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18 de junio de 2013

Sintiendo

Viajando por un mundo íntimo y apasionado,
miro por el crisol de una original belleza.
En cada detalle, en cada acontecer del otro,
la cotidianidad se torna a veces sensual;
algo más plena.

Camino descubriéndome,
como en un gesto,
esperando en calma la sencillez de los momentos.
El abrazo silencioso de esa sonrisa.

Aire en los días que recorren los sentidos.

De Albero Varela en flickr

Y me dejo acompañar de su naturaleza pasajera.
La enigmática impermanencia;
este transcurrir de todo.
Una libertad sin miedo para llenarse de afectos.
Esa invitación, si acaso, a la emoción intensa.

12 de diciembre de 2012

Apantallados

Imagen: Basil Arteomov
Sonidos y silencios incitando emociones,
apenas melodías que modulan la calma.
Ondas viajeras con acuse de recibo,
pulsado de mundos sostenido en las manos.  
Y te sorprenden, se presentan;
ilusionados algunos, generando dialogo.
Acústico espacio de limitadas letras,
palabras adornadas, en susurros de paso.
La vida en tempo de diminutos “ringnes”.
Esperanzas, sensaciones, en sí convidados.
Un mundo a través de esos sentidos.
Imágenes escritas para eternos lapsos.
Son los dedos galopando en simples cuadrículas,
te acarician, desesperan; quizá por colapso.
Hay un preludio reflectando continuos ensueños;
lo que ocurre, nos acontece. Aquello que va traspasando.

21 de junio de 2012

Estupenda sonrisa

  Imagen: Jmacias

Hoy garabateo sonrisas.
Lindas, relucientes, simpáticas, divertidas.
Lo hago porque me sale.
Así no más; simple vitalidad encendida.
Recuperando viejos motes,
acompañando momentos al día.
Es la juerga de lo cotidiano,
gestos en dosis complacida.
Si me miras yo te invito.
Cuando lo hago me maravillas.
Ven, no te lo pienses,
únete a esta guisa.
Bocado a la manzana jugosa,
  dale que no está prohibida.


19 de junio de 2012

Desde varias miradas

Conocido o desconocido,
la inconsciencia viaja con muchos de nuestros andares.
Hay, tal vez, caminos sin encuentros, curvas para el derrapaje.
Solo tu serenidad;
la mía, la suya, la de nosotros,
otorga el cálido y fortuito halo.
Un estado anhelado en el trasiego de esperanzas.
Persecución en una vida construida de andamiajes.

Propongo, digo, manifiesto,
desde el remanso efímero del oasis hallado.
Las certezas quizá existen,
en lo ingrávido de aquellos deseos.
Fuerza desmedida ante los cerrados ojos,
que es creer, saber, empujar...
la parte de un destino azaroso,
transitado con arrojo en nuestras manos.

25 de febrero de 2012

Hacia unos pasos

El tiempo nos lleva.
A veces en silencio
la vida ocurre.

Y un ruido aparece,
y otra música suena.
Corre una brisa que sabe
de presentimientos desconocidos.

15 de agosto de 2011

Parafraseando al maestro.

Compañeros del mundo,
tomando en cuenta los últimos sucesos
en la poesía, quisiera preguntar;
me urge.
¿Qué tipo de actitud debo procurar para ser,
alguien que ama la vida sin pensar en sentimental?
lejos de la derrota,
y eminente panfleto.
¿Cómo hago si el alma
no sabe,
no siente,
desenamorarse de ti?

Canción original de Silvio Rodríguez



8 de febrero de 2011

Aquello que va ocurriendo

A veces pasa que los tiempos parecen no encontrarse. Cuando un tren llega el otro parte, y ocurre como en aquellas películas en las que los protagonistas no consiguen reencontrarse. Es entonces cuando uno se queda con la eterna duda de que hubiera ocurrido...

Lo que llamamos azar es una conjunción de cosas que pasan y de las cuales no conocemos su origen; aunque lo tiene claro. Solo que es imposible saber como va a interaccionar todo, en un universo lleno de matices, circunstancias y cientos de miles de vidas cruzadas. Unas pocas tan solo son necesarias para que nos demos cuenta de la falsa sensación que es el pensar que uno controla su destino.

Imágen: cl a ra maría inés

4 de agosto de 2010

Aprender a desaprender

Estudiando en la universidad, recuerdo haberme encontrado con este concepto por primera vez entre tantos otros. Fue de aquellos que releí varias veces en el texto y pensé durante algún rato. Quien sabe qué oportunidad perdí en aquel instante. Como con otras cosas, pese al interés creo que no comprendí en ese momento la transcendencia que tal idea puede llegar a tener, incluso después de trabajar posteriormente con sus posibilidades.

En estos días, una de las personas que me ayuda a sanear mi ser, me ha contado ese descubrimiento que es ahora mí propia “mochila”; esa que todos llevamos a nuestras espaldas y en la que de forma a veces consciente, muchas otras veces no, vamos introduciendo a lo largo de los años toda serie de aprendizajes, hábitos y reacciones diversas. Ya se sabe; la familia, el entorno, nuestras propias experiencias vitales... Es difícil llegar a saber cuando algo pasa a estar dentro de ella, pero de tanto llevarla a nuestras espaldas, terminamos en muchos casos por dejar de prestarla atención. Va ahí, para bien y para mal, siempre con nosotros.

Un día, tras algún suceso normalmente doloroso, nos damos cuenta que es necesario parar y revisar todos sus bolsillos. Es como si nos extrañáramos de repente con su peso y su molesta presencia. Dejas por un tiempo de utilizar sus “objetos” sin apenas pensar, como tantas otras veces hiciste, y te paras a observar con detenimiento lo que ella contiene. Te preguntas entonces cómo habrán llegado hasta allí algunas de esas “cosas”, al tiempo que cuestionas si te hace bien recorrer camino con ellas a cuestas. Afortunadamente escarbando también aparecen elementos valiosos, ocultos y olvidados en el fondo de nuestro equipaje; son aquellos que fuiste dejando de usar y ya no encontrabas fácilmente.

Yo he localizado en estos días algunas cosas en mi mochila de las que quiero desprenderme. Prescindir de ellas por el daño y el peso inútil al que me someten. De algunos de esos trastos ya me habían intentado hablar en otras ocasiones desde el cariño, solo que al abrir la cremallera de mi mochila pronto encontraba aquel antifaz oscuro e inmovilizante o los tapones colocados en mis oídos...

Aprender a desamprender; desechar todo lo que no valga más que para amargarte y hacer infeliz a quien te acompaña. Volver a enfocar la vida de otra manera; de la otra manera posible con lo que esa mochila también contiene y todo lo que puede llegar a tener. Ese es el reto por conseguir.

16 de octubre de 2008

Una de esas Palabras

Escuché hace algunas semanas una de las muchas aportaciones interesantes que nos dejó el pensador Ortega y Gasset, y como ando en deuda con Lenitita por algo del universo bloguero conocido como “meme” -invitándome a escribir sobre valores- aprovecharé para cumplir con mí cometido aunque sea un poco a mí manera… La cita que salió a relucir del sabio profesor, fue que según él “la distancia más próxima entre dos corazones no se encuentra en el amor” -como casi todos tenderíamos a pensar de inicio- “sino en la lealtad…”.

Y uno se pone a pensar y te das cuenta de que puede que efectivamente sea así. Dejando a un lado los prejuicios que pueda sugerir dicho vocablo y que seguramente han hecho que pierda vigencia, o se vincule en exclusiva a determinados ámbitos no del todo apreciados, cuando se analiza lo que verdaderamente más valoramos en nuestra relación con el otro, si que parece surgir con fuerza dicha cualidad: La lealtad. No entendida esta como alguien que nos da siempre la razón, nos adula continuamente con o sin motivo, o cosas que caminen por sendas semejantes. Ser leal va en otra dirección. Tiene que ver con cumplir el compromiso adquirido libremente con la persona, funcionar en esa relación en base a la verdad, queriendo estar ahí también en los errores, sabiendo perdonar sin que eso implique callar. Tal vez no todo de forma absoluta, claro, pero si una parte sustancialmente generosa.

Si uno piensa en su familia, en las amistades o en su pareja, no es difícil identificar que lo que hace avanzar y fortalecer cada una de esas relaciones, tiene mucho que ver con esa cuestión de la lealtad que nos apuntaba el filósofo.

4 de marzo de 2008

“ ¡Es que tengo mucho carácter! ”

Habrán oído esta expresión a más de una persona. Yo al menos unas pocas de veces. Normalmente se justifica con dicha frase los exabruptos o desaires hacía los demás, sin plantear alguna inquietud personal tal auto-engaño. Lo es, ya que si bien todos nacemos con una cierta predisposición a funcionar de una manera más o menos impulsiva –los expertos llaman temperamento a esta base biológica preestablecida del comportamiento- no es cierto en absoluto que ante esa tendencia solo cabe dejarse llevar, haciendo y diciendo lo primero que le pida a uno el cuerpo. Es de ese error de donde parte el cómodo y simplista argumento de “es que soy de esa forma de ser y no lo puedo evitar; tienes que aceptarme tal y como soy” Así, con el imperativo por delante. Esto mismo los y las más refinadas lo camufla en frases como “lo que pasa es que mi forma de hablar es muy vehemente”… Y perdón pero no.

Como en tantas otras cosas en relación a las personas, la educación da explicaciones y respuestas a multitud de cuestiones relacionadas con nuestro comportamiento. Si bien no con todas de forma absoluta, incluso en cuestiones de tipo innato la educación puede jugar un papel muy importante cuando hablamos de aprender a convivir. A lo que voy es que si una persona es desagradable, agresiva, muy competitiva o intolerante en sus reacciones, por poner solo algunos ejemplos clásicos relacionados con el “yo es que soy así”, lo que verdaderamente significa tales reacciones son aspectos como dificultad personal en la gestión de las emociones (rabia, nervios, frustración, etc.) poca habilidad para defender ideas y/o derechos sin vulnerar los del otro (lo que los técnicos llaman asertividad) o la puesta en marcha de inadecuados mecanismos de compensación-defensa en relación a las debilidades que cada cual tiene (ante la inseguridad, por ejemplo, se puede optar por vocear, ridiculizar, aislar… o bien por escuchar, preguntar, reformular...)

Casi todo lo que hacemos y decimos tiene mucho de hábito adquirido por medios muy diversos. Es así como se va configurando nuestro carácter a lo largo del tiempo, teniendo este por tanto un fuerte componente aprendido y cultural, que va modulando el temperamento con el que nacemos. El compendio (artículo extenso) da como resultado nuestra personalidad. Es solo que hay dos posturas ante eso: Por un lado el conjunto de personas que se esfuerzan paulatinamente en ir mejorando sus comportamientos; es decir seguir aprendiendo para llegar a lograr sus objetivos sin dañar a otras personas. Y por otro, un segundo grupo estancado en una forma tan habituada de reaccionar, que o bien no se la cuestionan porque piensan que es la forma acertada –ignorando como hace sentir a los demás- o bien no están dispuestos a cambiar por el importante esfuerzo que eso les conllevaría, además de no querer renunciar al grado de poder que eso les da. Pero lo cierto es que si verdaderamente se está concienciado, se puede aprender poco a poco a funcionar de manera diferente en prácticamente cualquier área de la vida y a cualquier edad. Por eso los y las del “es que yo soy así”, no nos pueden intentar seguir haciendo creer –ni a ellos mismos tampoco- que hay que aceptar sin más esa parte de su mala-educación, adornándola de una medida en positivo inexistente: No se tiene “mucho” o “poco” carácter, simplemente se desarrollan o no determinados rasgos en base a como vamos afrontando las situaciones.

La pelota está por lo tanto en su tejado, pero pueden bajarla de ahí… Si quieren, claro.

23 de octubre de 2007

¿Cuando nos convertimos en adultos?

¿Tal vez cuando un niño o una niña se dirige por primera vez como “oiga señor o señora...”? ¿O es el tener un trabajo más o menos estable lo que otorga esa condición? ¿Acaso es la independencia económica? ¿La emancipación a una vivienda que no sea la de tu papá y/o mamá? ¿Quizás es algo más trivial y se alcanza en el momento que uno es capaz y se atreve hacer cosas como viajar solo? ¿Será cuando se consigue mantener una relación de pareja duradera que llegue incluso a la convivencia? ¿Tomar decisiones importantes es la clave? ¿Pensar por uno mismo? ¿Manejar tu propia vida sin la influencia directa o indirecta de los demás?

Esperar. ¿Puede ser que sea tener un hijo como dicen? ¿Al afrontar grandes problemas o retos? ¿Cuándo no huyes de tus propias equivocaciones, reconociéndolas y afrontándolas? ¿Llegará el cambio cuando te arriesgas en la vida? ¿Podría ser que la voz de aviso sea que empieza a costar hacer nuevos amigos o amigas? ¿O que los que tienes empiezan a cambiar, resultando a veces difíciles de reconocer?

¿Y si el síntoma es tan simple como que te molestan las aglomeraciones, la música fuerte y el humo de los bares? ¿Que la resaca dure todo el día de después y no unas pocas horas? ¿Tener que plantearse que puede hacer uno con su tiempo libre? ¿Es al dejar de jugar o de reír frecuentemente? ¿Pasará cuando uno empieza a tener mucho estrés y apenas ese tiempo libre?...

No se. No parece que esté clara la cosa. ¿Se tiene que dar todo eso al tiempo? ¿Y entonces quien es adulto?...

5 de octubre de 2007

Parejas silenciosas

No es que sea del todo habitual verlas, pero tampoco es tan extraño al mismo tiempo. Me refiero a esas parejas que uno se encuentra en espacios públicos sin dirigirse la palabra durante larguísimos ratos. Cuando los veo en un restaurante, es donde más me impresiona dicha conducta. Resulta inquietante ver a dos personas en un espacio donde la comunicación es parte importante del momento, comportándose como si él o la otra no estuviese; como sin saber que decir. Hace poco observé a una de estas parejas en el Peine de los Vientos de Eduardo Chillida; cada uno con su cámara de fotos, ausente uno del otro aparentemente… El caso es que están en múltiples lugares.

Un buen amigo, ex-compañero de trabajo y perro viejo de la vida, sostiene sin vacilar que en una relación sentimental todo lo que hay que decir se hace en los primeros años. A partir de ahí las conversaciones son redundantes y lo mejor es apelar al silencio. Yo, que a menudo debatía y debato cosas con él, no comprendo del todo como se puede funcionar bien con tu pareja limitando tanto la comunicación. Porque otra cosa diferente es que estilo le da cada uno al asunto: humorístico, filosófico, laboral, familiar, quehaceres cotidianos, cotilleos varios, análisis intelectuales, culturales... e incluso alguna que otra discusión, claro. Para eso ya están los gustos o inercias de cada cual, aunque un poquito de variedad es lo recomendable. Eso pienso.

Me vienen a la cabeza algunas estrofas que cantaban El Ultimo de la Fila en el tema Cuando el mar te tenga: “Si lo que vas a decir, no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir (…)”. Creo que ellos lo situaban en otros contextos; aquellos en donde sobran verdaderamente las palabras. Que los hay. ¿Lo es comiendo uno en frente del otro durante cerca de una hora, en donde todo se limita apenas a que pedimos, pásame el pan y nos vamos?...