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30 de enero de 2012

La senda robada

Supongo que a algún asesor de la confusión, se le debió ocurrir que la palabra ayudaría a acomodar no sé aún qué concepto. Por razones inconclusas, su belleza fue a toparse con el ruin discurso vacío, y así no la dejan discurrir ahora entre verdes parajes o caudalosos ríos.



La senda ha sido expropiada a base de excavadoras oficiales y bulldozer de lujo, para contar, sin decir nada, que “las difíciles medidas ayudaran sin duda a volver a la senda del crecimiento económico”… Como si a ella la hubiese interesado alguna vez semejante cosa.

7 de diciembre de 2011

Encontrándose

Subieron al coche con apenas unas horas de conversación entre ellos, y las vibraciones que a veces un sexto sentido, o la suma de los otros cinco, dan para embarcarse en un viaje a dos cuasi-desconocidos. Por delante, el proyecto ilusionado de una primera experiencia conjunta; tenía pinta de fin de semana interesante, así que solo hizo falta el empujón del atrevimiento por parte de ambos. Su destino elegido el del “espacio común” de la montaña. Aquel encontrado entre algunas cervezas nocturnas, a modo de inicial referencia en la que quisieron confiar.

Aquella incertidumbre previa, se diluyo de forma natural apenas pocos segundos después. Mientras salían de la ciudad, una charla distendida y reconocible ya para ambos, fue configurando un ambiente que se mostraba muy agradable. Entre risas y anécdotas de sus vidas, surgieron también los primeros silencios; nada tan placentero entonces como encontrarlos sin sensación de incomodidad. Y así, relajadamente, las horas rodaron con tranquilidad por la autovía, saboreando el gusto de poder compartir ese tiempo y ese espacio hasta llegar a su destino.

Fuente: Ayuntamiento de Ramales de la Vitoria

Tras varios paseos a ninguna parte, conocieron quienes serían sus “peculiares” anfitriones. Algunas preguntas, mapas diversos y ese desconcierto percibido que, por alguna razón, resultaba extrañamente simpático. A veces sus miradas quisieron encontrarse, buscando la complicidad de quienes todo les resultaba tan ajeno como disparatado. Sería la mañana siguiente la encargada de disipar algunas de sus dudas de tipo más práctico: Pudieron entonces, cual era su deseo, colgarse de aquella pared de sensaciones novedosas; caminaron después, durante algunas horas, por el bosque de los duendes invisibles; e incluso tuvieron oportunidad de extraviarse, en un corto pero intenso momento, por aquel camino que jugaba al despiste con quien osaba adentrase sin ser lugareño.

Tal vez, casi al tiempo que se perdían, aquella incipiente amistad apenas se daba cuenta de que ellos comenzaban a encontrarse…

26 de enero de 2009

Con dos burras

En medio de todas las grandes noticias de las últimas semanas, a mi me ha encantado y atrapado la publicada en él 20 minutos con el titular “Burras para defenderse de los lobos”.

La cosa resumida es como sigue. Una productora de leche ecológica sufrió el ataque de los lobos recientemente, y en vez de tirarse por lo fácil e incoherente dada su filosofía; es decir cacerías, venenos y cosas del estilo, propias de otros cenutrios al amparo de las autoridades medioambientales, opto por indagar e informarse. Nada menos que en África, y en concreto en Namibia, dieron con la posible solución. Esta, sorprendentemente, es incorporar a los prados unas cuantas burras jóvenes. Si, si, han leído bien; burras. Por lo visto al ser equinos tienen un fuerte comportamiento grupal y defensivo, eso además del susto que debe ser ver a dichos animalicos dando coces a diestro y siniestro, mientras rebuznan de manera escandalosa “informando” a su estilo de que algo pasa. Por si fuera poco, como refuerzo y en la misma línea, también han decidido que troten por los pastizales en amor y compañía una perra loba y un mastín -mi trasero da fe de la fiereza de estos últimos, junto a un amigo que con los pantalones bajados por "asuntos propios", tuvo que correr despavorido por sus ladridos hasta refugiarse dentro de la tienda de campaña en las montañas asturianas-

¿No les parece genial la manera de resolver el asunto? Me refiero a lo de las burras y no a lo de mi amigo ;-)

18 de diciembre de 2008

Algunos orígenes

Es gratificante darse cuenta un buen día, que algunas de las cosas que te gustan, te producen bienestar o te atraen irremediablemente, tienen un modelo; una fuente de inspiración que aunque estaba ahí, a ti se te había pasado por alto o lo habías olvidado.

Al que suscribe le ocurre, de entre otras muchas cosas, con una serie televisiva: Doctor en Alaska. La descubrí hace ya algunos años en la “República Independiente de mi Cuarto” cuando vivía en la casa de mis padres; un cubículo de 2x2 metros cuadrados que sorprendía por su contenido a todo el que allí entraba. Entre lo mucho que increíblemente ese cuarto contenía, una balda esquinera sostenía un viejo televisor en blanco y negro. En ese rincón y de madrugada, es desde donde aparecían aquellas curiosas historias con sus peculiares personajes, en las que yo quedaba irremediablemente atrapado.

Recientemente he podido comprar las primeras temporadas de la serie. Viéndolas de nuevo, me he dado cuenta de muchas cosas; los paisajes, las conversaciones, el carácter de sus personajes… Hay un sin fin de guiños a las cosas que me interesan y producen atracción de forma inmediata. Y no, no soy tan incauto de pensar que la principal fuente de influencia hayan sido esos capítulos, siendo al mismo tiempo consciente de que algo ocurría en aquellos momentos. Pasada la media noche, mientras que un adolescente confundido veía y escuchaba atentamente esa ficción, se iba configurando en su cabecita una forma de analizar y vivir el mundo real, lleno de matices tan complejos como interesantes.

12 de marzo de 2008

Menuda historieta

Que mal trago, de verdad, aunque la cosa terminará con sonrisa. Como dice Reverte en algunos de sus artículos háganse cargo. Volvíamos de una plácida velada rural, con música folk en directo y agradable conversación un tanto introspectiva, cuando a altas horas de la gélida noche aparece en mitad del asfalto algo que se parecía a un corderillo. Y digo se parecía, porque mientras daba el volantazo para no atropellarlo no entendía bien que había visto. Unos metros después frenazo en la oscura cuneta, luces de emergencia, frontal en la cabeza y pasos nerviosos en dirección a lo que se movía. Increíblemente eso era; un desvalido borreguín sentado en la línea discontinua y ajeno a todos los peligros que le rodeaban. Parecía que estaba parido pocas horas antes por su aspecto sucio y la lana medio pegada al cuerpo, al tiempo que supuse que estaba sentado ahí porque el alquitrán le transmitía algo de calor en medio de la helada.

Como en cuanto me acerqué se puso a balar de manera desgarradora, era imposible no hacer nada, aunque lo complicado fue decidir qué. En principio iba con la simple idea de llevarlo al prado lindante con la carretera, pero al instante me di cuenta de que con la que caía, volvería por si mismo a la trampa de calor que era la calzada. Como no sabía que hacer, lo cogí con cuidado para meterlo en los asientos traseros del coche, y mientras caminaba con él tembloroso entre los brazos, pensé que lo mismo estaba herido, atropellado… Mi aturullamiento iba creciendo. Sin ninguna idea muy clara, volvimos para el pueblo desierto a esas horas de la madrugada, mientras el pobre bicho a trompicones balaba una y otra vez a nuestra espalda; daba una penilla tan pequeñín y asustado...

Ya en mitad de la aldea, vimos una zona con columpios cercada para los “peques”. Pensamos que ahí no estaría tan en peligro hasta que a la mañana siguiente lo viese alguien pero claro, fue ponerlo allí con el frío que pelaba, viéndole andar torpemente emitiendo ese sonido desesperado y atrayendo a los fornidos gatos merodeadores, que el cuajo lejos de aplacarse fue en claro aumento… Al darse cuenta de la situación, la buena gente con quien habíamos pasado la tarde decidió llevárselo a su taller. Allí estuvo protegido de las inclemencias del tiempo, tomó leche con un biberón artesanal y el tierno animal pasó la noche tan ricamente. En la mañana contactaron con los pastores de la zona, resultando que efectivamente una oveja del rebaño había parido ese día dos lechales mientras pastaba, siendo uno de ellos el extraviado protagonista de esta historia.

Menos mal que podré seguir contando ovejitas sin provocarme insomnio.

29 de enero de 2008

Historia truncada

Durante años se observaron en silencio. De manera sigilosa; sin llamar apenas la atención. Ella llego un tanto después que él y al poco de que decidieran su sitio, ya se llamaron la atención. Eran jóvenes y frágiles, mas supieron aguantar los malos tiempos e ir creciendo lentamente sin perderse de vista. Durante la primavera, era cuando de forma evidente se dejaban ver en todo su esplendor, haciendo alarde ambos de su inmensa belleza natural. Y poco a poco fueron acercándose; así como quien no quiere la cosa, aunque seguros de querer estar ahí en el momento preciso.

Tanto se habían atrevido y esforzado, que era cuestión de días el que surgiera por fin el encuentro deseado. Pasaban horas a muy pocos centímetros uno del otro, conscientes de ser lo suficientemente maduros para vivir y hacer lo que tanto ansiaban. Solo hacia falta un empujón, un golpe de viento certero…

Pero no paso; nunca llego a ser. Una mañana fría de invierno llegaron dos extraños con sus herramientas, podando sendos árboles y con ello sus ilusiones. Sus ramas a punto de enlazarse, volvieron a estar más separadas que nunca.