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| Imagen: Basil Arteomov |
12 de diciembre de 2012
Apantallados
21 de junio de 2012
Estupenda sonrisa
Lindas, relucientes, simpáticas, divertidas.
Lo hago porque me sale.
Así no más; simple vitalidad encendida.
Recuperando viejos motes,
acompañando momentos al día.
Es la juerga de lo cotidiano,
gestos en dosis complacida.
Si me miras yo te invito.
Cuando lo hago me maravillas.
Ven, no te lo pienses,
únete a esta guisa.
Bocado a la manzana jugosa,
dale que no está prohibida.
7 de diciembre de 2011
Encontrándose
Aquella incertidumbre previa, se diluyo de forma natural apenas pocos segundos después. Mientras salían de la ciudad, una charla distendida y reconocible ya para ambos, fue configurando un ambiente que se mostraba muy agradable. Entre risas y anécdotas de sus vidas, surgieron también los primeros silencios; nada tan placentero entonces como encontrarlos sin sensación de incomodidad. Y así, relajadamente, las horas rodaron con tranquilidad por la autovía, saboreando el gusto de poder compartir ese tiempo y ese espacio hasta llegar a su destino.
Fuente: Ayuntamiento de Ramales de la Vitoria
Tras varios paseos a ninguna parte, conocieron quienes serían sus “peculiares” anfitriones. Algunas preguntas, mapas diversos y ese desconcierto percibido que, por alguna razón, resultaba extrañamente simpático. A veces sus miradas quisieron encontrarse, buscando la complicidad de quienes todo les resultaba tan ajeno como disparatado. Sería la mañana siguiente la encargada de disipar algunas de sus dudas de tipo más práctico: Pudieron entonces, cual era su deseo, colgarse de aquella pared de sensaciones novedosas; caminaron después, durante algunas horas, por el bosque de los duendes invisibles; e incluso tuvieron oportunidad de extraviarse, en un corto pero intenso momento, por aquel camino que jugaba al despiste con quien osaba adentrase sin ser lugareño.
Tal vez, casi al tiempo que se perdían, aquella incipiente amistad apenas se daba cuenta de que ellos comenzaban a encontrarse…
18 de septiembre de 2011
Rituales y no tanto
Hoy tenía previsto cocinar, encontrar ese momento grato que es trocear cebolla, rehogar unas verduras frescas y esperar que la nueva receta sepa a algo rico. La música, esas ondas que modulan los estados de ánimo, invitaron esta vez al optimismo. De toda esa mezcla nacieron unas albóndigas a la jardinera. No sé como sabrán, pero el olor apuntaba maneras.
Ya inmersos en la actividad provechosa, me puse a arreglar por fin aquella lampara, empeñada en fundir incomprensiblemente todo tipo de bombillas a lo largo de los últimos años. Visité la ferretería que hay frente a mi casa, y me agencie algunos objetos con idea de ayudar a una buena amiga. Daría así rienda suelta a eso que tanto me fascina; hacer pequeños inventos -tan artesanales como baratos- que vienen a solucionar molestos problemas cotidianos. Si le facilito las cosas a alguien que aprecio, el gusto es doble.
Y es que la vida se llena a veces de estos pequeños pero gratos momentos.
22 de diciembre de 2008
Guerra de sexos
Me giré un par de veces más esperando tal vez un imposible, tal vez no; uno o varios de los chavales pasándose al otro bando por compensar, por solidaridad, por lo que fuese, que se yo… Pero por supuesto no ocurrió y mientras seguía caminando bajo ese manto blanco, fui dándole vueltas a la razón verdadera de que ocurran así las cosas.
10 de septiembre de 2008
Complicarse... o no
Ya van unas cuantas veces que escucho a alguien decir, cuando se habla de cine, que él o ella pasan de ir a ver películas de esas que hagan pensar; que ya bastantes desgracias tiene la vida, dicen, para ir a pasar un mal rato y comerse la cabeza. Por eso, supongo, el cine llamado de entretenimiento, vacío desde mi punto de vista y a menudo simplón –pese a unos efectos especiales de millones de dólares- arrasa en las taquillas, descargas en la red y en menor medida y directa relación alquiler de pelis en un videoclub, a tenor de los que han ido cerrando en el último año y la cara rara de la gente cuando digo que aún alquilo largometrajes. Aunque ese es otro tema y no conviene mezclar.A lo que voy es que es cierto. Si uno ve con frecuencia determinadas historias en la gran pantalla, elige algunos programas cuando hace zaping, lee cierto tipo de publicaciones o revisa determinados sitios en Internet, por poner algunos ejemplos, complicarte sí te complicas un pelín. Puede pasar que sin proponértelo te acuestes pensando en el funcionamiento de la economía de mercado, te descubras al pasear encontrando ejemplos de globalización, surgiendo dudas en tu cabecita sobre en que condiciones laborales se habrá hecho esa ganga made in que ibas a comprar, o preguntándote por si es muy ecológico tal o cual gesto cotidiano catalogado como de los que proporcionan calidad de vida...
Luego, como decían los Celtas Cortos, todo es ponerse. Le vas mezclando unas dosis de los rudimentarios conocimientos de historia que uno pueda tener, lo aderezas con lo que vas descubriendo de las distintas ideologías políticas, intentas desenmarañar la influencia que las religiones han tenido y tienen en tantas cosas, reflexionas sobre la evolución de muchos acontecimientos y porqué se está donde se está respecto a cada lugar geográfico, cada tema... Te da por analizar los pros y contras del sistema democrático, el capitalismo, el neoliberalismo y todos sus secuaces, al tiempo que lo comparas con otras posibles formas de gobierno, otras utopías tal vez, mientras sufres, te avergüenzas, sientes frustración y eres cada vez más consciente de lo jodida y maquiavélicamente interrelacionado que esta todo.
Y algo me rechina en ese no querer pensar como punto de partida permanente…
12 de marzo de 2008
Menuda historieta
aparece en mitad del asfalto algo que se parecía a un corderillo. Y digo se parecía, porque mientras daba el volantazo para no atropellarlo no entendía bien que había visto. Unos metros después frenazo en la oscura cuneta, luces de emergencia, frontal en la cabeza y pasos nerviosos en dirección a lo que se movía. Increíblemente eso era; un desvalido borreguín sentado en la línea discontinua y ajeno a todos los peligros que le rodeaban. Parecía que estaba parido pocas horas antes por su aspecto sucio y la lana medio pegada al cuerpo, al tiempo que supuse que estaba sentado ahí porque el alquitrán le transmitía algo de calor en medio de la helada.Como en cuanto me acerqué se puso a balar de manera desgarradora, era imposible no hacer nada, aunque lo complicado fue decidir qué. En principio iba con la simple idea de llevarlo al prado lindante con la carretera, pero al instante me di cuenta de que con la que caía, volvería por si mismo a la trampa de calor que era la calzada. Como no sabía que hacer, lo cogí con cuidado para meterlo en los asientos traseros del coche, y mientras caminaba con él tembloroso entre los brazos, pensé que lo mismo estaba herido, atropellado… Mi aturullamiento iba creciendo. Sin ninguna idea muy clara, volvimos para el pueblo desierto a esas horas de la madrugada, mientras el pobre bicho a trompicones balaba una y otra vez a nuestra espalda; daba una penilla tan pequeñín y asustado...
Ya en mitad de la aldea, vimos una zona con columpios cercada para los “peques”. Pensamos que ahí no estaría tan en peligro hasta que a la mañana siguiente lo viese alguien pero claro, fue ponerlo allí con el frío que pelaba, viéndole andar torpemente emitiendo ese sonido desesperado y atrayendo a los fornidos gatos merodeadores, que el cuajo lejos de aplacarse fue en claro aumento… Al darse cuenta de la situación, la buena gente con quien habíamos pasado la tarde decidió llevárselo a su taller. Allí estuvo protegido de las inclemencias del tiempo, tomó leche con un biberón artesanal y el tierno animal pasó la noche tan ricamente. En la mañana contactaron con los pastores de la zona, resultando que efectivamente una oveja del rebaño había parido ese día dos lechales mientras pastaba, siendo uno de ellos el extraviado protagonista de esta historia.
Menos mal que podré seguir contando ovejitas sin provocarme insomnio.
10 de noviembre de 2007
Maravillosa tecnología.
Mi móvil, por ejemplo, si no lo dejas un tiempo inconcreto para que “despierte” cuando lo enciendes, se bloquea todo su software y ya tiene uno el tinglado montado. Otra reciente es la programación sincronizada -EPG- que ofrece la Televisión Digital Terrestre –TDT-. Muy útil cuando va, pero muy frustrante cuando falla que es frecuentemente. Y encima los técnicos vía correo electrónico te dicen “no tenemos constancia de que ocurra nada señor”. Ya no digamos las odiseas que te puede hacer pasar un ordenador. El otro día porque me di cuenta que el antivirus no se actualizaba correctamente, empezó la mandanga de desinstala esto, que comparte archivos con aquello e interfiere con eso otro. Un horror.
Y así mil y una. Si hay tormenta se desconfigura la mini-estación meteorológica. Si se va la luz pierdes las memorias del despertador, vídeo, microondas y otros electrodomésticos. El CD grabado aquí no va allá por vaya usted a saber que razón. Este DVD no lee las imágenes en formato JPG. El nombre que pones a las canciones con el programa tal no lo interpreta el MP3, etc, etc, etc. Con cada una de estas “cositas”, te pasas un buen rato leyendo instrucciones –no se cuantos de esos libritos tendré en casa-, devanándote los sesos para dar con la tecla correcta, cuando no te toca gastar dinero.
¿De verdad será más cómodo todo esto?...
30 de octubre de 2007
Las bicicletas son para muchas cosas.
Por lo que informan y se ve por la calle, ha sido un éxito de uso en sus primeras semanas de funcionamiento. 6540 personas de diferentes edades y diferentes otras cosas también, han estado rodando por la ciudad para su disfrute y el de quien les vemos, tanto desde la acera como desde otra bici. La imagen de una ciudad con bicicletas pienso que es agradable por muchas cuestiones. Eso aprendí cuando viví y viajé durante un tiempo por el centro y norte de Europa; más silencio, menos contaminación, una actividad física económica y sana, además de esos semblantes serenos y contentos de quienes se desplazan así de aquí para allá. Le dan a las ciudades ese bello aspecto entre bohemio y tranquilo.
Pero esta cuestión también tiene sus sombras. Las tiene y me duele el haber vaticinado muchas de ellas por lo previsible del asunto. Por ejemplo que dejar las bicis en la calle era un error porque las iban a destrozar - 734 reparaciones en un mes, muchas de ellas no causadas por el normal uso- O que habría que ver si no las robaban -8 desaparecidas en 30 días-. También me imaginaba que iban a suscitar la queja de “los otros” -numerosos usuarios van por las aceras y molestan a los peatones-. Al tiempo muchos ciclistas circulan, para cabreo de los conductores, sin respetar de manera elemental las señales viales, aunque estos, los conductores, se cabrean aquí fácilmente simplemente porque haya bicis en “sus” calles. Pero ese es otro tema…
Quizás sea cuestión de tiempo, el que se normalice y aprenda bien a usar por parte de tod@s este nuevo pero viejo medio de transporte aquí. De momento se demandan más bicis, retrovisores en ellas, más puntos de préstamo… y todo eso indica que hay ganas. Quedémonos con eso o fundamentalmente con eso, sin obviar lo que hay detrás de todo lo demás.
23 de octubre de 2007
¿Cuando nos convertimos en adultos?
Esperar. ¿Puede ser que sea tener un hijo como dicen? ¿Al afrontar grandes problemas o retos? ¿Cuándo no huyes de tus propias equivocaciones, reconociéndolas y afrontándolas? ¿Llegará el cambio cuando te arriesgas en la vida? ¿Podría ser que la voz de aviso sea que empieza a costar hacer nuevos amigos o amigas? ¿O que los que tienes empiezan a cambiar, resultando a veces difíciles de reconocer?
¿Y si el síntoma es tan simple como que te molestan las aglomeraciones, la música fuerte y el humo de los bares? ¿Que la resaca dure todo el día de después y no unas pocas horas? ¿Tener que plantearse que puede hacer uno con su tiempo libre? ¿Es al dejar de jugar o de reír frecuentemente? ¿Pasará cuando uno empieza a tener mucho estrés y apenas ese tiempo libre?...
No se. No parece que esté clara la cosa. ¿Se tiene que dar todo eso al tiempo? ¿Y entonces quien es adulto?...
5 de octubre de 2007
Parejas silenciosas
Un buen amigo, ex-compañero de trabajo y perro viejo de la vida, sostiene sin vacilar que en una relación sentimental todo lo que hay que decir se hace en los primeros años. A partir de ahí las conversaciones son redundantes y lo mejor es apelar al silencio. Yo, que a menudo debatía y debato cosas con él, no comprendo del todo como se puede funcionar bien con tu pareja limitando tanto la comunicación. Porque otra cosa diferente es que estilo le da cada uno al asunto: humorístico, filosófico, laboral, familiar, quehaceres cotidianos, cotilleos varios, análisis intelectuales, culturales... e incluso alguna que otra discusión, claro. Para eso ya están los gustos o inercias de cada cual, aunque un poquito de variedad es lo recomendable. Eso pienso.
Me vienen a la cabeza algunas estrofas que cantaban El Ultimo de la Fila en el tema Cuando el mar te tenga: “Si lo que vas a decir, no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir (…)”. Creo que ellos lo situaban en otros contextos; aquellos en donde sobran verdaderamente las palabras. Que los hay. ¿Lo es comiendo uno en frente del otro durante cerca de una hora, en donde todo se limita apenas a que pedimos, pásame el pan y nos vamos?...
10 de agosto de 2007
Sobre el fenómeno Tuning.
Lo primero que caracteriza a este colectivo es ser tremendamente materialista. Solo así se puede entender que empeñen gran parte de su dinero con fuertes cantidades, en algo tan efímero como la estética de un coche. Además tienen una confusión mental importante, porque piensan ser los más modernos del lugar, practicando algo que empezó en los 50 y salía en películas de los años 70-80. Otra cosa curiosa es que todo su afán es hacer de su coche algo “original”, sin darse cuenta que toda su originalidad, se mueve en unos pocos cambios previamente ya marcados: Que si la pintura es de color estridente, que si la pongo mate que ya es lo más, las llantas unas tallas mas grandes y bien relucientes, cosas de aluminio por aquí o por allá, enormes alerones, lucecitas de neón, modificación de focos y retrovisores, unas cuantas pegatinas diferentes que dejen claro que yo soy malo-malísima, además de los mal llamados símbolos tribales, etc… ¡Ah! perdón, se me olvidaba lo mas “excepcional” de todo; las lunas tintadas para ocultar su amplio universo, es decir, como me drogo, oigo ritmos y/o follo…
A todo eso vienen a juntarse otras cosas que ya no solo hablan de su galopante pobreza cultural y mental, sino que nos traspasa a los demás en forma de molestia cuando no peligro. Hablo de lo habitual que es ver a uno de estos coches “tan molones” conducidos de manera agresiva y egoísta, poniendo en riesgo o incómodos al resto de conductores; ya saben, descerebrado/a a una mano y zigzagueando de forma compulsiva. Hablo de su contaminación acústica a cualquier hora del día o de la noche, bien con sus tubos de escape modificados, bien con ese ruido primario que llaman música, sin tener en cuenta donde estén o que hora sea. Hablo de lo frecuente que es verlos mal aparcados, así como marcando su reinado de la estupidez. Hablo de la alta conexión tuning y consumo de drogas, mientras los demás tenemos que conducir a su lado. Hablo de lo sexista del asunto a tenor de las revistas o programas especializados. Hablo de lo poco enriquecedor y desfasado que es todo esto, al tiempo de lo que deja entrever a nivel social.
26 de junio de 2007
La nostalgia de los recuerdos
Aquella gente, la que se juntaba “religiosamente” cada domingo a las nueve de la mañana en pantalón corto, lloviera, nevara o cayese una helada de mil demonios, era gente de otra época. Humilde, aguerrida; buscadores de un destino que no les sonreía fácilmente. Y allí en medio de aquel pinar, decidieron muchos años atrás que podían poner un par de travesaño entre cuatro pinos y hacer de ese lugar, su referencia para un grupo de infatigables currantes, algún sesentón con ilusión y unos pocos chavales hijos o primos de unos u otros. Todo en un ambiente sanote, sencillo. Con unas botas de fútbol desvencijadas, camisetas desgastadas y las ganas de pasar una mañana en compañía haciendo deporte al aire libre.
Quise volver a ver aquel lugar que no visitaba desde hace bastantes años, pero por allí habían hecho algún tipo de remodelación o “plan de mejora”: Un merendero con pinta de usarse para poco más que botellón y como consecuencia salpicado de basura. Había cambiado algo, pero tampoco tanto porque los pinos seguían ahí; verdadera identidad del lugar. Y allí me veis intentando orientarme y descubrir en la extensa maleza crecida, cual era aquel nostálgico campo de juego ya sin ese aspecto. Aparecieron entre todos, dos pinos que parecían recordarme por su situación y forma, una de aquellas improvisadas porterías. Cuando tras un tiempo de minuciosa observación, descubrí un gran clavo oxidado y camuflado a la altura del larguero ya inexistente, una sonrisa interior y melancólica me hizo pensar que nadie se podría nunca imaginar, todo lo que encerraba esa discreta punta corroída.
7 de junio de 2007
Algunos niños leen.
Se acerca el verano y aunque este es un país con fama de no destacar por número de lectores (así lo reflejan las últimas estadísticas que lo corroboran), el otro día me encontré esta grata sorpresa en el jardín de la parcela de casa. Si, es un adolescente que lee ávidamente, mostrando el mismo o más entretenimiento que cuando sus congéneres están dando balonazos a una pared (cuando no es un cristal), tirando bolsitas de chucherías al suelo o insultándose a voz en grito (¿que no los oirán y verán sus papas y mamas como lo hago yo, me pregunto?).En definitiva, como podréis comprender, esta escena me parece más enriquecedora para todos…



