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15 de abril de 2013

Cancionero de cumpleaños

Salió de pronto un comino,
gracioso y pueril chiquitino,
correteando por ahí sibilino,
apuesto a que la mar de feliz.
 
Mientras aquel adulto miraba,
sin comprender qué pasaba,
increpole porque de suyo tardaba,
para insulsos quehaceres barniz.
 
Fui así su silencioso juguete,
en el transcurrir del efímero brete,
que el brío del infante acomete,
llevándole por simple desliz.
 
Imagen pública en pixabay
Y pensé como aquel lampiño,
entre las cadaunadas de un niño,
a un tris del fugaz brinquiño,
atesorando para mí su matiz.

20 de noviembre de 2012

¿Cómo está usted?

Autor: Sekshun9
Inspirados en tu gesto de cómico,
tal vez la magia inunde la mía.
Tardes de pan y chocolate,
estela en diminuto proseguida.
Y gritar una, dos y tres veces,
mantra de felicidad insistida.
Veo ropajes de color rojo,
bromas, muecas, y aroma de risa.
Nuestra infancia te pertenece en parte.
Su candidez impregna hoy la mía.
Hasta siempre a usted; bondad recreada.
Lugar amable de las personas sencillas.

26 de julio de 2012

Lucas

Los viajes guardan siempre sorpresas variadas, y Eslovenia tenía preparadas unas cuantas de colores diversos. Lucas, en las últimas horas del vuelo de regreso, fue una de las que me provocan en ocasiones este martilleo arrítmico de las teclas con los dedos.

Imagen: MiRt@
Hay algo de conocido en la parafernalia previa a tomar un avión, cuando los números pasan al olvido de cuantos se fueron tomando. Y sin embargo esta vez en Zurich, la aproximación atascada hacia el asiento asignado, sorprendió de inicio al descubrir a ese diminuto ser rubio mirando abstraído por el ventanuco. Durante los primeros minutos, las conjeturas iban desde que sus familiares andarían en las filas cercanas, al asombro de que nadie se diera la vuelta para mirarle o decirle algo. Él mientras tanto, permanecía absorto en su observación con un silencio introvertido. “Lucas viaja solo” nos dijo una de las sonrientes azafatas poco antes de despegar, por si en un momento pudiera necesitar algo a sus cinco años. Y la expectación creció al mismo tiempo que la ternura ya despertada hacía rato.

En la maniobra de despegue, se le oía canturrear como quien se tranquiliza a sí mismo, por lo que poco a poco, y con la precaución de no agobiarle, fuimos preguntándole alguna cosilla que le hiciera sentirse acompañado, regalándonos progresivamente la confianza que los niños suelen otorgar con rapidez, a quienes entran en su mundo con naturalidad y respeto. Con su especial forma de hablar, comenzó a contarnos sus cosas; la sonrisa de satisfacción al decir que llevaba la maleta de su mama, que quien le esperaba en el aeropuerto eran sus abuelos para irse al mar levantino, que no era la primera vez que volaba aunque si solo porque ya podía hacerlo... Lucas hablaba con el personal de vuelo en alemán y con nosotros en español, pero lo más sorprendente era verle gestionar sus tiempos y sus cosas de manera discreta y concienzuda. Ahora repaso el papel de seguridad en el avión, ahora elijo el bocadillo que me gusta, ahora leo un poco este cuento, ahora necesito ir al servicio… Y claro, como cualquiera que le gusta compartir su viaje, nos avisaba con entusiasmo para ver los paisajes, hablaba del sentimiento de "poquito miedo" que le daban los meneos y sensaciones del aterrizaje, o nos informaba de las precauciones a tomar en caso de tener que usar el chaleco salvavidas.

Imagen: Fausto II
Creo que ya nos tenía conquistados a muchos de su alrededor, mucho antes de que de manera autosuficiente se prepararse para salir del avión. Era chocante verle buscar el cinto de seguridad primero, y la mochila con sus cosas después, para tras un coscorrón para alcanzar la chaquetilla del suelo, darse cuenta del simpático lío: "¡anda! pero si tengo la mochila puesta y se queda debajo de la cazadora, así no es...” Finalmente resuelto el entuerto, se colgó los prismáticos como el explorador que ya apunta ser, para esperar pacientemente todo el proceso de aterrizaje. Y así nos quedamos un ratito con él para que no se sintiera solo, hasta que todo el pasaje abandono ese vuelo que no fue como otros, y la responsable estuviera lista para acompañar a quien ya siempre permanecerá en nuestro recuerdo.

En la cinta del equipaje, mientras esperaba en primera fila el tesoro que era para él la maleta de su madre, y les contaba a sus yayos que con nosotros había hablado mucho, se despidió con esa sonrisilla que te enciende sentimientos tan hermosos.

21 de junio de 2012

Estupenda sonrisa

  Imagen: Jmacias

Hoy garabateo sonrisas.
Lindas, relucientes, simpáticas, divertidas.
Lo hago porque me sale.
Así no más; simple vitalidad encendida.
Recuperando viejos motes,
acompañando momentos al día.
Es la juerga de lo cotidiano,
gestos en dosis complacida.
Si me miras yo te invito.
Cuando lo hago me maravillas.
Ven, no te lo pienses,
únete a esta guisa.
Bocado a la manzana jugosa,
  dale que no está prohibida.


28 de agosto de 2010

Esos abracitos

Hay un pequeño ser que tiene conquistado mi maltrecho corazón. Últimamente cuando le miro, parece que estuviera viéndome en uno de aquellos vídeos en formato super-8 donde quedaron grabados lejanos momentos de mi infancia. Su recibimiento al verme es siempre con una simpática y sentida sonrisa, imposibilitando en ese momento cualquier tristeza que uno pueda albergar... Me cuentan ademas que cuando pasa en su cochecito por la puerta del edificio donde vivo, ve o escucha algo relacionado conmigo, él que apenas balbucea unas pocas palabras de momento, dice un gracioso “tste-te tste-te” mientras refrota sus gorditos dedos por alguna enigmática razón.

Hace pocos días estuve jugando con él a las afueras de la ciudad. Era muy curioso verle tan pequeñín plantado a un lado de una pista, observando todo serio el partido de unos adolescentes que andaban por allí. Supongo que eso de observar también está en los genes... De repente con ese bamboleo de pañal tan gracioso, se echaba a correr sin soltarse de su inseparable pelota, entremezclándose con ellos y queriendo jugar como uno más. Porque entre su inconsciencia e intrépido temperamento, todo lo que le rodea es ahora un gran y continuo juego...

Cuando a su padre se le ocurrió encaramarlo a la parte alta de un tobogán del que recelaban sus otros congéneres, algo especial estaba a punto de suceder. Sin pensárselo dos veces, y con la sonrisa que acompaña la excitación de las nuevas sensaciones, no dudó un instante en impulsarse y dejarse caer sin ninguna ayuda. Era divertido verlo disfrutar tanto en su gran aventura. Para mi sorpresa cuando llegaba al final de cada descenso donde yo le esperaba, decidió abrazarme con una ternura difícil de describir. Y así nos quedábamos los dos unos segundo con cada salto; él recuperando la tranquilidad hasta que decidía encaminarse de nuevo a la escalerilla, yo lleno de felicidad con su cuerpecito entre mis brazos, ese olor de bebe tan dulce y sintiendo su respiración agitada con su cabecita apoyada en mi cuello... sintiéndome un poco más lleno de vida gracias a él.

7 de junio de 2009

Esa rabia con miedo

Estaba en 7º u 8º de la antigua Educación Básica y harto de que el grupo de chulitos congéneres se metieran conmigo. Supongo que era esa mezcla atípica de funcionar bien en clase, caerle en general bien a los demás y tener éxito con las chicas; no ser el clásico empollón gafotas, vamos. La cosa es que un buen día en la hora del recreo, me canse de sus intimidaciones, risas y amenazas, así que le dije a un compañero que me sujetase el bocadillo, me gire al que había sido mi amigo unos años atrás y le espeté aquello de “¿tú de que vas…?” Cuando rodeado de los suyos empezó la cantinela de burlas y recibí el primer empujón, una sensación difícil de explicar hizo que le volara literalmente por los aires, para después inmovilizarle con algo de lo que había aprendido ese año con el judo. Recuerdo el corrillo de medio colegio jaleando mientras le tenia allí acogotado y la extrañeza de los profes que vinieron al rescate respecto de quien era “el agresor”… Primera y última vez que me he pegado hasta la fecha, y por si alguien se lo está preguntando, a partir de ese momento el grupo de pequeños mafiosos nunca volvió a "tocarme las narices"…

Cuando el otro día por Segovia presencie aquella escena, la cabeza ciertamente me jugo una mala pasada. Tres adolescentes, tan macarras como gilipollas ellos, se les veía con ganas de fastidiar al personal, así que al primer comentario del niño que pasaba por allí con unos años menos, decidieron hacerle pasar el mal rato. Viéndolo me atrapó esa atenazadora mezcla de ira y miedo, intentando de forma confusa buscar al poli que nunca está para asustar a los cretinos. Mi cobardía o sensatez, vete a saber, hizo que el pobre chico tuviera que aguantar las mamarrachadas durante un buen rato, hasta que la excursión a la que pertenecía decidió que se movía de sitio… Y yo me quedé un buen rato tratando de serenar unas ganas locas de partirles la cara a esos tres y digerir al tiempo un miedo que no me gustaba reconocer ni sentir.

22 de diciembre de 2008

Guerra de sexos

Cuando hace unos días caminaba sobre la nieve caída por la ciudad en la que vivo, además de muchas instantáneas evocadoramente diferentes a la cotidianidad, apareció también otra. Atravesaba un parque por el simple gusto de percibir los copos con todos los sentidos, cuando el barullo y el griterío de gente menuda hicieron que me girase. La escena a priori no tendría nada de excepcional; un grupo de niños y niñas jugaban desaforados a tirarse bolas de nieve. Sin embargo, algo de ese momento no resultaba gracioso o divertido. Los dos grupos de “combate” se habían compuesto de la siguiente forma: 10 niños contra 3 niñas. Tendrían alrededor de 9 años y resultaba desagradable ver como el numeroso grupo de muchachos rodeaba, voceaba y hacía retroceder a trompicones a las chicas.

Me giré un par de veces más esperando tal vez un imposible, tal vez no; uno o varios de los chavales pasándose al otro bando por compensar, por solidaridad, por lo que fuese, que se yo… Pero por supuesto no ocurrió y mientras seguía caminando bajo ese manto blanco, fui dándole vueltas a la razón verdadera de que ocurran así las cosas.

20 de agosto de 2008

Entre muchas historias...

La primera vez que me fijé en él, andaba despacio mientras lloraba bajo un sol de justicia, al tiempo que un adulto con cara de capullo le gritaba desde la distancia. El pequeño debía tener alrededor de los cuatro años y la piel de su delgado cuerpo era color tostado. Llamaba la atención que caminase descalzo por la ciudad y sin camiseta, ya que por vestimenta llevaba tan solo un pantalón verde lleno de manchas. Y así me quedé con el cuajo…

A la mañana siguiente, algo ocurrió en el aula móvil donde he estado "alejado" todo este tiempo, enseñando algunas cosas y aprendiendo otras. Un policía municipal que había venido con su hijo, se dio cuenta de que les habían robado la bici que dejaron fuera. Poco tiempo después, vino contando muy ufano que fue directo a una zona donde se asientan los rumanos y que un chavalín que la tenía salio corriendo asustado al verle. La persona que trabajaba conmigo, me comentó que él ya había tenido que echarle la bronca a ese niño a primera hora, por estar cogiendo cosas a otros usuarios. Nuestro público se sonreía de forma para mi extraña y decía “¡hay que ver!”…

Con esto a primera hora de la tarde apareció de nuevo el protagonista de esta historia. Me senté a su lado e intenté explicarle despacio que si iba cogiendo cosas que no son suyas, no le iban a dejar estar en muchos sitios. Se puso entre serio y triste asintiendo con la cabeza. Luego pensé en toda la historia que habría detrás de ese niño, e intenté cambiar de registro enseñándole cosas entretenidas en el ordenador. Era gracioso porque cuando algo le gustaba, una simpática sonrisa iluminaba su cara y la pequeña mano hacía por quitarme el ratón. Así pasamos toda la tarde juntos hasta que llegó el momento de recoger. A nuestro amigo todo parecía llamarle la atención, así que estuvo en primera fila observando con ojos avispados el proceso sin perder detalle, pasándoselo pipa cuando le cogí de la mano y le deje apretar los botones del mecanismo hidráulico que teníamos como ascensor; menudas risas los dos allí subiendo y bajando.

Cuando todo estuvo recogido, silenciosamente me siguió un tramo hasta donde estaba el coche. Le choqué la mano, le dije que me había gustado mucho conocerle, y mientras nos decíamos adiós arranqué con un angustioso nudo en la garganta.

4 de agosto de 2007

Por la profesora de gimnasia de Gisela Pulido.

Resulta que la niña (Gisela Pulido) tiene 13 años y es cuádruple campeona del mundo de una de esas nuevas disciplinas deportivas –Kite Surf- La acabo de ver en el telediario, dándoselas de cierta importancia y diciendo con sus gafotas Nike ante la cámara “que ya se ha hecho respetar en el circuito mundial”. Claro, para que no quede ninguna duda de lo normalizado de su vida, en el informativo les ha faltado tiempo para decir que combina la competición con sus estudios. Además sin bajar de notable, excepto curiosamente según sus palabras (y aquí viene lo mejor) en educación física que “la pusieron” solo un bien.

La niña en cuestión (con el apoyo del realizador o realizadora) se ha encargado de mandar por televisión un mensaje irónico a su profesora de tal área, dedicándola un saludo repletito de inquina y reivindicando su estatus deportivo. Pero no conformes con tal recital de apoyo al profesorado y el sistema escolar, las dos presentadoras del informativo de fin de semana de TVE 1, una de ellas supuestamente experta en deporte, al terminar el vídeo de la niñita han coincidido con sonrisas que vaya con la profesora de educación física; “que tendría que ir poniéndose las pilas…” La profesora, por supuesto.

Y yo me hago preguntas de esas mías: ¿Acaso ser muy bueno sumando significa que dominas las matemáticas? ¿O tal vez conjugar bien algunos verbos es clara muestra de que el lenguaje para ti no tiene secretos? Bueno, pues algo así es de lo que nos informan nuestras grandes periodistas en este caso, además de obviar los criterios que llevarían a la profe en cuestión a decidir esa nota: Capacidad de esfuerzo, progresión a lo largo del año, rendimiento en diferentes ejercicios, actitud en clase, etc. ¿O es que todo esto no tiene importancia por ser campeona del mundo?

12 de junio de 2007

El poder de la imitación.

La pista deportiva que hay justo debajo de mi casa, es un medidor casi infalible del deporte de actualidad que echan por la televisión. O, mejor dicho, de los triunfos españoles que echan por la televisión. Cuando hay Champions League, los peques juegan desaforados al fútbol. En los pasados Mundiales de Baloncesto, utilizaron las habitualmente abandonadas canastas. Los fines de semana que hay Gran Premio de Formula 1 ó de motos, se inventan carreras con las bicis y monopatines. Ahora que ha sido el Roland Garros, la cancha se ha convertido en improvisada pista de tenis. Es curiosísimo este comportamiento, al tiempo que conocido por todos...

Por eso (dando un triple salto mortal con el paralelismo) me resulta tan interesante y bueno el vídeo que han hecho en Australia, para prevenir y concienciar del origen de ciertas conductas. Aquí os lo dejo por si no lo conocéis.

7 de junio de 2007

Algunos niños leen.

Se acerca el verano y aunque este es un país con fama de no destacar por número de lectores (así lo reflejan las últimas estadísticas que lo corroboran), el otro día me encontré esta grata sorpresa en el jardín de la parcela de casa. Si, es un adolescente que lee ávidamente, mostrando el mismo o más entretenimiento que cuando sus congéneres están dando balonazos a una pared (cuando no es un cristal), tirando bolsitas de chucherías al suelo o insultándose a voz en grito (¿que no los oirán y verán sus papas y mamas como lo hago yo, me pregunto?).

En definitiva, como podréis comprender, esta escena me parece más enriquecedora para todos…