25 de octubre de 2007

Que bueno sería tener poderes.

Hoy os he visto de nuevo. Tendríais veintipocos e ibais en un flamante Golf comprado seguramente por vuestro papa o vuestra mama. Fanfarroneando de no se sabe bien que. Parasteis en el semáforo junto a mí y mirabais con enorme descaro. Los tres con sendas gafas Ray-Ban de esas que os dan aspecto de desagradables moscas. Todos con la sonrisa engreída de serie que os hace pensar que estáis por encima de los demás…

Entonces se acerco él. Con sus ropas sucias y roídas, rasgos de algún país del este y semblante de cansancio; de infinita y profunda tristeza. Portaba un cartel en el que pedía limosna en silencio. A distancia, sin querer incomodar demasiado. Con un paso esquivo por no detenerse demasiado ante otro no, otra indiferencia más en la mañana de un día que se adivinaba largo.

Y vosotros quisisteis darle lo peor y que tanto os sobra, como tantas otras cosas inútiles os pertenecen. No le mirasteis, pero vuestra sonrisa se convirtió a su paso en malévola; voluntariamente dañina. Incluso torno a carcajada socarrona cuando uno de los tres movió los labios, diciendo a saber que “ocurrente” desaire o “ingenioso” desprecio. Mientras aquel hombre seguía su caminar incierto…

Fuimos durante un tramo largo de la calle juntos. No se si de manera casual o siguiéndoos de manera inconsciente. El caso es que unos cientos de metros después, comenzó a sonar un ruido extraño. Vuestras luces de emergencia se encendieron, mientras os cruzabais torpemente de carril para parar a un lado. Por lo visto teníais una avería que sonaba francamente mal y en mi claxon iba un mensaje encriptado de “cuanto me alegro y ojalá que sea algo gordo, malas personas”.

23 de octubre de 2007

¿Cuando nos convertimos en adultos?

¿Tal vez cuando un niño o una niña se dirige por primera vez como “oiga señor o señora...”? ¿O es el tener un trabajo más o menos estable lo que otorga esa condición? ¿Acaso es la independencia económica? ¿La emancipación a una vivienda que no sea la de tu papá y/o mamá? ¿Quizás es algo más trivial y se alcanza en el momento que uno es capaz y se atreve hacer cosas como viajar solo? ¿Será cuando se consigue mantener una relación de pareja duradera que llegue incluso a la convivencia? ¿Tomar decisiones importantes es la clave? ¿Pensar por uno mismo? ¿Manejar tu propia vida sin la influencia directa o indirecta de los demás?

Esperar. ¿Puede ser que sea tener un hijo como dicen? ¿Al afrontar grandes problemas o retos? ¿Cuándo no huyes de tus propias equivocaciones, reconociéndolas y afrontándolas? ¿Llegará el cambio cuando te arriesgas en la vida? ¿Podría ser que la voz de aviso sea que empieza a costar hacer nuevos amigos o amigas? ¿O que los que tienes empiezan a cambiar, resultando a veces difíciles de reconocer?

¿Y si el síntoma es tan simple como que te molestan las aglomeraciones, la música fuerte y el humo de los bares? ¿Que la resaca dure todo el día de después y no unas pocas horas? ¿Tener que plantearse que puede hacer uno con su tiempo libre? ¿Es al dejar de jugar o de reír frecuentemente? ¿Pasará cuando uno empieza a tener mucho estrés y apenas ese tiempo libre?...

No se. No parece que esté clara la cosa. ¿Se tiene que dar todo eso al tiempo? ¿Y entonces quien es adulto?...

18 de octubre de 2007

Las casualidades no siempre lo son.

He visto el reciente programa de TVE “Tengo una pregunta para usted”. Ese en el que gente del pueblo, elegida con mecanismos estadísticos, pregunta cosas directamente a los políticos. Estuvieron los lideres de Izquierda Unida, Convergència i Unió y Esquerra Republicana de Catalunya. Ha sido interesante desde mi punto de vista. He escuchado ideas, reflexiones, debate, un discurso más fresco de lo habitual... Entre todas las personas que han participado, lógicamente se intuían diversidad de posturas y planteamientos tanto por sus interrogantes como las replicas. Hasta ahí nada de extrañar, es más, eso es lo deseable en democracia ¿no? Cada uno o una ha cuestionado según lo que pensaba a su interlocutor, comportándose de forma respetuosa.

Ha sido en el turno de Carod-Robira cuando ha pasado lo triste, lo lamentable. Dos personas, una hombre otra mujer, una joven y la otra no, una titubeante y la otra altiva, pero eso si, las dos con marcado ademán conservador y mira tu que cosas de Castilla y León (Valladolid para más INRI) han sido quienes de manera análoga han querido mostrar su desacuerdo con “lo catalán”, diciendo forzádamente el nombre de este representante traducido al castellano. Esto ha molestado al político, que les ha interpelado diciendo que él así no se llama y pidiéndoles abruptamente, también es cierto, que lo pronunciaran como es en realidad su verdadero nombre. Y es que resulta que en castellano, para quien no lo sepa, hay acuerdo de que no se traducen los nombres propios…

La “inteligente”, “culta” y “nada agresiva” contestación de dichas personas, fue decir que no “entienden” catalán, ni tienen ningún interés en “aprenderlo”. Ahí es nada… El vicepresidente de la Generalitat les ha dejado en evidencia con tres astutas preguntas: ¿Por qué dice usted entonces cualquier nombre de actor, político o deportista conocido en otro idioma que tiene traducción al castellano? ¿Y como es que necesita tanto tiempo para aprender a decir Josep Lluís y si sabe decir Schwarzenegger o Schroeder (excanciller alemán)? ¿Cómo quieren que estemos cómodos en España con esa actitud?

Y así, al margen de la ideología de cada cual, nos han enseñado gráficamente porque a cada uno le va como le va siendo quien es. Al fin y al cabo estoy de acuerdo con Arturo Pérez-Reverte en que las sociedades tienen los políticos que se merecen. Eso y que quien no sabe defender sus ideas con argumentos sólidos en democracia, solo sabe “tocar los cojones”… o “volarlos” si tiene ocasión.

5 de octubre de 2007

Parejas silenciosas

No es que sea del todo habitual verlas, pero tampoco es tan extraño al mismo tiempo. Me refiero a esas parejas que uno se encuentra en espacios públicos sin dirigirse la palabra durante larguísimos ratos. Cuando los veo en un restaurante, es donde más me impresiona dicha conducta. Resulta inquietante ver a dos personas en un espacio donde la comunicación es parte importante del momento, comportándose como si él o la otra no estuviese; como sin saber que decir. Hace poco observé a una de estas parejas en el Peine de los Vientos de Eduardo Chillida; cada uno con su cámara de fotos, ausente uno del otro aparentemente… El caso es que están en múltiples lugares.

Un buen amigo, ex-compañero de trabajo y perro viejo de la vida, sostiene sin vacilar que en una relación sentimental todo lo que hay que decir se hace en los primeros años. A partir de ahí las conversaciones son redundantes y lo mejor es apelar al silencio. Yo, que a menudo debatía y debato cosas con él, no comprendo del todo como se puede funcionar bien con tu pareja limitando tanto la comunicación. Porque otra cosa diferente es que estilo le da cada uno al asunto: humorístico, filosófico, laboral, familiar, quehaceres cotidianos, cotilleos varios, análisis intelectuales, culturales... e incluso alguna que otra discusión, claro. Para eso ya están los gustos o inercias de cada cual, aunque un poquito de variedad es lo recomendable. Eso pienso.

Me vienen a la cabeza algunas estrofas que cantaban El Ultimo de la Fila en el tema Cuando el mar te tenga: “Si lo que vas a decir, no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir (…)”. Creo que ellos lo situaban en otros contextos; aquellos en donde sobran verdaderamente las palabras. Que los hay. ¿Lo es comiendo uno en frente del otro durante cerca de una hora, en donde todo se limita apenas a que pedimos, pásame el pan y nos vamos?...

21 de septiembre de 2007

Reunión de vecinos.

Es un clásico entre los clásicos; prácticamente todo el mundo echa pestes cuando habla de las reuniones de vecinos. Yo cuando voy a ellas -que hasta ahora es casi siempre- no doy crédito a creer lo que oigo y veo. Es por eso que estoy intentando entender que hay detrás de lo que suele ocurrir. Ya saben; voces, falta de escucha, todo el mundo hablando al tiempo, malos modos, criticas al aire, egoísmo de cada uno con su problema, la frase de “yo no pongo un duro más” y toda la secuencia típica. Además, efectivamente, esas reuniones suelen ser eso, de vecinos en masculino. Las vecinas no suelen estar y mucho menos participar activamente. O no las dejan o no quieren participar en ese circo…

Pensando sobre el asunto he llegado a simples conclusiones. Por ejemplo que las reuniones de comunidad son el espacio donde la educación del personal se pone más a prueba. La escena estándar del ascensor o rellano con el “hola, hola, a que piso va, pues a tal, que malo hace, si, hasta luego, adiós” no es muy difícil, aunque ya algunos/as dan muestra de inquietantes carencias de habilidades sociales básicas –mirada, tono de voz, distancia, aseo, etc, etc…- Pero claro, llega la reunión de turno y ahí la cosa se complica: habría que dejar que terminen de hablar los demás, escuchar lo que se dice en silencio, plantear cosas coherentes, tener una visión solidaria y global, utilizar argumentos en lugar de insultos o ironías… en fin, cosas muy difíciles en general.

Y luego esta la otra parte. La de ponerse de acuerdo y decidir. Es decir que además de ser un espacio para poner a prueba la educación de la comunidad, lo es igualmente para evaluar nuestra actitud democrática. Y ahí aparece lo de “a mi lo que diga ese señor me da igual”, el ignorar al de la gotera, mezclar problemas, negarse a pagar, no confiar en el presidente, amenazar con impugnar lo votado por mayoría y todo eso. Eso además del ya mencionado tufillo machista que suele presidir el ambiente.

Va a ser que, sencillamente, en educación y democracia necesitamos mejorar.

16 de septiembre de 2007

Toro de la Vega

Recientemente tuve la mala fortuna de tener que trabajar unas semanas en Tordesillas. Sí, ese pueblo que demuestra cada año su inteligencia y buen hacer con el dichoso Toro de la Vega -perseguir y matar un toro a lanzazos-. También me he pasado varios días, viendo a muchos oriundos del lugar en los informativos de diversas cadenas; y ya esta bien de aguantar o permitir tanta bravuconería cerril.

El principal argumento de los que apoyan tal aberración allí –por lo visto la mayoría del pueblo- es que es una tradición que “viene celebrándose desde el mil quinientos y algo…” Dicha concreción en la fecha ya apunta de lo fornido del argumento, recordándome que en dicho pueblo casi nadie sabía cuando le pregunté, de la existencia de una biblioteca pública en su “extenso” pueblo –ya no digamos que está en la Casa del Tratado- por no hablar, por ejemplo, del increíble índice de abandono escolar prematuro que me encontré entre su población de 20 a 30 años, sin querer salir del pueblo y mucho menos de aprender algo que implicara un mínimo esfuerzo. Y así suma y sigue…

Pero es que además, recurrir a que algo lleva haciéndose mucho tiempo como única razón para blindarlo, es un argumento tan pobre y poco consistente, que si por él fuera la gente de los pueblos seguiría perteneciendo al noble o terrateniente de la zona, trabajando para él de sol a sol por algo de alimento y teniendo que callar si le apetecía trajinarse a su hija cuando le viniese en gana; “Como se ha hecho desde siempre”. También podríamos seguir quemando a la gente en la hoguera, o colgarla de un árbol sin juicios de por medio. Practicas todas ellas que comparten mucha fecha de antigüedad si de eso se trata.

Con todo, no espero que alguien aquí le eche pelotas u ovarios para prohibir por ley tal barbarie, junto a otras del estilo. Lo más probable es que, tristemente, tengamos que esperar a que Europa nos lo prohiba desde Bruselas y así, no tengamos que seguir soportando a uno de esos locales haciéndole la señal de cortarle el cuello a quien se manifiesta en contra, o al otro diciendo que hay que matar a quien lo quite, o al primo de este agrediendo a la periodista que quería grabar como preparaban al pobre toro elegido. Muy valientes son algunos de Tordesillas. Y como se ve muy listos también.