos, con indefectiblemente su gorra bicolor gastadilla puesta de medio “lao” –desconcertante hasta que te acostumbras- y ese traje blanco tipo enfermero que cubre holgadamente su generoso contorno. Entrañable el hombre.

Y así uno va contento al mostrador cuando está él, seguro de que hará bien su tarea. De la misma forma que uno se siente bien, cada vez que se encuentra con una de tantas personas que se preocupan de hacer bien su trabajo, sea este el que fuera. Sin tener que preocuparse de “a ver por donde me la van a intentar colar” y pasar el trago de terminar discutiendo a cada paso.

¡Gracias Victoriano! El bocata de la merienda hoy a tu salud.

8 de febrero de 2008

Cosas de aquí

El pasado lunes, en el transcurso de la gala de los premios Max de las artes escénicas, escuché algo interesante e inquietante al mismo tiempo. Si no entendí mal, parte del texto era de Machado y venía a decir que “en España no se dialoga porque no se pregunta”, añadiendo, con mucha gracia, que “casi todo el mundo quiere estar de vuelta cuando ni siquiera ha ido…” No pasaron más que unas pocas horas, para encontrarme de frente con ejemplos del asunto. El lugar no ha sido de los habituales, ya que se desarrolló sudando en una sauna a 70 grados, pero como ese cubículo de madera es pequeño y compartido por varias personas extrañas cada vez, no es difícil que surjan conversaciones… o algo que se acerque a eso.

Todo comenzó cuando desde las cristaleras frontales, se observaba secar el agua que se acumulaba alrededor de la piscina, a una trabajadora con la camiseta de “socorrista”. Una de las acaloradas acompañantes –por el calor, es de suponer- comentó que era la misma chica que daba pilates no se que día. A eso otra mujer que estaba en frente, apuntilló que le parecía muy bien que los empleados hicieran de todo, sin que le faltara tiempo al hombre con generosa barriga situado en el banco superior, para afirmar con severidad que efectivamente, y que quien no trabajaba en este país es porque no quiere; que a él tampoco le apetecía ir por las mañanas a su trabajo… Así ocurrió como se lo estoy contando. Sin anestesia ni´na. Eso además de cuestionar entreveladamente el papel de la chica como monitora de pilates, por la “rotunda razón” de que hablaba suave –no compatible con la actividad, se ve- y porque “encima” llevaba poco tiempo en el centro –esto es, los galones cuentan lo suyo- Claro que a decir verdad se les veía “coherentes” a los y las susodichas, porque practicaban ese tono de voz que tanto se nos cuestiona fuera de nuestras fronteras, en un espacio de 2x2 compartido con otras personas ajenas. Es decir que molestaba el volumen de sus “comentarios”, compendio de críticas, cotilleos, prejuicios y demás cosas feas.

¿Y dónde están las preguntas? Interrogantes como: ¿Es bueno que la socorrista al limpiar, pierda la visión de la piscina durante un tiempo? ¿Si está contratada como técnica deportiva, limpiar es parte de sus funciones? ¿Lo hace porque se presta, porque la toca o porque la obligan? ¿Es bueno para el empleo en general y las personas en particular que uno o una haga el trabajo de dos, tres o de muchos más?... Habría tantas cosas interesantes a preguntar para analizar esta y otras cuestiones. Pero no, preguntas ya les puedo asegurar que no hubo ni una sola en ese rato. Nos quedamos en la obviedad de que en España hay ahora trabajo, cuando están viniendo cientos de miles de inmigrantes por tal razón evidente, dejando a un lado nuevamente preguntas importantes como: ¿Se está velando por unas condiciones de trabajo dignas y de acuerdo a la legalidad en muchos casos; tipo de contrato, categoría del trabajador, cualificación requerida, tareas asignadas, seguridad laboral, duración y conciliación de las jornadas, etc. etc.?

Va a ser que como decía Machado, preguntar no se pregunta mucho, así que no se si lo que hacemos es realmente dialogar…

26 de diciembre de 2007

El viaje de nunca acabar.

No pensé que sacar unos billetes de tren pudiera ser tan complicado, por no decir tormentoso, pero me equivoqué una vez más al confiar en que las cosas se organizan por lo general bien. Juzguen ustedes mismos y no pierdan detalle aunque sea larga la cosa. Todo empieza con el anuncio a bombo y platillo por parte de RENFE, de que “han mejorado” su portal de Internet para facilitar más servicios, incluida la compra de billetes con grandes descuentos. Estupendo, pensé. Ya había tenido alguna mala experiencia en la estación, con alguno de sus pseudo-funcionarios que no cumple ni una sola de las habilidades que requiere su puesto, así que creí que no volvería a tener que soportarlo.

Al meterme en la página a primera vista me resulto sencilla. Fui animado a picar de inicio en el apartado de nuevos descuentos y este ni se inmutó. Mal empezábamos. Sin perder la confianza traté de enlazar con el apartado de venta de billetes y ahí lo que apareció, desconcertantemente, fue información sobre tipos de descuentos, pero sin posibilidad de elegir nada porque nada era enlace. El remate de la jugada estaba en un extremo, avisando de que es necesario tener instalada una última versión de algo en el ordenador para ver correctamente la página. Y yo pensé “si mi ordenador que es bastante nuevo no lo ve, ¿quien lo puede ver entonces?”. ¿Y por qué tengo que descargarme nada si luego es fácil que de problemas? Finalmente, y ya mosqueado, intento ver por lo menos si hay horarios que me interesen; a partir del 8 de diciembre no figuraban trenes con mi destino –una capital de provincia-

Me armo de paciencia y me voy a “información” de la propia estación. Allí una señora a través de un cristal blindado, me suelta dos o tres ironías contra su empresa cuando le cuento que la página no va bien. Dice, muy molesta, estar igual de desinformada que yo y me da un 902 -teléfono barato como bien saben- a ver si ahí me pueden decir algo. Yo ya empiezo a alucinar. Llamo, que remedio, al dichoso número y ahí me cuentan todo panchos que por un lado tengo que desactivar los mecanismos de seguridad del ordenador, y por otro que las bases de datos no están actualizadas y tardarán unas semanas –esto en Navidades, con lo fácil que es quedarte sin billete como no seas previsor- Con todo conseguí comprar solo un ticket de los cuatro necesarios, no sin antes pasar toda otra odisea con un nuevo sistema de seguridad que emplea el maldito servicio. La cosa consiste en verificar tu identidad entre la empresa y el banco, poniéndose en contacto contigo a través del móvil. No digo que no este bien, pero tienes que darte de alta, conseguir el enésimo PIN de tu vida y todo así de repente y por sorpresa. Tampoco la del banco se enteraba un carajo ciertamente. ¡¡ Brrrrr !!

Ante la imposibilidad de conseguir todos mis billetes autónomamente, me acerqué una vez más a la estación para comprarlos como "to´la vida" y sin descuento. Por supuesto allí estaba el vendedor citado, tratando mal a todo el que se sentaba enfrente suyo. Tras 30 minutos de larga espera llegó mi turno, con el intento de colarse por parte de un tipo pese haber numeritos. La “suerte” definitivamente no estaba de mi lado. Esta vez me atendió un novato, pero muy, muy novato. Se equivocó sin exagerar 10 ó 12 veces con sonrisa nerviosa, y si no es por la ayudante que había a su espalda, no consigo el segundo de los cuatro billetes ansiados. Ahora resultaba que la venta de determinados pasajes es solo y exclusivamente 15 días antes, aunque para decírtelo incomprensiblemente te tienen que pasar la tarjeta de crédito. Me toca volver unos días más tarde cuando cumplía ese “extraño” y reducido plazo. El expendedor en esta nueva ocasión, un señor orondo y extrovertido, me dice para mi perplejidad que no le sale en el ordenador y que lo de los 15 días es “la teoría”, en la practica 14 o 13…

¿Saben cual es uno de los eslóganes de RENFE ahora?: Vamos al futuro ¿Subes? Y yo pienso que no se si están de broma.

6 de diciembre de 2007

Las dos caras de la misma monserga.

Soy de la opinión de que en general, es bueno tener múltiples y variadas experiencias en la vida. De esa forma el enriquecimiento que se va adquiriendo, es todo un bagaje que te va haciendo entender muchas cosas, al tiempo que se puede ir aplicando en innumerables y a veces sorprendentes situaciones. Tal vez por eso me ha llamado tanto la atención, protagonizar algunas escenas muy dispares. Verán a que me refiero:

En una ocasión, como otras muchas, por cuestiones laborales tuve la oportunidad de ir a un centro educativo en calidad de ponente; entre otras cosas disfrutaba impartiendo seminarios de prevención. Este centro en cuestión era concertado, y en cuanto aparecí por allí más o menos arreglado -que no disfrazado- con el ordenador portátil al hombro y el “buenas tardes, soy el encargado de la charla tal…” el bedel llamo raudo a la directora y en un instante allí que apareció. “Don Julio acompáñeme al salón de actos”, “esperamos que esté todo de su gusto”, “si necesita cualquier cosa…” Todo al tiempo que llegaban los asistentes muy atentos y me ponían la botellita de agua con su vaso, mientras yo preparaba mi chiringuito para la exposición. A la conclusión de la misma aplausos, algunos elogios y corrillos de gente preguntándome cordialmente montones de cosas.

Ete aquí que un tiempo después volví a aquel centro. Personalmente había decidido dar un giro a mi ocupación laboral y mientras tanto trabajaba en una distribuidora de libros. Mismo protagonista y mismo escenario, solo que ahora ya no iba moderadamente arreglado y mi indumentaria era básicamente la del clásico currito. Además en lugar del portátil, empujaba un carro con una buena pila de voluminosas cajas. “Buenos días, venía a traer estos libros”. Al bedel esta vez le costo correr la puertezuela de cristal y su semblante no era muy agradable precisamente. “Espere un momento” me espetó. El “ratito” duró casi 20 minutos a pie quieto, mientras veía pasar gente por delante de mi que literalmente me ignoraba. Finalmente, unas cuantas escaleras para facilitar la tarea con el peso y un adiós seco de despedida.

Ha habido más en esta línea. Como cuando el Servicio Público de Empleo me hizo una entrevista técnica y complicada de casi una hora, con nada menos que 7 miembros en el tribunal para finalmente darme el trabajo de orientador laboral. Unos cuantos meses después terminó el contrato, habiendo cumplido por mi parte lo que ellos llaman “objetivos asignados” y que se traduce en atender a cientos de personas lo mejor posible... Pues bien, al poco tiempo el mismo Servicio de Empleo se puso en contacto conmigo por medio de una carta. Me comunicaban que tenía que asistir para recibir yo orientación “al otro lado de la mesa”, citando de paso algunos artículos amenazadores de la legalidad vigente. Y allí me veis hablando frente a alguien que habría hecho la misma entrevista pertinente, para demostrar los conocimientos y aptitudes necesarios que yo, por alguna razón desconocida, ya no debía tener para ellos.

Me dirán que no son curiosas algunas cosas que pasan...

23 de octubre de 2007

¿Cuando nos convertimos en adultos?

¿Tal vez cuando un niño o una niña se dirige por primera vez como “oiga señor o señora...”? ¿O es el tener un trabajo más o menos estable lo que otorga esa condición? ¿Acaso es la independencia económica? ¿La emancipación a una vivienda que no sea la de tu papá y/o mamá? ¿Quizás es algo más trivial y se alcanza en el momento que uno es capaz y se atreve hacer cosas como viajar solo? ¿Será cuando se consigue mantener una relación de pareja duradera que llegue incluso a la convivencia? ¿Tomar decisiones importantes es la clave? ¿Pensar por uno mismo? ¿Manejar tu propia vida sin la influencia directa o indirecta de los demás?

Esperar. ¿Puede ser que sea tener un hijo como dicen? ¿Al afrontar grandes problemas o retos? ¿Cuándo no huyes de tus propias equivocaciones, reconociéndolas y afrontándolas? ¿Llegará el cambio cuando te arriesgas en la vida? ¿Podría ser que la voz de aviso sea que empieza a costar hacer nuevos amigos o amigas? ¿O que los que tienes empiezan a cambiar, resultando a veces difíciles de reconocer?

¿Y si el síntoma es tan simple como que te molestan las aglomeraciones, la música fuerte y el humo de los bares? ¿Que la resaca dure todo el día de después y no unas pocas horas? ¿Tener que plantearse que puede hacer uno con su tiempo libre? ¿Es al dejar de jugar o de reír frecuentemente? ¿Pasará cuando uno empieza a tener mucho estrés y apenas ese tiempo libre?...

No se. No parece que esté clara la cosa. ¿Se tiene que dar todo eso al tiempo? ¿Y entonces quien es adulto?...

28 de mayo de 2007

¿Se habla de política?

Como todos sabemos, eso espero, ayer se celebraron elecciones municipales y autonómicas en España menos en 4 Comunidades. Es de suponer que días atrás, la gente hablaría de política en diferentes contextos, aunque son muchos los que dicen que de un tiempo a esta parte, charlar sobre esas cuestiones se ha venido a complicar, por el enrocamiento en el que se va cayendo por parte de las diferentes ideologías, o más bien por quienes las profesan; es decir, hay dificultades para dialogar y no caer en el insulto, el descrédito o el dialogo de besugos acalorados a voces…

Bien, pues comentado esto, ahí va la anécdota reflexiva. ¿Cómo es posible que en un centro del ayuntamiento de una importante ciudad del País, el día después de las elecciones, nadie y digo nadie (ni técnicos, conserjes, administrativos, etc.) comentara las elecciones? Bueno, pues para decir la verdad, alguien si que analizo lo ocurrido en las urnas por iniciativa propia y con diferentes opiniones: los discapacitados intelectuales que tienen allí su taller diario.

Y yo me pregunto ¿Es saludable algo así?