25 de febrero de 2012

Hacia unos pasos

El tiempo nos lleva.
A veces en silencio
la vida ocurre.

Y un ruido aparece,
y otra música suena.
Corre una brisa que sabe
de presentimientos desconocidos.

13 de febrero de 2012

Mujeres

Imagen: Rama kio oru

De espaldas llamó mi atención su trabajo. Con calmado esmero, aquella mujer proveniente desde algún lugar del altiplano andino, se esforzaba con cariño en atender y cuidar a quien vivía de forma diferente. A su corta edad, hablar y moverse se convirtió en su reto diario desde la silla articulada donde sonreía. No había nada menos de excepcional, en aquel momento del que iba haber sido un café más en la mañana; dos mujeres con vidas adivinadas de dureza, arropándose mutuamente con eso que la humanidad es capaz de aportar por encima de tantos prejuicios…

Horas después, en medio de ese rato animado que se vive en la cola de una frutería, y mientras las conversaciones en tono jocoso iban de un lado al otro del mostrador, la dependienta de apariencia ruda y formas en ocasiones amables, le dio por compartir cuestiones más personales sin pudor ni tapujos. Entre intimidades de naturaleza biológica, confesaba su recelo al despido por tratar de quedarse embarazada. Y decidiendo entre kilos de si esto o lo otro, me quedé admirando su valentía de frente. El arrojo de no sentirse achantada por un sistema que continua coartando por género, y el hastío de unos escrúpulos demasiado egoístas...

Poco antes de acostarme vino a sobrecogerme la penúltima de muchas historias. Su delito fue el de dar vida a otra mujer, en el territorio donde la barbarie ideológica las ha llevado al ostracismo del sin sentido. Y recordé aquellas palabras de quien tanto me enseñó; "la subyugación a menudo de las mujeres por la propia mujer". El marido que la estranguló por dar a luz una tercera niña, llevo a cabo el brutal asesinato con la ayuda de su madre...

30 de enero de 2012

La senda robada

Supongo que a algún asesor de la confusión, se le debió ocurrir que la palabra ayudaría a acomodar no sé aún qué concepto. Por razones inconclusas, su belleza fue a toparse con el ruin discurso vacío, y así no la dejan discurrir ahora entre verdes parajes o caudalosos ríos.



La senda ha sido expropiada a base de excavadoras oficiales y bulldozer de lujo, para contar, sin decir nada, que “las difíciles medidas ayudaran sin duda a volver a la senda del crecimiento económico”… Como si a ella la hubiese interesado alguna vez semejante cosa.

17 de diciembre de 2011

Gratitud

A veces ocurre. El tiempo hace re-colocar algunas sensaciones y sentimientos; otras no. Ayer pude recoger un buen puñado de cariño en las vertientes más diversas de sus depositarios; voluntarios, antiguos compañeros y compañeras, familiares ajenos, algunas personas a las que siento como amigos de los que uno apenas ve, y por supuesto aquellos con los derroché energía y ganas de ayudar como terapeuta, para que sus vidas caminaran de otra forma.

ABRAZO-1-BIS

Imagen: CICLOPE3

Abrazos alejados del compromiso, sonrisas sinceras, apretones de manos, caras de sorpresa agradable, y un gran número de gestos que devolvían lo sembrado durante aquellos años tan intensos, ya grabados para siempre en mi. Aparecieron recuerdos torpemente colocados en la memoria, las ganas de compartir más de forma confusa, y la certeza tranquilizadora de que las cosas, muy posiblemente, se hicieron relativamente bien.

De entre todos él. Con aspecto del Aute más seductor, apareció con su pareja en uno de tantos giros entre el gentío. Fueron muchas las horas de esfuerzo, desconcierto, de análisis y de tratar de descifrar juntos los misterios que nos hace ser quienes somos en nuestros errores. “Me acuerdo mucho de ti y de lo que hablamos” me dijo, mientras sentía su achuchón emocionado, en el retroceso fugaz a las vicisitudes y desesperaciones compartidas. El verle bien y sentirme parte de eso, es algo difícil de explicar; es ese agradecimiento mutuo.

7 de diciembre de 2011

Encontrándose

Subieron al coche con apenas unas horas de conversación entre ellos, y las vibraciones que a veces un sexto sentido, o la suma de los otros cinco, dan para embarcarse en un viaje a dos cuasi-desconocidos. Por delante, el proyecto ilusionado de una primera experiencia conjunta; tenía pinta de fin de semana interesante, así que solo hizo falta el empujón del atrevimiento por parte de ambos. Su destino elegido el del “espacio común” de la montaña. Aquel encontrado entre algunas cervezas nocturnas, a modo de inicial referencia en la que quisieron confiar.

Aquella incertidumbre previa, se diluyo de forma natural apenas pocos segundos después. Mientras salían de la ciudad, una charla distendida y reconocible ya para ambos, fue configurando un ambiente que se mostraba muy agradable. Entre risas y anécdotas de sus vidas, surgieron también los primeros silencios; nada tan placentero entonces como encontrarlos sin sensación de incomodidad. Y así, relajadamente, las horas rodaron con tranquilidad por la autovía, saboreando el gusto de poder compartir ese tiempo y ese espacio hasta llegar a su destino.

Fuente: Ayuntamiento de Ramales de la Vitoria

Tras varios paseos a ninguna parte, conocieron quienes serían sus “peculiares” anfitriones. Algunas preguntas, mapas diversos y ese desconcierto percibido que, por alguna razón, resultaba extrañamente simpático. A veces sus miradas quisieron encontrarse, buscando la complicidad de quienes todo les resultaba tan ajeno como disparatado. Sería la mañana siguiente la encargada de disipar algunas de sus dudas de tipo más práctico: Pudieron entonces, cual era su deseo, colgarse de aquella pared de sensaciones novedosas; caminaron después, durante algunas horas, por el bosque de los duendes invisibles; e incluso tuvieron oportunidad de extraviarse, en un corto pero intenso momento, por aquel camino que jugaba al despiste con quien osaba adentrase sin ser lugareño.

Tal vez, casi al tiempo que se perdían, aquella incipiente amistad apenas se daba cuenta de que ellos comenzaban a encontrarse…

25 de noviembre de 2011

Despertar

Eran pasadas las siete y media de la mañana, y la ciudad apareció envuelta en esa misteriosa niebla; la misma de la que, entre sensaciones agradables, hablaba pocas horas antes en un deseado encuentro. La humedad calaba en el cuerpo, invitando a un caminar apresurado para cruzar la calle y adentrarse en el local. No se piensa demasiado en esos momentos, y sin embargo las neuronas corrían esta vez a tropel por mi cabeza... Fue entonces cuando una cotidianidad que no era desde hacía ya tiempo, se vio aun más sorprendida en uno de tantos escenarios rutinarios.


Entre las oscuridades y hojarasca de aquella pequeña plaza, él yacía en un rincón del suelo. Sus haraposas mantas mostraban la dureza de otra noche a la intemperie, pulsando en mi esa no indiferencia al sufrimiento ajeno. Me sentí extraño, bloqueado; con otra clase de frío metido en cuerpo. Aquel desaliñado hombre comenzó cansado a recoger sus pocos enseres, mientras proclamaba al viento incomprensibles exabruptos. Miraba desde su recóndito pero publico rincón, con el descrédito y hastío de quien no puede creer ya en nada.